Josemaría Escrivá de Balaguer. Fundador del Opus Dei
 

Pescadero y revolucionario

Carlos Martínez era pescadero. A los diez años formaba parte de la célula comunista de su barrio. A los 34, aprendió de san Josemaría a encontrar a Dios en su trabajo. Le pareció un descubrimiento digno de ser escrito: con sus apuntes se ha editado en el libro «Carlos Martínez, pescadero. Un revolucionario que se encontró con Dios» (Palabra, 2011).

¿Barrendero?, ¿ministro?... ¡santo!
Cuando recibía la noticia de que una persona del Opus Dei asumía un cargo importante, San Josemaría Escrivá subrayaba que a él le importaba muy poco la notoriedad profesional de sus hijos. «Igual me da que sea ministro o barrendero, con tal de que se haga santo en su trabajo», comentó a un cardenal amigo suyo cuando éste le felicitó por el nombramiento ministerial de un fiel de la Obra.

Le importaba que cada uno buscara la santidad (el trato habitual y amistoso con Dios) en el trabajo y en la vida cotidiana. Lo de menos es el tipo de profesión que se desempeñe, con tal de que se trate de un trabajo honrado y de que esa tarea se desarrolle por amor a Jesucristo, con mentalidad de servicio a la sociedad y con la mayor profesionalidad de la que cada uno sea capaz.

Por eso a San Josemaría se alegraba al hablar con Carlos Martínez o al recibir cartas suyas. Este ovetense -nacido en 1920 y fallecido en el año 2000- era un generoso difusor de alegría y paz cristianas desde su pescadería. Sus clientes (clientas en su mayoría) eran personas a las que se proponía servir y ayudar.

A los diez años, parte de “Mundo Obrero”
Nacido en la calle Foncalada e hijo de una familia numerosa y con escasos recursos, con nueve años ya hubo de abandonar los estudios y empezó a trabajar en una pescadería. Con diez años, formaba parte de la célula comunista de su barrio y por las noches vendía «Mundo Obrero». Apoyó el levantamiento de Octubre del 34 y conoció la cárcel durante la Guerra Civil. Había huido a Gijón y uno de sus hermanos fue fusilado por negarse a desvelar su paradero. Intentó hacer carrera literaria en Madrid, donde conoció a Cela y a otros escritores.

Una revolución aun más profunda
En 1954, pidió la admisión en el Opus Dei. Desde entonces, desarrolló una intensa labor de apostolado cristiano, que tuvo como escenarios principales Oviedo y las cuencas mineras.

«Como miembro del Opus Dei –cuenta en su libro- pude vivir la aventura del desarrollo del apostolado en nuestra querida tierra asturiana, que ha movido a tanta inconformista juventud y a tantos recios hombres de la cuenca minera. Una lucha contra la ignorancia y la pobreza, a favor siempre de la dignidad del hombre y que ha tenido un núcleo muy representativo en el Centro Cultural Peñavera, que ha unido tantas voluntades y esfuerzos en esa oculta y prodigiosa epopeya de formar de cara a Dios a cientos de estudiantes y trabajadores. Eso sí, con una ayuda, la de la Santina, que, desde Covadonga, alentó nuestra tarea».

Fuente: www.lne.es (Oviedo)

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