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Los enfermos son el tesoro del Opus Dei
El Fundador de la Obra, cuando era un sacerdote joven fue a buscar los medios para hacer la Obra de Dios en los hospitales: Eran gente desamparada enferma. Su tesoro estaba allí: repartido entre los enfermos que ofrecían el gozo de su dolorDocumento

Hombres y mujeres de mil razas y colores
En aquellas primeras conversaciones personales, más de uno pensó que era un visionario, que estaba loco. Y casi nadie hubiera tachado estos juicios de insensatos, pues entonces el Fundador del Opus Dei nada podía mostrar, salvo sus sueñosDocumento
Más sabía de Madrid que muchos madrileños
Mientras se encendía en designios de universalidad, vivía con los pies en la tierra, y amaba el concreto mundo en que Dios le había colocado: la casa donde nació, su familia, el paisaje del Somontano, las calles de Zaragoza o los rincones de MadridDocumento

Tres, trescientos, trescientos mil, treinta millones, tres mil millones
Me vinieron sólo tres. ¡Qué descalabro! ¿verdad? ¡Pues no! Me puse muy optimista, muy contento, y me fui al oratorio de las monjas; expuse a Nuestro Señor en la Custodia y di la bendición a aquellos tres. Me pareció que el Señor Jesús, Nuestro Dios, bendecía a trescientos, trescientos mil, treinta millones, tres mil millones...Documento

El Opus Dei crecía para adentro
Fueron unos años intensos, en los que el Opus Dei crecía para adentro sin darnos cuenta. Pero he querido deciros que la fortaleza humana de la Obra han sido los enfermos de los hospitales de Madrid: los más miserables; los que vivían en sus casas, perdida hasta la última esperanza humana; los más ignorantes de aquellas barriadas extremasDocumento
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