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Mons. Josemaría Escrivá de Balaguer

VIII. La libertad de los hijos de Dios

Etiquetas: Libertad, Opus Dei, Verdad
1. La contradicción de los buenos

San Josemaría Escrivá de Balaguer
San Josemaría Escrivá de Balaguer
Era media tarde cuando el Fundador del Opus Dei llegó a Diego de León, 14. Dos o tres estudiantes estaban sentados en el banco del amplio zaguán, al pie de las escaleras que dan acceso a la zona de representación de esa casa. Les saludó, les preguntó qué estaban estudiando, se quedó un rato con ellos. Entretanto, fueron llegando otros, que volvían de sus clases. Trataron de retenerlo contándole algunas anécdotas de su labor apostólica, y uno empezó a hablar de un compañero que había participado tiempo atrás en una manifestación en la que se oyeron también algunos gritos contra el Opus Dei... Inmediatamente, antes de que el chico pudiera seguir, el Fundador de la Obra le interrumpió con unas palabras parecidas a las siguientes: Pues hacía muy bien. Estaba en su derecho: si pensaba así, debía hacerlo.

Luis Calle entró en ese momento, a tiempo de oír que luego ese estudiante había conocido a fondo la Asociación, y pidió ser admitido... Advirtió de quién se hablaba, y se adelantó: –Era yo, Padre. Mons. Escrivá de Balaguer sonrió. Le abrazó con fuerza y, mirándole con mucho cariño, le habló de perseverancia, mientras le hacía la señal de la cruz en la frente.

La anécdota es expresiva, a mi juicio, del profundísimo amor que el Fundador del Opus Dei tuvo siempre por la libertad. Era una de las razones que le llevaban a disculpar y comprender, incluso, a quienes no le comprendían o llegaban a insultar a la Obra. Nunca se defendía, si se trataba de su persona. No obstante, si se referían al Opus Dei, sabía dejar la verdad bien manifiesta, perdonando a las personas sin ceder a sus ofensas, como un buen hijo no tolera que maltraten a sus padres.

Este talante explica que mirara con afecto a los románticos del siglo XIX. En la Pascua de 1974 hablaba de ellos a unos, estudiantes universitarios de todo el mundo en estos términos:
Tenían toda una ilusión romántica, se sacrificaban y luchaban por alcanzar esa democracia con la que soñaban, y una libertad personal con responsabilidad personal.
Así hay que amar la libertad: con responsabilidad personal. (...) Pienso que soy
–les decía bromeando– el último romántico, porque amo la libertad personal de todos –la de los no católicos también– (...) Amo la libertad de los demás, la vuestra, la del que pasa ahora mismo por la calle, porque si no la amara, no podría defender la mía. Pero ésa no es la razón principal. La razón principal es otra: que Cristo murió en la Cruz para darnos la libertad, para que nos quedáramos in libertatem gloriae filiorum Dei.

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Acceso directo a los capítulos
Presentación
Capítulo Primero: Una Familia Cristiana
Capítulo Segundo: Vocación al sacerdocio
Capítulo Tercero: La fundación del Opus Dei
Capítulo Cuarto: Tiempo de amigos
Capítulo Quinto: Corazón Universal
Capítulo Sexto: El resello de la filiación divina
Capítulo Séptimo: Las Horas de la Esperanza
Capítulo Octavo: Las libertad de los hijos de Dios
Capítulo Noveno: Padre de familia numerosa y pobre
Epílogo

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Conoció a san Josemaría en 1944 y al poco tiempo solicitó la admisión al Opus Dei: "Le daría un diez especialmente al director, porque lo que ha dicho es verdad. Ha cogido quien era él, la capacidad de perdonar, la capacidad de olvidar, de animarte". (El sonido no es bueno, pero ha prevalecido el valor del testimonio).

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