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Mons. Josemaría Escrivá de Balaguer
Un sacerdote cien por cien
En Perdiguera trabajó –hasta el 18 de mayo de 1925– como un sacerdote ejemplar, según estima el entonces monaguillo, hoy sacristán de la parroquia, don Teodoro Murillo Escuer: tiempo de confesionario, Santa Misa, rosario por la tarde, hora santa los jueves, catequesis y primeras comuniones, preocupación especial por los enfermos. Los visitaba con frecuencia y, si les pedían sacramentos, siempre los facilitaba: “Por aquella época sólo se solía llevar la Sagrada Comunión a los enfermos graves, y en procesión; él la llevaba a todos los enfermos que la pidiesen y en privado”.
Teodoro Murillo sintió de veras su marcha. En tan poco tiempo le había tomado gran afecto, porque era “alegre, con un humor excelente, muy educado, sencillo y cariñoso”.
Don Josemaría volvió a Zaragoza. Dedicó más horas que antes a terminar sus estudios civiles. Su madre y sus hermanos vivían con él en una casa de la calle de San Miguel –derribada años después–, poco más allá del cruce con la de Santa Catalina. Dio clases de Derecho Romano y Canónico en el Instituto Amado, quizá para atenderlos económicamente.
Dirigía aquel centro, situado en la calle de Don Jaime 1, número 44, don Santiago Amado Lóriga, capitán de Infantería, Licenciado en Ciencias. Era una academia, como las que existían en las ciudades más importantes del país, en la que se podían estudiar el Bachillerato y los cursos preparatorios de algunas Facultades. También se preparaban allí alumnos para el ingreso en las Escuelas de Ingenieros y en las Academias Militares, o para las conocidas oposiciones a Abogados del Estado, Judicatura, Notarías y Registros, o para otros muchos concursos a cuerpos del Estado. En el Instituto Amado se formaban además estudiantes de Derecho, Letras, Ciencias, Comercio y Magisterio.
Debió ser un centro de prestigio –no pura academia preparatoria de oposiciones–, pues en 1927 comenzó a publicar una, revista mensual, en la que, junto a informaciones generales, se incluían ensayos especializados sobre Derecho, temas militares, o Ingeniería y Ciencias. Entre sus profesores figuraron personas que serían antes o después catedráticos de Universidad, o figuras conocidas en la vida española. En el número 3 de la revista, correspondiente a marzo de 1927, aparece, por ejemplo, una nota de don Santiago Amado, director del Instituto, que explica la ausencia de la colaboración de un profesor del centro, don Luis Sancho Seral, porque acaba de ganar sus oposiciones a la cátedra de Derecho Civil en Zaragoza. Se publica también en ese número un artículo de don Josemaría Escrivá, sobre La forma del matrimonio en la actual legislación española: es el primer texto impreso que se conoce del Fundador del Opus Dei.
En Zaragoza celebraba Misa por lo general en la iglesia de San Pedro Nolasco, de los PP. Jesuitas, que residían en las torres de San Ildefonso, pero iban a San Pedro para el culto (todos los Padres y Hermanos de aquella comunidad han fallecido). Acudía, con gente joven, a varias catequesis, una en el barrio de Casablanca. En la Semana Santa de 1927 fue destinado a Fombuena. En el archivo de la Notaría Mayor del Arzobispado de Zaragoza consta su nombramiento como regente auxiliar del señor párroco de Perdiguera (30 marzo de 1925), pero su nombre no vuelve a aparecer en ese archivo, hasta el 17 de marzo de 1927, en que se le concede permiso por dos años, para marchar a Madrid, con motivo de estudios.
Mientras esperaba confiadamente la definitiva luz de Dios, don Josemaría fue –como será toda su vida– un sacerdote cien por cien, entregado a su ministerio.
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Acceso directo a los capítulos
Presentación
Capítulo Primero: Una Familia Cristiana
Capítulo Segundo: Vocación al sacerdocio
Capítulo Tercero: La fundación del Opus Dei
Capítulo Cuarto: Tiempo de amigos
Capítulo Quinto: Corazón Universal
Capítulo Sexto: El resello de la filiación divina
Capítulo Séptimo: Las Horas de la Esperanza
Capítulo Octavo: La libertad de los hijos de Dios
Capítulo Noveno: Padre de familia numerosa y pobre
Epílogo
Gracias a la autorización expresa de Ediciones Rialp ha sido posible recoger esta publicación en formato electrónico en la presente página web.
Teodoro Murillo sintió de veras su marcha. En tan poco tiempo le había tomado gran afecto, porque era “alegre, con un humor excelente, muy educado, sencillo y cariñoso”.
