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África, su gente, y el mensaje de Josemaría Escrivá de Balaguer
"La meta que os propongo —mejor, la que nos señala Dios a todos— es la santidad". Este mensaje de san Josemaría llegó a África hace casi 50 años. El siguiente artículo pone de relieve la recepción del mensaje del fundador del Opus Dei como algo personal, como la voz de un amigo muy cercano, que ilumina las cosas más corrientes de la vida. La autora, Lydia Waithera, subraya que Africa es una tierra donde nadie es un individuo aislado. Por generaciones ha subsistido en Africa un sentido de pertenencia, de formar parte de un clan o de una familia. Parece un eco de la pertenencia a la familia de Dios, de ese Dios Creador y Señor al que Josemaría Escrivá veía ante todo como a un Padre, que le llevó a escribir: “Ninguna persona es un verso suelto, sino que formamos todos parte de un mismo poema divino, que Dios escribe con el concurso de nuestra libertad”.
La gente de África es, por naturaleza, religiosa; todos los africanos parecen tener un sentido innato de lo sobrenatural. El nombre de Dios está con mucha frecuencia en sus labios. Sería impensable para un africano vivir un día completo sin mencionar a Dios o pensar en Él. Hace tan sólo cien años llegó el cristianismo a África del Este, y las enseñanzas de Josemaría Escrivá de Balaguer comenzaron a difundirse en 1958. Muchos de los que entonces las conocieron eran de la primera generación de católicos o cristianos.
Una de aquellas personas describe el impacto del mensaje del fundador del Opus Dei así: “Los misioneros trajeron el mensaje de un Dios que es Amor, que nos ama tanto que se encarnó por nosotros. Nos enseñaron a construir iglesias y a acudir a estos santuarios para venerar a Dios. Josemaría Escrivá, por su parte, nos enseñó a buscar a Dios también en la calle, buscándolo en las ocupaciones de cada día”. Se trata de un mensaje personal y relevante. Una persona muy joven me dijo una vez, a propósito de Camino, el libro más difundido del fundador del Opus Dei: “Cuando leo Camino me pregunto: ¿quién ha escrito esto, quién es este hombre? Está escribiendo para mí; sólo para mí”, y lo enfatizaba mientras señalaba su corazón con el dedo.
Encontrar a Dios en la vida corriente significa, para muchos africanos, encontrarlo en medio de la necesidad, de la pobreza. Me parece que en este punto el mensaje de san Josemaría ha conmovido profundamente a los africanos. Conozco a una familia que estaba atravesando una seria crisis económica, porque el padre se había quedado sin empleo y, poco después, la madre también se había quedado sin trabajo. Además uno de los hijos padecía una enfermedad que requería tratamientos médicos costosos. La situación era tan grave que un día les cortaron el servicio de electricidad porque no habían podido pagar el recibo. Esa noche, mientras cenaban a la luz de una vela, uno de los pequeños, que conocía al fundador del Opus Dei, dijo: “¿No somos cristianos? Pues llevemos esta cruz con alegría, y sigamos luchando”.
Somos un mundo en el que la diversidad está a la orden del día. Kenia, por ejemplo, tiene aproximadamente cincuenta y dos tribus distintas, cada una con su propia lengua y costumbres. La geografía del país es también muy variada y, de alguna manera, esta circunstancia influye en que las tribus vivan de distintas formas. Uno de los factores que ha contribuido a la integración ha sido el Evangelio. Para alguien de esta tierra, el mensaje que enseña de que todos pertenecemos a una misma raza, a la familia de Dios, tiene forzosamente un impacto inmenso.
Recuerdo todavía la experiencia de una joven sudafricana de raza blanca, que había crecido en la época del apartheid de su país. Cuando fue a estudiar a una institución educativa multi-racial en el este de África, se sentía aterrorizada por el solo hecho de pensar que debía compartir su habitación con una persona de raza negra. Sin embargo, tanto ella como su compañera acabaron por descubrir, por medio de su amistad, de su lealtad, que la diversidad es un don y que cara a Dios todos somos iguales, todos poseemos la misma dignidad. A san Josemaría, que impulsó en África varias escuelas multirraciales, le gustaba decirlo con palabras tajantes: “No hay más que una sola raza, la raza de los hijos de Dios”.
http://www.es.josemariaescriva.info/articulo/africa2c-su-gente2c-y-el-mensaje-de-josemaria-escriva-de-balaguer
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