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Josemaría: la vergüenza, para pecar
Me metía debajo de la cama y no quería salir a la calle, tozudo, cuando me vestía el traje nuevo... Y mi madre, con un bastón de los que usaba mi padre, daba unos ligeros golpes en el suelo, delicadamenteDocumento

Cuéntanos el cuento
Debían efectivamente gustarle mucho los cuentos. Mencionó ante miles de personas, en Buenos Aires, que de pequeño se escapaba a la cocina: había allí dos cosas estupendas: una cocinera que se llamaba María, que era muy buena, que sabía siempre el mismo cuento, un cuento de ladrones simpáticos; y, además, había unas patatas fritas colosalesDocumento
Menos mi gazapito
A aquel niño un amigo de su familia le regaló un conejo pequeñito, vivo; y él, con aquel gazapo estaba entusiasmado, y cuando decía con su madre: y te ofrezco mis ojos, mis oídos, mi lengua, mi corazón, en una palabra, todo mi ser; le entró remordimiento y dijo: menos mi gazapitoDocumento

Primeras Oraciones
Su madre le enseñó las oraciones de la mañana y de la noche y con su padre, siendo niño aún, rezó muchas veces las oraciones de la noche. Con doña Dolores aprendió el Catecismo de la doctrina cristiana, hasta que llegó el momento de hacer la Primera ComuniónDocumento

No llores. ¿No ves que Chon está ya en el Cielo?
Al morir Chon, como las hermanas habían ido falleciendo por edades –de menor a mayor–, Josemaría decía que entonces le tocaba a él. Dejó de repetirlo cuando se dio cuenta de que a su madre le entristecíaDocumento
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