Josemaría Escrivá de Balaguer. Fundador del Opus Dei
 

Con mi hermano Josemaría

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Santiago Escrivá de Balaguer, hermano de san Josemaría, relata sus recuerdos sobre los años 1927-1937 durante los que vivieron juntos en Madrid.


En marzo de 1927, cuando Josemaría se marchó a Madrid, mi madre, Carmen y yo nos trasladamos a Fonz. Josemaría nos despidió en Zaragoza y aunque exactamente no sé cuándo salió para Madrid, imagino que fue el mismo día o, todo lo más, al día siguiente. Desde marzo hasta el otoño de 1927 vivimos en Fonz, en casa del tío Teodoro. (...) Yo esperaba que Josemaría vendría a vernos, pero no fue así. La ilusión de su venida me llevaba a soñar que le veía llegar montado en un caballo blanco. Sin embargo, no se olvidaba de mí: todas las semanas me enviaba, por correo, tebeos. En cuanto oía llegar al cartero —el Peatón le llamaban—, bajaba y cogía mi rollo de tebeos y "El Debate" de mi tío Teodoro, que también leía yo. Muchas veces no tenía paciencia e iba a correos.

En Madrid
A finales de 1927 llegamos a Madrid mi madre, Carmen y yo. Josemaría vino a recibirnos a la estación y nos llevó al piso que había alquilado en la calle de Fernando el Católico. (...) Ese año acompañé mucho por Madrid a Josemaría, que me llevó a todos los museos. En el curso siguiente fui a los Maristas.

Cuando llegó el momento, me dio la Primera Comunión Josemaría. No recuerdo dónde, pero sí que era, sin duda, una capilla, pero no puedo precisar si era de un Asilo o de un Convento. Sólo sé que era un lugar cercano a donde vivíamos, a unos tres o cuatro minutos andando, y al que íbamos a Misa ordinariamente. Yo no iba vestido de "marinerito" porque a él no le gustaba. Con ocasión de la Primera Comunión, Josemaría me regaló una serie de novelas de Salgari y Julio Verne, pero como yo conocía de antes el sitio donde las guardaba, ya las había ido leyendo a escondidas. A Josemaría le gustaba mucho leer. Recuerdo que había leído todo lo de Julio Verne. Pero lo más importante que leyó fueron los Clásicos españoles y los autores del siglo XIX español, francés o inglés. Josemaría daba varias clases particulares, algunas en el piso de Fernando el Católico. Por allí venía una chica a recibir clase, y Josemaría procuraba que siempre estuviera presente mi madre, cosiendo. También daba clase a chicos algo mayores que yo, a los que llamábamos "los de la Tiabuela", porque les acompañaba una tía abuela suya muy simpática, cuyo apellido no recuerdo, que se hizo muy amiga de Josemaría. También Josemaría se dedicaba mucho a mí. Me sacaba de paseo cuando tenía algún rato libre, sobre todo los domingos. A veces me llevaba a merendar al Sotanillo, donde se reunía con muchachos con los que hacía apostolado. Yo no me enteraba mucho de la labor que hacía, pero allí estaba.

En el Patronato de Enfermos
El 11 de mayo de 1931 fue el día de la quema de Conventos en Madrid y tuvimos que dejar el Patronato. Yo acompañé a Josemaría a llevar el Santísimo desde la capilla del Patronato, en la calle Nicasio Gallego, a casa de Pepe Romeo, en la misma Santa Engracia, esquina Maudes, casi en Cuatro Caminos. Puede que nos acompañase también Cortés Cavanillas, aunque no lo recuerdo. Con seguridad fuimos andando, porque recuerdo el ambiente, la gente por las aceras, etc. Josemaría iba vestido de paisano con un traje que le facilitó Pepe Romeo y con una boina que le tapaba la gran tonsura que llevaba entonces. Por la calle se podía circular pues, aunque el ambiente era revolucionario, la agitación estaba centrada alrededor de los Conventos. (...) Luego subimos a la terraza para ver los incendios.

En Martínez Campos
Por esta casa venían muchos chicos que trataba Josemaría. Yo iba a buscar churros y buñuelos para las chocolatadas que hacía Carmen. Mi madre colaboraba también con gusto. Por aquella época debí decir que "los chicos de Josemaría se lo comen todo", tal como recuerdan algunos.

Recuerdo también a Isidoro Zorzano, que estudió con Josemaría los tres últimos cursos de Bachillerato en el Instituto de Logroño. Solía contar que le llamaba la atención ver que mi hermano estudiaba normalmente, sin un especial esfuerzo, y sacaba siempre notas brillantísimas. En cambio él tenía que pasarse horas y horas estudiando para sacar notas medianas. Recordaba que Josemaría aprendía y retenía las cosas con gran facilidad y que podía destinar tiempo a lecturas que no estaban directamente relacionadas con las asignaturas, pero con las que completaba su formación humanística. Por aquel entonces fui, con Josemaría y otros chicos, a Vallecas o a Tetuán. No puedo precisar bien la fecha, pero sí que era aún pequeño. Seguramente cuando vivíamos en José Marañón o quizá ya en Martínez Campos. Aquello estaba lleno de chabolas. Dábamos clases de catecismo.

Durante la guerra civil
Unos meses después del comienzo de la guerra, José María González Barredo nos encontró refugio en la Legación de Honduras, y tramitó que Josemaría y yo pudiéramos refugiarnos allí. Vinieron a buscarnos en un coche del consulado. El coche era pequeño, con bandera de Honduras. Nos llevamos todas las maletas. Pasamos bien los controles de entrada en Madrid porque, a pesar de ir sin documentación alguna, les impresionaría el coche con la bandera azul y blanca de Honduras.

Josemaría, en los primeros días, celebraba la Santa Misa en el hall del Consulado, hasta que el Cónsul dijo que era peligroso y lo prohibió. Incluso llegó a dar alguna meditación a la que asistía el que quería. Cuando el Cónsul lo prohibió, Josemaría celebraba en nuestra habitación y solía dirigirnos la meditación a los cinco que estábamos con él. Recuerdo que alguna vez estuvo enfermo. Tuvo algún ataque de reumatismo, pero supongo que influiría el estado de inanición en que estábamos todos, porque comíamos muy poco. Josemaría menos que los demás porque había días que no comía nada o muy poca cosa, supongo que como mortificación, para ofrecerlo a Dios.

A finales del mes de agosto, Josemaría pudo salir también de Honduras, con una documentación que le facilitó el Cónsul. Recuerdo que llevaba un brazalete con los colores de la bandera de Honduras. Alguna vez vino a visitarnos al piso de la calle Caracas. Estuvo mes y medio moviéndose por Madrid, hasta que se marchó a Valencia y Barcelona, camino de la frontera francesa. Vivía en el ático de una casa de la calle Ayala. No sé de quién era ni sabría precisar, ahora, cuál fue la casa. Sólo recuerdo que pocos días después de haberse pasado Josemaría, fui con Isidoro a recoger lo que habían dejado allí y había caído un obús, precisamente en la habitación que usaban. Entre lo que recogimos, recuerdo una imagen de la Virgen que guardé durante el resto de la guerra y devolví a Josemaría cuando me la pidió; ahora está en Roma encima de la mesa en la que trabajaba habitualmente.


Hoja Informativa n. 32, Anno XXIV- II semestre-dicembre 2001. Ufficio informazione della Prelatura Opus Dei in Italia


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