Testimonios
Un puerto seguro para nuestro hogar
Yoko Kohno, Nishinomiya, Japón
1 de enero de 2001
En Navidad de 1964 recibí el Bautismo. Pasado algún tiempo, a través de una amiga, mi suegra y yo nos acercamos al Opus Dei. Recién bautizada e iniciándome en mi vida de casada, aquellas enseñanzas de san Josemaría me resultaban sumamente valiosas y las recibía con agradecimiento: todo era cosa nueva para mí.En 1978 comencé a impartir clases de escritura japonesa. Por entonces, nuestro cuarto hijo tenía cuatro años de edad. Me preocupaba pensar que me sería difícil compaginar ambas tareas: las del hogar, que no podían dejar de ser lo principal, y las clases. Me venían entonces a la cabeza las enseñanzas de san Josemaría, y apoyada en sus consejos logré mantener el equilibrio apropiado entre mi labor como profesora y las tareas del hogar. Contaba, además, con la ayuda y orientación de la dirección espiritual que proporciona el Opus Dei.
Tuve la alegría de comprobar cuánto cooperaban conmigo mis hijos, con su buen comportamiento. Como si se hubieran hecho cargo de la situación, procuraban ayudarse mutuamente. Mi nueva tarea profesional tuvo un valor pedagógico para ellos: crecieron en fortaleza y en generosidad y aprendieron a moverse más responsablemente. Además, mis hijos varones empezaron a acudir regularmente a actividades que se organizaban en un centro juvenil cuya orientación espiritual estaba encomendada al Opus Dei. Fueron madurando.
Han pasado los años y mis hijos se han hecho hombres. Los veo recurrir a veces en busca del consejo acertado de aquellos de quienes se fían y con quienes trabaron amistad de niños. Las enseñanzas de san Josemaría han sido para mi familia como un puerto seguro al que recurre la barquilla de nuestro hogar: allí encuentra la fortaleza y vuelve a hacerse a la mar.

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