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Un "continuum" de Amor

Bárbara Spencer

Etiquetas: Amor de Dios, Caridad, Cosas pequeñas, Servicio, Unidad de vida
Una sociedad india de filantropía, Sampradaan, publicó en su revista anual un artículo de Barbara Spencer que comenta las enseñanzas de san Josemaría. Recogemos a continuación el texto íntegro del artículo:


La expresión “obras de caridad” se aplica con tanta rutina a las iniciativas sin ánimo de lucro y a las organizaciones no gubernamentales que, a menudo, olvidamos que su origen es la caridad o el amor. Usamos la palabra filantropía (derivada etimológicamente de la palabra griega que significa “amor al hombre”) para definir el fomento de donativos a obras de misericordia, algo que parece lejano a la realidad de la autodonación personal.

Esto es el amor: darnos -a nosotros mismos- a otros. Damos nuestra estima y aprecio a otro, deseamos lo bueno para otro, compartimos la alegría, nos compadecemos del dolor, o tratamos de socorrer las necesidades de los otros. Esta fuerza vital y la comunión mutua da sentido a lo que hacemos.

Pero, ¿es así?, ¿es ése el motivo real de la filantropía? ¿Es el amor a otro o el amor a mi mismo? Inundados de preocupaciones administrativas, a veces libramos insignificantes batallas, quizás buscando el reconocimiento de nuestro ego o la evasión de los problemas por medios que no son rectos precisamente. Comenzamos con la mejor de las intenciones pero, en algún lugar a lo largo del camino, nos desviamos hacia el egoísmo, el orgullo y la avaricia.

Todos tenemos incorporado un “medidor de hipocresía” que trabaja mucho mejor para detectar la hipocresía en otras personas que en nosotros mismos. