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Mons. Josemaría Escrivá de Balaguer

El Señor es Padre y muy Padre nuestro

Etiquetas: Amar al mundo apasionadamente, Filiación divina, Lucha ascética
Pero sería falso pensar que el Fundador del Opus Dei recurría a la filiación divina sólo en los momentos difíciles. Al contrario, ser –saberse– hijo de Dios era una realidad tan profunda, que penetraba toda su vida. Escribía en Consideraciones Espirituales: Preciso es que nos empapemos, que nos saturemos de que Padre y muy Padre nuestro es el Señor que está junto a nosotros y en los cielos. Y nunca dejó de insistir en la necesidad de pararse a pensar frecuentemente, cada día, en esta gran realidad. Porque saberse hijo de un Padre que es Dios, además de consolar, estimula a una conducta mejor. Lo refleja bien esta otra consideración espiritual de 1934:
Los hijos... ¡Cómo procuran comportarse dignamente cuando están delante de sus padres!
Y los hilos de Reyes, delante de su padre el Rey, ¡cómo procuran guardar la dignidad de la realeza!
Y tú... ano sabes que estás siempre delante del Gran Rey, tu Padre–Dios?


Mons. Escrivá de Balaguer dirigía estas enseñanzas a todos, también a los socios del Opus Dei. El 24 de mayo de 1974, les decía en Sáo Paulo:
El Señor quiere que estemos en e1 mundo y que lo amemos, sin ser mundanos. El Señor desea que permanezcamos en este mundo –que ahora está tan revuelto, donde se oyen clamores de lujuria, de desobediencia, de rebeldías que no llevan a ninguna parte–, para que enseñemos a la gente a vivir con alegría. La gente está triste. Hacen mucho ruido, cantan, bailan, gritan, pero sollozan. En el fondo del corazón, no tienen más que lágrimas: no son felices, son desgraciados. Y el Señor, a vosotros y a mí, nos quiere felices.

Para casi todos los presentes, era la primera vez en su vida que estaban junto al Fundador del Opus Dei, y quizá no imaginaban la capacidad de Mons. Escrivá de Balaguer para cifrar en dos palabras, como hizo entonces, la historia de una vocación bien vivida:
Seremos felices, si luchamos y vencemos. Cada uno de vosotros tiene una experiencia personal, como la tengo yo. Cada uno de vosotros sabe que, todos los días, hay una porción de batallas.

Y terminaba con una afirmación de optimismo:
Sé que todos estáis decididos a luchar. Sé que ninguno de vosotros es cobarde, que todos sois valientes, que no tenéis miedo...

Porque –no importa repetirlo– un hijo de Dios no puede tener miedo... Saber que Dios es Padre hace serena la entrega y confiada la lucha interior. Este sentido de la filiación divina, siendo característica general de la vida cristiana, tomó, sin embargo, una forma peculiar e intensa en la vida del Fundador y del Opus Dei en un momento bien preciso de 1931:
En momentos humanamente difíciles, en los que tenía sin embargo la seguridad de lo imposible –de lo que hoy contempláis hecho realidad–, sentí la acción del Señor que hacia germinar en mi corazón y en mis labios, con la fuerza de algo imperiosamente necesario, esta tierna invocación: Abba Pater! Estaba yo en la calle, en un tranvía: la calle no impide nuestro diálogo contemplativo; el bullicio del mundo es, para nosotros, lugar de oración.


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Acceso directo a los capítulos
Presentación
Capítulo Primero: Una Familia Cristiana
Capítulo Segundo: Vocación al sacerdocio
Capítulo Tercero: La fundación del Opus Dei
Capítulo Cuarto: Tiempo de amigos
Capítulo Quinto: Corazón Universal
Capítulo Sexto: El resello de la filiación divina
Capítulo Séptimo: Las Horas de la Esperanza
Capítulo Octavo: La libertad de los hijos de Dios
Capítulo Noveno: Padre de familia numerosa y pobre
Epílogo

Gracias a la autorización expresa de Ediciones Rialp ha sido posible recoger esta publicación en formato electrónico en la presente página web.

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