Josemaría Escrivá de Balaguer. Fundador del Opus Dei - Tal día como hoy La vida y enseñanzas de san Josemaría día a día http://www.es.josemariaescriva.info/ <![CDATA[8.2.1975]]> En Venezuela, al dar la bendición en un encuentro en el que participaron estudiantes, dice: “Voy a bendecir vuestros estudios, vuestro trabajo, vuestros cariños –que son nobles y buenos-, vuestras familias”.]]> <![CDATA[7.2.1975]]> “Un amigo, hombre de mucho dinero, me decía una vez: yo no sé si soy bueno, porque nunca he tenido a mi mujer enferma, encontrándome sin trabajo y sin un céntimo; no he tenido a mis hijos debilitados por el hambre, estando sin trabajo y sin un céntimo; no me he encontrado en medio de la calle, tendido sin un cobijo… No sé si soy un hombre honrado: ¿qué habría hecho yo, si me hubiera sucedido todo eso? Mirad, hemos de procurar que no le pase a nadie; hay que habilitar a la gente para que, con su trabajo, pueda asegurarse un bienestar mínimo, estar tranquilo en la vejez y en la enfermedad, cuidar de la educación de los hijos, y tantas cosas necesarias. Nada de los demás puede resultarnos indiferente y, desde nuestro sitio, hemos de procurar que se fomente la caridad y la justicia”, dice uno de los días de su estancia en Venezuela, entre el 4 y el 15 de febrero de 1975.]]> <![CDATA[6.2.1960]]> «Comenzar es de muchos; acabar, de pocos, y entre estos pocos hemos de estar los que procuramos comportarnos como hijos de Dios. No lo olvidéis: sólo las tareas terminadas con amor, bien acabadas, merecen aquel aplauso del Señor: “mejor es el fin de la obra que su principio” ». Con estas palabras empieza la homilía “Trabajo de Dios”, que predica un día como hoy y se recoge en el libro Amigos de Dios.]]> <![CDATA[5.2.1981]]> El Papa Juan Pablo II confirma la apertura del proceso de beatificación de Josemaría Escrivá. En la homilía del 17 de mayo de 1992 en la Plaza de San Pedro dirá: «La vida espiritual y apostólica del nuevo Beato estuvo fundamentada en saberse, por la fe, hijo de Dios en Cristo. De esta fe se alimentaba su amor al Señor, su ímpetu evangelizador, su alegría constante, incluso en las grandes pruebas y dificultades que hubo de superar. “Tener la cruz es encontrar la felicidad, la alegría -nos dice en una de sus Meditaciones- tener la cruz es identificarse con Cristo, es ser Cristo y, por eso, ser hijo de Dios” ».]]> <![CDATA[4.2.1975]]> Por la tarde, llega a Venezuela, donde realiza uno de sus viajes de catequesis. En la foto aparece con don Álvaro del Portillo en el aeropuerto de Maiquetía, Caracas. No han transcurrido veinte horas desde que aterriza, cuando dice: “No he visto nada de Caracas, pero al subir hacia aquí, desde la carretera, he visto esas chabolas miserables. En el Opus Dei caben todos. La vocación no es sólo para universitarios. Habéis de tratar, sí, a los ricos y también a esa gente que tiene hambre y, sobre todo, hambre de Dios. La Obra es para todos".]]> <![CDATA[3.2.1934]]> “Señor, tiene gracia: es para ti, y te lo hemos de pedir... ¿te harás el sordo? ¿Va a ser la oración impotente, siendo omnipotente... Siento en mí una fe gigante (…): tú me das la fe, tú me darás los hechos”, anota en sus Apuntes íntimos.]]> <![CDATA[2.2.1939]]> Termina de escribir –a máquina- el libro Camino. Son las dos de la madrugada y es jueves. Se celebra la fiesta de la Purificación de la Virgen. “Lee despacio estos consejos. Medita pausadamente estas consideraciones. Son cosas que te digo al oído, en confidencia de amigo, de hermano, de padre…”, dice en el Prólogo.]]> <![CDATA[1.2.1960]]> “¡Es un alma! ¡Un alma que vale toda la sangre de Cristo!”, comenta al ver unas diapositivas de Kenia. En Es Cristo que pasa escribió: “Somos hijos de un mismo Padre Dios. No hay, pues, más que una raza: la raza de los hijos de Dios. No hay más que un color: el color de los hijos de Dios. Y no hay más que una lengua: ésa que habla al corazón y a la cabeza, sin ruido de palabras, pero dándonos a conocer a Dios y haciendo que nos amemos los unos a los otros”. ]]> <![CDATA[31.1.1940]]> Realiza uno de sus frecuentes viajes desde Madrid a Valencia. “Allá por los primeros años de la década de los cuarenta, iba yo mucho por Valencia. No tenía entonces ningún medio humano y, con los que —como vosotros ahora— se reunían con este pobre sacerdote, hacía la oración donde buenamente podíamos, algunas tardes en una playa solitaria. Como los primeros amigos del Maestro, ¿recuerdas? Escribe San Lucas que, «al salir de Tiro con Pablo, camino de Jerusalén, nos acompañaron todos con sus mujeres y niños a las afueras de la ciudad, y arrodillados hicimos la oración en la playa».”]]> <![CDATA[30.1.1938]]> Escribe en sus Apuntes íntimos: “Muchas ganas de soledad. Y verme a mí mismo como una pelota, que va, impulsada por mi Padre-Dios, de pared a pared, tan pronto golpeado con el pie como recibiendo una caricia de sus manos...”.]]>