Josemaría Escrivá de Balaguer. Fundador del Opus Dei
 

El 16 de abril, Benedicto XVI cumple 80 años

Etiquetas: Papa, Benedicto XVI
El cardenal Joseph Ratzinger, Papa Benedicto XVI, nació en Marktlam Inn, diócesis de Passau (Alemania), el 16 de abril de 1927 (Sábado Santo), y fue bautizado ese mismo día. Su padre, comisario de la gendarmería, provenía de una antigua familia de agricultores de la Baja Baviera, de condiciones económicas más bien modestas. Su madre era hija de artesanos de Rimsting, en el lago Chiem, y antes de casarse trabajó de cocinera en varios hoteles.

Pasó su infancia y su adolescencia en Traunstein, una pequeña localidad cerca de la frontera con Austria, a treinta kilómetros de Salzburgo. En ese marco, que él mismo ha definido “mozartiano”, recibió su formación cristiana, humana y cultural.

El período de su juventud no fue fácil. La fe y la educación de su familia lo preparó para afrontar la dura experiencia de aquellos tiempos en los que el régimen nazi mantenía un clima de fuerte hostilidad contra la Iglesia católica. El joven Joseph vio como los nazis golpeaban al párroco antes de la celebración de la Santa Misa.

Precisamente en esa compleja situación, descubrió la belleza y la verdad de la fe en Cristo; para ello fue fundamental la actitud de su familia, que siempre dio un claro testimonio de bondad y esperanza, con una arraigada pertenencia a la Iglesia ( leer más sobre su vida)

Con motivo de la celebración de su cumpleaños, el domingo 15, Benedicto XVI celebrará la Santa Misa en la Plaza de San Pedro a las 10.00 de la mañana.

Ante el próximo cumpleaños del Papa, el Prelado del Opus Dei en su carta de Abril a los fieles, cooperadores y amigos del Opus Dei, dice:

El próximo día 16 de abril cumplirá ochenta años, y el 19 será el segundo aniversario de su elección. Agradezcamos a Dios el don que ha concedido a la Iglesia en la persona de Benedicto XVI.

Recemos mucho por el Papa: por su persona y sus intenciones. Es muy grande el peso que recae sobre sus hombros. La Providencia divina cuenta con esas oraciones y esos sacrificios para fortalecerle y dar eficacia a sus palabras.

Todos recordamos cómo en la Misa con la que inauguró su pontificado, el Santo Padre pedía a los cristianos la ayuda de la oración. Y en 2006, al conmemorar el primer año de su pontificado, apostillaba: «Cada vez me convenzo más de que por mí mismo no podría cumplir esta tarea, esta misión. Pero siento también que vosotros me ayudáis a cumplirla. Así estoy en una gran comunión y juntos podemos llevar adelante la misión del Señor (...). ¡Gracias, de corazón, a todos los que de diversas maneras me acompañan de cerca o me siguen de lejos espiritualmente con su afecto y su oración! A cada uno le pido que siga sosteniéndome, pidiendo a Dios que me conceda ser pastor manso y firme de su Iglesia» (Discurso en la audiencia general, 19-IV-2006).

Examinemos en la presencia de Dios cómo es nuestra unión con el Papa: unidad de oraciones, de afectos y de propósitos. ¿Rezamos mucho, cada día, por las intenciones del Santo Padre? ¿Ofrecemos los sacrificios y renuncias que nos cuestan más? ¿Movemos a otras personas a rezar y a ofrecer por el Romano Pontífice ratos de trabajo y pequeñas mortificaciones? ¿Difundimos sus enseñanzas —que son la doctrina de Cristo— y las defendemos cuando las atacan en la opinión pública o en conversaciones privadas?


Tu más grande amor, tu mayor estima, tu más honda veneración, tu obediencia más rendida, tu mayor afecto ha de ser también para el Vice–Cristo en la tierra, para el Papa. -Hemos de pensar los católicos que, después de Dios y de nuestra Madre la Virgen Santísima, en la jerarquía del amor y de la autoridad, viene el Santo Padre (San Josemaría, Forja, 135).


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