PortadaLibrosApuntes sobre la vida del fundador del Opus DeiCorazón Universal: Cada caminante siga su camino
Libros
Mons. Josemaría Escrivá de Balaguer

Corazón Universal: Cada caminante siga su camino

Etiquetas: Generosidad
La tarea de hacer el Opus Dei abrumaba a su Fundador: se sentía instrumento inepto y sordo, sin ningún medio humano. Pero, con incalculable generosidad, supo dar todo de su parte para cumplir la misión que Dios le exigía. Y es importante comprobar también que las fatigas de su llamada específica en absoluto le hicieron perder la perspectiva de la Iglesia universal Mons. Escrivá de Balaguer queda para la historia come: figura muy alejada del “apóstol especializado”. Pues sintió como suyos los afanes de todos cuantos trabajaban por la Iglesia. Llevó muchas almas a la vida de oración, en la calle o en el convento; trabajó por los sacerdotes y los religiosos; amó con obras a la Jerarquía; toda su vida fue una entrega al servicio de la Iglesia entera.

Bien grabado quedó en el alma de una de aquellas chicas que sé confesaban con él en la iglesia de Santa Isabel, Natividad González: muchas veces le habló de amar a la Iglesia y al Papa con obras, de obedecer todos sus mandatos. Le explicaba que la Obra era y sería siempre muy romana, que tenía y tendría siempre a gala amar a la Iglesia santa, una, católica, apostólica y romana.

Asunción Muñoz, Dama Apostólica que contempló muy de cerca el quehacer del Fundador del Opus Dei entre 1927 y 1931, testimonia que “comprendió muy bien nuestro espíritu aun cuando luego él fundara el Opus Dei con un modo de buscar la santidad muy diverso. Habiéndole conocido, esto se explica con facilidad ya que él acataba todo lo bueno, todo lo grande, todo lo santo... Tenía un espíritu muy universal. Quería todo cuanto fuera para la Gloria de Dios. Y por eso nos conoció muy bien y nos ayudó muchísimo y nos tuvo un gran afecto”.

En 1933 prosiguió, de manera más organizada, como sabemos, su trabajo apostólico con la gente joven: círculos, meditaciones y retiros, actos de devoción eucarística, etc. Desde el primer momento, cuando explicaba esas actividades a los que se incorporaban, les decía siempre que no se trataba de formar ninguna asociación: ya hay muchas y muy buenas, salía repetir. Se limitaba a ofrecer unos medios de formación, unas clases de doctrina cristiana que, de hecho y de derecho, eran compatibles con pertenecer o seguir perteneciendo a cualquier asociación de las que entonces existían. Esta actitud no era táctica, sino pura consecuencia de su espíritu abierto, universal, católico, que se alegraba –se alegraría toda su vida– con las manifestaciones de celo de los demás.

El P. Sancho, O. P., regresó de Manila en 1935. Le interesaba en aquella fecha de modo especial el apostolado con los jóvenes. Conoció entonces a las Teresianas, y a la señorita Segovia, que le habló un dio de don Josemaría. El P. Sancho reconoce el afecto con que el Fundador del Opus Dei ayudó a esta Institución, y cómo bendecía a Dios ante cualquier apostolado del que tuviera noticia: “No fue jamás exclusivista, tenía un espíritu muy amplio, un celo infatigable por todas las almas”.


←página anterior == página siguiente →


Acceso directo a los capítulos
Presentación
Capítulo Primero: Una Familia Cristiana
Capítulo Segundo: Vocación al sacerdocio
Capítulo Tercero: La fundación del Opus Dei
Capítulo Cuarto: Tiempo de amigos
Capítulo Quinto: Corazón Universal
Capítulo Sexto: El resello de la filiación divina
Capítulo Séptimo: Las Horas de la Esperanza
Capítulo Octavo: La libertad de los hijos de Dios
Capítulo Noveno: Padre de familia numerosa y pobre
Epílogo


Gracias a la autorización expresa de Ediciones Rialp ha sido posible recoger esta publicación en formato electrónico en la presente página web.