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Mons. Josemaría Escrivá de Balaguer

Yo sólo os puedo hablar de Dios

Etiquetas: Apostolado, Iglesia, Libertad, Política, España
Aquel mismo día, otra persona, que trabajaba en un canal de televisión, quiso disipar sus dudas sobre cómo utilizar con sentido apostólico los medios de difusión masiva.
Hijo mío, muchos de vosotros sois especialistas en eso. De modo que no me preguntes cosas profesionales. Sabéis mucho más que yo. Yo os puedo hablar de vuestro celo apostólico, de vuestro empeño en llevar a otras almas el Amor que tenéis a Cristo. Pero sobre el modo específico..., si vosotros sois maestros, por qué me voy a meter yo? No me gusta. Los curas no debemos hablar de cosas profesionales, de las que probablemente no entendemos nada, y, en todo caso, no estamos para eso.
Yo te puedo aconsejar que tengas más preocupación, más hambre de almas; y te insistiré para que alargues la oración, para que hagas muchos actos de Amor, de desagravio; para que profesionalmente seas muy bueno. ¿Pero de tu trabajo?: eso es cosa tuya. ¿Qué dirías si me pusiera ahora, aquí, a tratar de sociología o de política...? Me tendrías que mirar con pena. Pensarías: el Padre se ha vuelto loco, no nos habla de Dios.


Don Álvaro del Portillo se le acercó –eran casi las doce–, y antes de rezar el Ángelus, Mons. Escrivá de Balaguer añadió:
Me pide don Álvaro que repita que eso es lo único que que puedo deciros, porque vosotros –cada uno– formaréis libremente vuestro pensamiento en las cosas temporales, que no tiene por qué ser igual al de los otros. Muchos pareceres diversos pueden ser soluciones buenas, y nobles, y sacrificadas, y merecen respeto todas. No hay dogmas en la vida terrena: sólo en la religión.

Ése fue el criterio claro, inequívoco, que proclamó siempre con independencia de los acontecimientos que le tocó vivir a lo largo de los años: enseñó al final de sus días, lo mismo que en 1930 ó en 1940.

Como es sabido, en la España de 1939 se consolidó un cambio de clima de la autoridad civil hacia la Iglesia católica, que se reflejó en numerosos discursos y manifestaciones públicas. Pero el Fundador del Opus Dei, que estuvo serenamente en su sitio años atrás, cuando corrían otros aires, permaneció también ahora en su sitio.

A uno de los asistentes a la meditación que dirigió en la residencia de la calle de Jenner el último domingo de octubre de 1939, Fiesta de Cristo Rey, se le grabó su modo sacerdotal de referirse a los afanes nobles, patrióticos, de la gente, para llevarles enseguida a la consideración de que hay un Reino mucho más grande: el Reino de Jesucristo, que no tiene fin... Se metía muy dentro la pregunta, dirigida a cada uno de los presentes: Para que Cristo reine en el mundo, primero ha de reinar en tu corazón: ¿reina de verdad? ¿Es tu corazón para Jesucristo?

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Presentación
Capítulo Primero: Una Familia Cristiana
Capítulo Segundo: Vocación al sacerdocio
Capítulo Tercero: La fundación del Opus Dei
Capítulo Cuarto: Tiempo de amigos
Capítulo Quinto: Corazón Universal
Capítulo Sexto: El resello de la filiación divina
Capítulo Séptimo: Las Horas de la Esperanza
Capítulo Octavo: Las libertad de los hijos de Dios
Capítulo Noveno: Padre de familia numerosa y pobre
Epílogo


Gracias a la autorización expresa de Ediciones Rialp ha sido posible recoger esta publicación en formato electrónico en la presente página web.

Salvador Bernal, Apuntes sobre la vida del Fundador del Opus Dei, Rialp, Madrid, 1976.