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Mons. Josemaría Escrivá de Balaguer
Una nueva visión del trabajo
Por aquel tiempo, para una gran mayoría de estudiantes, el trabajo profesional era un simple medio para labrarse un futuro en la vida. No faltaban en la Universidad de Madrid los grupos de activistas que desde posiciones muy diversas coincidían en politizarlo todo. Estaban luego algunas minorías –entre los más intelectuales– que miraban con cierto desprecio las prácticas religiosas. Frente a ellos, los grupos católicos confesionales, preocupados por el futuro de la religión, trabajaban con vistas a ocupar puestos en la vida civil desde los que poder servir a la Iglesia.
El Fundador del Opus Dei no quería resolver ningún problema inmediato. El enfoque con el que planteaba la santificación del trabajo era absolutamente nuevo, original. Se refería siempre a los primeros cristianos –explicara o no la Obra–, con lo cual el trabajo, o el estudio, se concebían como elementos indispensables en la vida de un hombre corriente para tratar de ser santo en medio del mundo. El esfuerzo por santificar el trabajo –cualquiera que fuese– era además inseparable del Mandatum novum de la caridad: espíritu de servicio, capacidad de sacrificio para ayudar de veras a los demás, al margen de todo egoísmo personal; sentido de responsabilidad ante todos los problemas de los hombres.
Iba a la raíz: santificar el trabajo significaba, ante todo, convertir el trabajo en oración. Era una realidad tan nuclear, tan de fondo, que –como reseñaba en una ocasión don Álvaro del Portillo–, si hubiera sido posible, no quería el Fundador que la Obra se llamara de ninguna manera: hasta que en 1930 alguien le preguntó: ¿Cómo va esa Obra de Dios? “Fue una llamarada de claridad: puesto que debería llevar uno, ése era el nombre: Obra de Dios, Opus Dei, operatio Dei, trabajo de Dios; trabajo profesional, ordinario, hecho por personas que se saben instrumentos de Dios; trabajo realizado sin abandonar los afanes del mundo, pero convertido en oración y en alabanza del Señor –Opus Dei– en todas las encrucijadas de los caminos de los hombres”.
La semilla tardaría necesariamente tiempo en prender y dar todos sus frutos, porque no iba por ahí el ambiente general. En 1941, Víctor García Hoz, que se confesaba con don Josemaría, se llenó de asombro cuando un día le dijo: Dios te llama por caminos de contemplación. “Por aquellos años –analiza– resultaba casi incomprensible que a un hombre casado, con dos o tres hijos entonces y esperando, como ocurrió en realidad, la llegada de más hijos, teniendo que trabajar para sacar adelante su familia, se le hablara de la contemplación como algo que él tenía que realizar”.
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Acceso directo a los capítulos
Presentación
Capítulo Primero: Una Familia Cristiana
Capítulo Segundo: Vocación al sacerdocio
Capítulo Tercero: La fundación del Opus Dei
Capítulo Cuarto: Tiempo de amigos
Capítulo Quinto: Corazón Universal
Capítulo Sexto: El resello de la filiación divina
Capítulo Séptimo: Las Horas de la Esperanza
Capítulo Octavo: La libertad de los hijos de Dios
Capítulo Noveno: Padre de familia numerosa y pobre
Epílogo
Gracias a la autorización expresa de Ediciones Rialp ha sido posible recoger esta publicación en formato electrónico en la presente página web.
El Fundador del Opus Dei no quería resolver ningún problema inmediato. El enfoque con el que planteaba la santificación del trabajo era absolutamente nuevo, original. Se refería siempre a los primeros cristianos –explicara o no la Obra–, con lo cual el trabajo, o el estudio, se concebían como elementos indispensables en la vida de un hombre corriente para tratar de ser santo en medio del mundo. El esfuerzo por santificar el trabajo –cualquiera que fuese– era además inseparable del Mandatum novum de la caridad: espíritu de servicio, capacidad de sacrificio para ayudar de veras a los demás, al margen de todo egoísmo personal; sentido de responsabilidad ante todos los problemas de los hombres.
Iba a la raíz: santificar el trabajo significaba, ante todo, convertir el trabajo en oración. Era una realidad tan nuclear, tan de fondo, que –como reseñaba en una ocasión don Álvaro del Portillo–, si hubiera sido posible, no quería el Fundador que la Obra se llamara de ninguna manera: hasta que en 1930 alguien le preguntó: ¿Cómo va esa Obra de Dios? “Fue una llamarada de claridad: puesto que debería llevar uno, ése era el nombre: Obra de Dios, Opus Dei, operatio Dei, trabajo de Dios; trabajo profesional, ordinario, hecho por personas que se saben instrumentos de Dios; trabajo realizado sin abandonar los afanes del mundo, pero convertido en oración y en alabanza del Señor –Opus Dei– en todas las encrucijadas de los caminos de los hombres”.
La semilla tardaría necesariamente tiempo en prender y dar todos sus frutos, porque no iba por ahí el ambiente general. En 1941, Víctor García Hoz, que se confesaba con don Josemaría, se llenó de asombro cuando un día le dijo: Dios te llama por caminos de contemplación. “Por aquellos años –analiza– resultaba casi incomprensible que a un hombre casado, con dos o tres hijos entonces y esperando, como ocurrió en realidad, la llegada de más hijos, teniendo que trabajar para sacar adelante su familia, se le hablara de la contemplación como algo que él tenía que realizar”.
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Capítulo Primero: Una Familia Cristiana
Capítulo Segundo: Vocación al sacerdocio
Capítulo Tercero: La fundación del Opus Dei
Capítulo Cuarto: Tiempo de amigos
Capítulo Quinto: Corazón Universal
Capítulo Sexto: El resello de la filiación divina
Capítulo Séptimo: Las Horas de la Esperanza
Capítulo Octavo: La libertad de los hijos de Dios
Capítulo Noveno: Padre de familia numerosa y pobre
Epílogo
Gracias a la autorización expresa de Ediciones Rialp ha sido posible recoger esta publicación en formato electrónico en la presente página web.
Relación de contenidos
- Un sacerdote cien por cien
- Alma sacerdotal y mentalidad laical
- La Misa, centro y la raíz de la vida interior
- Amor a la Sagrada Eucaristía
- Una Misa en pleno monte
- Pues sé tú también muy loco, hijo mío
- Yo soy anticlerical porque amo al sacerdote
- Un sacerdote que sólo hablaba de Dios
- Tres amores: Cristo, María, el Papa
- Manifestaciones de cariño a la Virgen y a San José
- En los momentos decisivos de la historia del Opus Dei
- Padre cura, ésta no vale 'na' ¡la nuestra es la que vale!
- La Virgen y por fin, el Papa, el dulce Cristo en la tierra
- Diréis que el Padre amaba al Papa con toda su alma
- Un sacerdote español 'muy romano'
- Afán por todas las almas
- Solicitud sacerdotal
- Contagiar de entusiasmo sacerdotal a los sacerdotes
- Retiros que dejan huella
- Rezad por todos los sacerdotes
- Amor a los religiosos
- El tesoro de la Iglesia
- Muchas vocaciones
- Madrid, 2 de octubre de 1928
- Instrumento inepto y sordo
- Viejo como el Evangelio, y como el Evangelio nuevo
- Se escapaban las almas como las anguilas en el agua
- Una nueva visión del trabajo
- La característica más decisiva de su personalidad
- Y el Fundador del Opus Dei siguió trabajando
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