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Muy cerca del Papa
San Josemaría Escrivá de Balaguer había soñado en su juventud con estar muy cerca del Papa, aunque fuesen sólo unos instantes, para demostrarle su cariño y disponibilidad. “Era inmenso su júbilo cuando estaba físicamente a su lado: así lo comprobé cuando le acompañaba a las audiencias”, relata Monseñor Javier Echevarría. El actual Prelado del Opus Dei pudo apreciar su amor al Romano Pontífice ya en el verano de 1950, en Castelgandolfo, no lejos de la residencia papal.
De aquella temporada recuerdo el afecto con que nos hablaba del Papa. Se levantaba y acudía con ilusión, cuando corríamos hacia la carretera para ver pasar a Pío XII, que volvía de Roma a Castelgandolfo, después de las audiencias con motivo del Año Santo. Nos pedía que le encomendásemos muchísimo, que le quisiésemos, y procurásemos manifestarle nuestro cariño, porque debíamos ver siempre en el Papa al sucesor de Pedro y al "dolce Cristo in terra". Contemplé cómo recibía, con verdadera devoción, la bendición que el Santo Padre iba impartiendo desde el coche.
Quiso que, antes de volver yo a España, pasase dos días en Roma, para ganar el Jubileo y visitar las cuatro Basílicas. Me pidió que rezase con mucha fe, especialmente en San Pedro, sintiéndome muy unido al Papa, para que se incrementase la santidad de los que formamos parte de la Iglesia, y aumentasen en todas partes las conversiones. Me recomendó que no me olvidase de mi familia, añadiendo a mi devoción personal la de mis parientes, considerando que estaba como representándoles a ellos, que desearían tener la fortuna de rezar en la Ciudad Eterna, junto a la sede de Pedro.
Muy pronto vi cómo renovaba continuamente la oblación de su vida por el Romano Pontífice, dispuesto a entregarla en cualquier momento, con la gracia de Dios. Y reiteró ese ofrecimiento en la mañana del 26 de junio de 1975.
Repetía, con absoluto convencimiento, las palabras del Salmo XXXV, 10: apud Te est fons vitae et in lumine tuo videbimus lumen! ["¡en Ti está la fuente de la vida y en tu luz veremos la luz!"]; lo hacía para fomentar su identificación con el Vicario de Cristo en la tierra. Siempre estuvo persuadido de que su unión a la Trinidad Beatísima se haría más fuerte en la medida en que se adhiriera, con el entendimiento y con la voluntad, a las intenciones y a la persona del Papa.
Le he escuchado multitud de veces las expresiones “Padre común”, o “casa del Padre común”, para referirse al Santo Padre o a la Sede Apostólica. Le hacían sentir la catolicidad de la Iglesia. Gozaba hondamente con todo lo que alegraba al Papa, e igualmente sufría con sus padecimientos.
A este propósito, recuerdo que, en octubre de 1958, apenas conoció la noticia de la gravedad de Pío XII, estuvo muy pendiente de las comunicaciones oficiales sobre el desarrollo de la enfermedad (...). Una reacción semejante se produjo cuando enfermó gravemente Juan XXIII. Vi su rostro de sufrimiento cuando nos refería lo que le había contado Mons. Dell'Acqua: se escapaban del corazón de Mons. Escrivá de Balaguer palabras y expresiones, suspiros de acompañamiento muy afectado por los dolores que padecía el Padre común.
He de precisar que Mons. Escrivá de Balaguer no se ponía nervioso nunca. Sin embargo, cuando estaba cerca del Romano Pontífice, sentía una auténtica conmoción, que jamás quiso perder ni ocultar. E igualmente, gozaba cuando conseguía que pasase yo, como secretario, a saludar al Sucesor de Pedro. Siempre me decía lo mismo: “póstrate de rodillas en tierra, y aprovecha esos momentos para demostrar tu cariño y tu veneración, y para aumentar tu oración y tu unión al Vicecristo, al Papa”.
Memoria del beato Josemaría Escrivá, Javier Echevarría y Salvador Bernal, Rialp, Madrid, 2000
http://www.es.josemariaescriva.info/articulo/muy-cerca-del-papa
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