PortadaLibrosApuntes sobre la vida del fundador del Opus DeiYo soy anticlerical porque amo al sacerdote


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Mons. Josemaría Escrivá de Balaguer
Yo soy anticlerical porque amo al sacerdote
Pero la autenticidad de su sacerdocio se desdibujaría si la separásemos de su mentalidad laical. Desde un enfoque negativo, tiene mentalidad laical aquel que no es clerical, es decir, aquel que no se sirve de las estructuras eclesiásticas para buscar fines de orden profano, o para recibir un trato distinto al de los ciudadanos normales en la vida civil. Por eso, al Fundador del Opus Dei le repugnaban los privilegios, las exenciones. Le encantaba, en cambio, trabajar dentro del marco de las leyes civiles, cumpliendo sus obligaciones y –también– exigiendo sus derechos: derechos de ciudadano, no privilegios sacerdotales.
Otro tipo de clericalismo malo es el que se puede producir por mimetismo, o por complejo de inferioridad: presentar como si fueran un ideal para el laico las actividades propias del sacerdote; requerir la presencia del cura en los trabajos civiles como sistema para impregnarlos de sentido cristiano. El cura aseglarado, y el laico sacristán –fuera del templo– son desquiciamientos producidos por el clericalismo malo, que hacen perder el sentido de la realidad, e invierten el sitio de cada uno. Por el contrario, es parte de la mentalidad laical saber estar cada uno en su sitio.
Mons. Escrivá de Balaguer se caracterizaba por “su decidido apoyo a la secularidad”, inseparable de “su sacerdocio tan plenamente, tan consecuentemente, tan coherentemente vivido hasta en el último detalle” (Mons. Francisco Hernández, en La Religión, Caracas, 26 de julio de 1975).
Porque el puesto del clérigo en el mundo es puesto de servicio, universal, sin excepción alguna. El sacerdote ha de ser otro Cristo, que vino a servir, no a ser servido. Y el gran servicio que –hoy como ayer– ha de prestar el sacerdote a los hombres es hablarles de Dios, hacerles a Dios presente en su vida. No me cabe la menor duda de que no hay nada más laical en un sacerdote que hablar de Dios.
Al Fundador del Opus Dei le preguntaron muchas veces sobre la mentalidad laical. Un 19 de octubre de 1972 en Madrid enunciaría de nuevo: yo soy anticlerical porque amo al sacerdote. Fue el suyo un anticlericalismo bueno, porque buscaba la fidelidad del sacerdote a su propia y exclusiva misión. Quería persuadirles de que los curas que no hablan de Dios son todos clericales, en el sentido peyorativo de la palabra.
Prácticamente todo en la vida del Fundador del Opus Dei iba orientado a hacer que los seglares se santificasen en su trabajo profesional ordinario: ese trabajo del que viven, del que sacan lo necesario para sostener a la familia y cumplir con sus deberes sociales. Y el ministerio sacerdotal lo enfocaba también como trabajo profesional ordinario, como un trabajo de Dios.
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Acceso directo a los capítulos
Presentación
Capítulo Primero: Una Familia Cristiana
Capítulo Segundo: Vocación al sacerdocio
Capítulo Tercero: La fundación del Opus Dei
Capítulo Cuarto: Tiempo de amigos
Capítulo Quinto: Corazón Universal
Capítulo Sexto: El resello de la filiación divina
Capítulo Séptimo: Las Horas de la Esperanza
Capítulo Octavo: La libertad de los hijos de Dios
Capítulo Noveno: Padre de familia numerosa y pobre
Epílogo
Gracias a la autorización expresa de Ediciones Rialp ha sido posible recoger esta publicación en formato electrónico en la presente página web.