Don Josemaría volvió a Zaragoza. Dedicó más horas que antes a terminar sus estudios civiles. Su madre y sus hermanos vivían con él en una casa de la calle de San Miguel –derribada años después–, poco más allá del cruce con la de Santa Catalina. Dio clases de Derecho Romano y Canónico en el Instituto Amado, quizá para atenderlos económicamente.
Dirigía aquel centro, situado en la calle de Don Jaime 1, número 44, don Santiago Amado Lóriga, capitán de Infantería, Licenciado en Ciencias. Era una academia, como las que existían en las ciudades más importantes del país, en la que se podían estudiar el Bachillerato y los cursos preparatorios de algunas Facultades. También se preparaban allí alumnos para el ingreso en las Escuelas de Ingenieros y en las Academias Militares, o para las conocidas oposiciones a Abogados del Estado, Judicatura, Notarías y Registros, o para otros muchos concursos a cuerpos del Estado. En el Instituto Amado se formaban además estudiantes de Derecho, Letras, Ciencias, Comercio y Magisterio.
Debió ser un centro de prestigio –no pura academia preparatoria de oposiciones–, pues en 1927 comenzó a publicar una, revista mensual, en la que, junto a informaciones generales, se incluían ensayos especializados sobre Derecho, temas militares, o Ingeniería y Ciencias. Entre sus profesores figuraron personas que serían antes o después catedráticos de Universidad, o figuras conocidas en la vida española. En el número 3 de la revista, correspondiente a marzo de 1927, aparece, por ejemplo, una nota de don Santiago Amado, director del Instituto, que explica la ausencia de la colaboración de un profesor del centro, don Luis Sancho Seral, porque acaba de ganar sus oposiciones a la cátedra de Derecho Civil en Zaragoza. Se publica también en ese número un artículo de don Josemaría Escrivá, sobre La forma del matrimonio en la actual legislación española: es el primer texto impreso que se conoce del Fundador del Opus Dei.
En Zaragoza celebraba Misa por lo general en la iglesia de San Pedro Nolasco, de los PP. Jesuitas, que residían en las torres de San Ildefonso, pero iban a San Pedro para el culto (todos los Padres y Hermanos de aquella comunidad han fallecido). Acudía, con gente joven, a varias catequesis, una en el barrio de Casablanca. En la Semana Santa de 1927 fue destinado a Fombuena. En el archivo de la Notaría Mayor del Arzobispado de Zaragoza consta su nombramiento como regente auxiliar del señor párroco de Perdiguera (30 marzo de 1925), pero su nombre no vuelve a aparecer en ese archivo, hasta el 17 de marzo de 1927, en que se le concede permiso por dos años, para marchar a Madrid, con motivo de estudios.
Mientras esperaba confiadamente la definitiva luz de Dios, don Josemaría fue –como será toda su vida– un sacerdote cien por cien, entregado a su ministerio.
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Acceso directo a los capítulos
Presentación
Capítulo Primero: Una Familia Cristiana
Capítulo Segundo: Vocación al sacerdocio
Capítulo Tercero: La fundación del Opus Dei
Capítulo Cuarto: Tiempo de amigos
Capítulo Quinto: Corazón Universal
Capítulo Sexto: El resello de la filiación divina
Capítulo Séptimo: Las Horas de la Esperanza
Capítulo Octavo: La libertad de los hijos de Dios
Capítulo Noveno: Padre de familia numerosa y pobre
Epílogo
Gracias a la autorización expresa de Ediciones Rialp ha sido posible recoger esta publicación en formato electrónico en la presente página web.
Relación de contenidos
- Un sacerdote cien por cien
- Alma sacerdotal y mentalidad laical
- La Misa, centro y la raíz de la vida interior
- Amor a la Sagrada Eucaristía
- Una Misa en pleno monte
- Pues sé tú también muy loco, hijo mío
- Yo soy anticlerical porque amo al sacerdote
- Un sacerdote que sólo hablaba de Dios
- Tres amores: Cristo, María, el Papa
- Manifestaciones de cariño a la Virgen y a San José
- En los momentos decisivos de la historia del Opus Dei
- Padre cura, ésta no vale 'na' ¡la nuestra es la que vale!
- La Virgen y por fin, el Papa, el dulce Cristo en la tierra
- Diréis que el Padre amaba al Papa con toda su alma
- Un sacerdote español 'muy romano'
- Afán por todas las almas
- Solicitud sacerdotal
- Contagiar de entusiasmo sacerdotal a los sacerdotes
- Retiros que dejan huella
- Rezad por todos los sacerdotes
- Amor a los religiosos
- El tesoro de la Iglesia
- Muchas vocaciones
- Madrid, 2 de octubre de 1928
- Instrumento inepto y sordo
- Viejo como el Evangelio, y como el Evangelio nuevo
- Se escapaban las almas como las anguilas en el agua
- Una nueva visión del trabajo
- La característica más decisiva de su personalidad
- Y el Fundador del Opus Dei siguió trabajando
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