PortadaLibrosApuntes sobre la vida del fundador del Opus DeiUna en el clavo y ciento en la herradura
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Mons. Josemaría Escrivá de Balaguer

Una en el clavo y ciento en la herradura

Etiquetas: Cruz, Familia Escrivá, Pobreza
Los padres de Josemaría supieron rendirse generosamente a la voluntad de Dios. Llevaron sin una queja, como hemos visto, las pruebas que la Providencia divina permitió. El Espíritu Santo preparaba así, escondidamente, al Fundador del Opus Dei, que, andando los años, aceptaría humildemente:
Yo he hecho sufrir siempre mucho a los que tenía alrededor. No he provocado catástrofes, pero el Señor, para formarme a mí, que era el clavo –perdón, Señor–, daba una en el clavo y ciento en la herradura. Y vi a mi padre como la personificación de Job. Le vi sufrir con alegría, sin manifestar el sufrimiento. Y vi una valentía que era una escuela para mí, porque después he sentido tantas veces que me faltaba la tierra y que se me venía el cielo encima, como si fuera a quedar aplastado entre dos planchas de hierro.

La vida de los Escrivá fue humanamente difícil. Dios quería que el Opus Dei naciera sin apoyos ni asideros terrenos, como reconocería, firmemente convencido, su Fundador:
Mi padre se arruinó totalmente, y cuando el Señor quiso que yo comenzara a trabajar en el Opus Dei, yo no tenía ni una virtud, ni una peseta; no tenía más que la gracia de Dios y buen humor. ¿Veis qué bueno fue esto? Ahora quiero más a mi padre, y doy gracias a Dios de que no le fuera nada bien en los negocios, porque así sé lo que es la pobreza; si no, no lo hubiera sabido. Siento un orgullo santo: amo a mi padre con toda mi alma, y estoy seguro de que goza de un cielo muy alto porque supo llevar toda la humillación que supone quedarse en la calle, de una manera tan digna, tan maravillosa, tan cristiana.

De igual manera, la Providencia divina se sirvió de esta familia para que Mons. Escrivá de Balaguer aprendiera, ya desde muy niño, a querer a Dios y a su Madre Santa María, y se encaminara con toda normalidad por los senderos de la oración cristiana. El amor humano fue cauce del amor de Dios. El Fundador del Opus Dei lo subrayaría en infinidad de ocasiones, para hacer ver cómo debe ser el trato del alma enamorada con su Dios:
Cuando hay amor, me atrevería a afirmar que no hace falta ni siquiera hacer propósitos. Mi madre nunca hizo propósitos de quererme, ¡y hay que ver qué detalles de cariño tenía conmigo!


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Presentación
Capítulo Primero: Una Familia Cristiana
Capítulo Segundo: Vocación al sacerdocio
Capítulo Tercero: La fundación del Opus Dei
Capítulo Cuarto: Tiempo de amigos
Capítulo Quinto: Corazón Universal
Capítulo Sexto: El resello de la filiación divina
Capítulo Séptimo: Las Horas de la Esperanza
Capítulo Octavo: La libertad de los hijos de Dios
Capítulo Noveno: Padre de familia numerosa y pobre
Epílogo


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