Testimonios
Un pequeño libro que llevo siempre conmigo
Emily Mwangi, Kenya
Emily Mwangi cuenta cómo las enseñanzas de san Josemaría Escrivá influyeron en su vida:“Conocí el Opus Dei en Kibondeni College, donde era feliz y estudiaba con verdaderas ganas. Durante mi estancia allí obtuve el Certicado nacional en Hostelería. Ahora me doy cuenta de que además de lo profesional, recibí una buena dosis de formación cultural y cristiana, que no sólo me ayudó a mí a portarme recta y honestamente a mí, sino también a los que tengo a mi alrededor.
Mi primer empleo fue en una empresa que fabrica tuberías. Me encargada de la cocina: preparar las comidas para los directores, 16 en total. Les gustaba cómo cocinaba y solían acercarse a menudo para darme las gracias. La primera semana me quedé después del trabajo para limpiar a fondo las paredes, las instalaciones y el suelo. A la semana siguiente, el director “senior” me preguntó cuándo se había pintado la cocina, porque no tenía proyectado hacerlo. Le expliqué que únicamente la había limpiado, y no lo podía creer.
Después del primer empleo, trabajé en el servicio de dietas de un hospital, también como encargada de la cocina. Atendía a 240 personas. Era un gran desafío. Además del reto profesional, tuve que hacer frente a algunas dificultades que se presentaban con los empleados, pues me di cuenta de que tenía que ayudarles a corregir algunas actuaciones equivocadas. Entonces me acordé de un consejo de san Josemaría: “No tomes una decisión sin detenerte a considerar el asunto delante de Dios”.
Decidí afrontar el tema desde lejos y un día, mientras trabajábamos les pregunté porque nunca iban a la Iglesia los domingos. Se quedaron sorprendidos: “¿Cómo podemos cocinar, preparar todos los menús puntualmente y al mismo tiempo acudir a la Iglesia? Es imposible.”, me contestó uno. Entonces preparamos unos turnos de trabajo especiales para los domingos, y así todos podían ir a sus respectivas Iglesias (cada uno de los que trabajan en la cocina pertenecía a una denominación cristiana distinta).
Cuando ya estaba “rodada” en el trabajo y conocía bien a mi equipo, me atreví a abordar los asuntos que me preocupaban. Pedí la colaboración de todos. Me asombró comprobar que los problemas se iban resolviendo. En la cocina empezó a crearse un agradable ambiente de compañerismo.
Más adelante, otro jefe de departamento se animó a hacer lo mismo: hablar con sus empleados y adelantarse a sus necesidades. El resultado positivo fue inmediato. Cuando los directivos me dieron las gracias les dije que, en realidad, las ideas me venían de un pequeño libro que llevo siempre conmigo, "Camino", que está escrito por san Josemaría Escrivá, fundador del Opus Dei.”

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