Otro tipo de clericalismo malo es el que se puede producir por mimetismo, o por complejo de inferioridad: presentar como si fueran un ideal para el laico las actividades propias del sacerdote; requerir la presencia del cura en los trabajos civiles como sistema para impregnarlos de sentido cristiano. El cura aseglarado, y el laico sacristán –fuera del templo– son desquiciamientos producidos por el clericalismo malo, que hacen perder el sentido de la realidad, e invierten el sitio de cada uno. Por el contrario, es parte de la mentalidad laical saber estar cada uno en su sitio.
Mons. Escrivá de Balaguer se caracterizaba por “su decidido apoyo a la secularidad”, inseparable de “su sacerdocio tan plenamente, tan consecuentemente, tan coherentemente vivido hasta en el último detalle” (Mons. Francisco Hernández, en La Religión, Caracas, 26 de julio de 1975).
Porque el puesto del clérigo en el mundo es puesto de servicio, universal, sin excepción alguna. El sacerdote ha de ser otro Cristo, que vino a servir, no a ser servido. Y el gran servicio que –hoy como ayer– ha de prestar el sacerdote a los hombres es hablarles de Dios, hacerles a Dios presente en su vida. No me cabe la menor duda de que no hay nada más laical en un sacerdote que hablar de Dios.
Al Fundador del Opus Dei le preguntaron muchas veces sobre la mentalidad laical. Un 19 de octubre de 1972 en Madrid enunciaría de nuevo: yo soy anticlerical porque amo al sacerdote. Fue el suyo un anticlericalismo bueno, porque buscaba la fidelidad del sacerdote a su propia y exclusiva misión. Quería persuadirles de que los curas que no hablan de Dios son todos clericales, en el sentido peyorativo de la palabra.
Prácticamente todo en la vida del Fundador del Opus Dei iba orientado a hacer que los seglares se santificasen en su trabajo profesional ordinario: ese trabajo del que viven, del que sacan lo necesario para sostener a la familia y cumplir con sus deberes sociales. Y el ministerio sacerdotal lo enfocaba también como trabajo profesional ordinario, como un trabajo de Dios.
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Presentación
Capítulo Primero: Una Familia Cristiana
Capítulo Segundo: Vocación al sacerdocio
Capítulo Tercero: La fundación del Opus Dei
Capítulo Cuarto: Tiempo de amigos
Capítulo Quinto: Corazón Universal
Capítulo Sexto: El resello de la filiación divina
Capítulo Séptimo: Las Horas de la Esperanza
Capítulo Octavo: La libertad de los hijos de Dios
Capítulo Noveno: Padre de familia numerosa y pobre
Epílogo
Gracias a la autorización expresa de Ediciones Rialp ha sido posible recoger esta publicación en formato electrónico en la presente página web.
Relación de contenidos
- Un sacerdote cien por cien
- Alma sacerdotal y mentalidad laical
- La Misa, centro y la raíz de la vida interior
- Amor a la Sagrada Eucaristía
- Una Misa en pleno monte
- Pues sé tú también muy loco, hijo mío
- Yo soy anticlerical porque amo al sacerdote
- Un sacerdote que sólo hablaba de Dios
- Tres amores: Cristo, María, el Papa
- Manifestaciones de cariño a la Virgen y a San José
- En los momentos decisivos de la historia del Opus Dei
- Padre cura, ésta no vale 'na' ¡la nuestra es la que vale!
- La Virgen y por fin, el Papa, el dulce Cristo en la tierra
- Diréis que el Padre amaba al Papa con toda su alma
- Un sacerdote español 'muy romano'
- Afán por todas las almas
- Solicitud sacerdotal
- Contagiar de entusiasmo sacerdotal a los sacerdotes
- Retiros que dejan huella
- Rezad por todos los sacerdotes
- Amor a los religiosos
- El tesoro de la Iglesia
- Muchas vocaciones
- Madrid, 2 de octubre de 1928
- Instrumento inepto y sordo
- Viejo como el Evangelio, y como el Evangelio nuevo
- Se escapaban las almas como las anguilas en el agua
- Una nueva visión del trabajo
- La característica más decisiva de su personalidad
- Y el Fundador del Opus Dei siguió trabajando
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