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Cuando el que sufre es un niño
En el Congo hay una enfermedad de la sangre hereditaria que afecta al 2% de los niños recién nacidos. Se llama Anemia Drepanocitósica o Anemia de Células Falciformes (SSA). Se caracteriza principalmente por momentos de dolor intenso, una anemia severa y una fuerte infección. Tiene un alto porcentaje de mortalidad, especialmente en los recién nacidos.
Jolie es una niña huérfana de siete años que vive con su abuela materna. La enviaron a Monkole desde un dispensario que está a 15 kilómetros. Se retorcía de dolor, tenía dificultad para respirar y lloraba continuamente; estaba en muy mal estado. Tenía el abdomen muy hinchado y la piel amarilla. Su pulso era débil pero el corazón le latía con fuerza. Estaba muy agitada y casi no podía estar tumbada. Le hicieron los test necesarios y los médicos dieron el diagnóstico: Anemia de Células Falciformes con ataques dolorosos, pericarditis, anemia hemolítica y neumonía severa.
A mí SS o SSA me recuerda la S de sufrimiento, la S de Salvación. Y a aquel: “-Niño, -Enfermo. Al escribir estas palabras ¿no sentís la tentación de ponerlas con mayúscula?” (Camino, 419).
En cientos de relatos similares podemos encontrar a Cristo que pasa por nuestra profesión. A veces se para, me mira y me habla. Uno no llega a descubrir a Cristo si no está muy cerca del sufrimiento, especialmente si el que sufre es un niño. Estos niños que padecen SSA son verdaderamente un tesoro para mí. Con ellos me puedo santificar, acercarme a Cristo en mi vida ordinaria, en el ejercicio de mi profesión. El hospital se ha convertido en otro Gólgota por la Gracia de Dios. Él llama precisamente ahí y es ahí donde uno se pone a los pies de Su Cruz con su Madre.
Quiero a estos niños porque llevan la Cruz de Cristo en su sangre, esa sangre que es la causa de su dolor... en todo su cuerpo. Sangre que me ha hecho pensar en la Sangre que el sacerdote alza en el cáliz cada mañana. Sangre a la que yo añado el ofrecimiento de mi vida entera...
El sufrimiento de estos niños está dando mucho fruto. Se están llevando a cabo muchas iniciativas desde el Centro Monkole para ellos. Todo empezó con actividades educativas que surgieron en un contexto profundamente ligado a las enseñanzas del fundador del Opus Dei, Josemaría Escrivá.
Hay un grupo de estudio que se llama el “Club de los glóbulos Rojos” que reúne a 10 médicos que luchan por tener más conocimiento de esta enfermedad. Se ha organizado un curso de postgrado en Genética en colaboración con profesores universitarios y expertos occidentales para que estén al día de esta enfermedad. Se ha lanzado una campaña de concienciación en colaboración con una ONG, y a través de del Proyecto de Sanidad Escolar que busca educar a los profesores y alumnos, especialmente los adolescentes. Por último, se ha puesto en marcha en el Congo el primer programa neonatal para el estudio de la Drepanocitosis. Se están haciendo todos los esfuerzos para limitar el peso enorme del coste médico para las familias, en un país donde no hay ningún sistema de asistencia sanitaria. Las consultas, las medicinas, y todo otro servicio médico se incluyen en la categoría social A.
Y todo esto está teniendo lugar en un país que está sufriendo continuas dificultades sociales y económicas. Son momentos difíciles incluso en el plano personal. La fuerza para llevar bien todas estas cosas no puede venir sino del sufrimiento de los niños con SSA. “Bendito sea el dolor. Amado sea el dolor. Santificado sea el dolor. ..¡Glorificado sea el dolor!” (Camino, 208).
http://www.es.josemariaescriva.info/articulo/cuando-el-que-sufre-es-un-nino
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