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¿Llegó San Josemaría a flagelarse como se ve en la película? Si es así ¿por qué lo hacía?

Clemente - España

Etiquetas: Película, Opus Dei, Mortificación corporal, Mortificación
Sí, las personas que vivieron con él en esos años (sobre todo, Álvaro del Portillo) recuerdan sus duras penitencias, que bien pudieron ser algo parecido a lo que presenta la película. Ésta muestra, además, dos elementos significativos: el sentido de esos sacrificios, que es la identificación con Jesucristo y con su misión redentora (dato explícito en el cuadro de la Flagelación del Señor que ilustra la escena), y el deseo de no darles publicidad (san Josemaría los realiza en un cuarto apartado, con el intento de que los demás no se enteren). Esto último es coherente con los consejos de Jesús, en el sermón de la montaña, sobre cómo practicar las obras de penitencia.

Entre los contemporáneos de san Josemaría, no faltan los que han usado ese tipo de mortificaciones, de larga tradición en la Iglesia: por ejemplo, Pablo VI, Juan Pablo II, la Madre Teresa de Calcuta y San Pío de Pietrelcina.

Mons. Álvaro del Portillo, que ha estado al lado de san Josemaría durante cuarenta años, en el libro “Entrevista sobre el fundador del Opus Dei” explica cómo vivía la mortificación:

“Le gustaba repetir y subrayar, con el ejemplo de su vida, que la mejor mortificación consiste en el cumplimiento fiel, hasta los últimos detalles, de los deberes del propio estado. Pero se sometió también a duras penitencias corporales, sobre todo desde que supo con claridad lo que el Señor le pedía: todos los pasos de su actividad pastoral y apostólica iban precedidos y acompañados de fuertes mortificaciones.

Tuvo siempre la prudencia de no comprometer directamente la salud, y sus consejos eran muy claros sobre este punto. En una carta del 22 de enero de 1940, por ejemplo, recomendaba: No me hagas mortificaciones que puedan perjudicar tu salud o agriar tu carácter: la mortificación discreta y la penitencia discreta son indudablemente necesarias: pero la piedra de toque es el Amor. Ten, para la penitencia, esta norma de conducta: nada sin permiso expreso.

Más aún que las penitencias corporales, el Fundador se esforzaba por vivir las pequeñas mortificaciones que le ayudaban a cumplir con delicadeza las diversas prácticas de piedad, su ministerio sacerdotal, el espíritu de servicio, la caridad fraterna, etc. Afirmaba que estas mortificaciones debían ser constantes, como el latir del corazón.”

También puede encontrar más información en el artículo Cuando la Cruz no es costosa, con algunos recuerdos de Mons. Javier Echevarría.


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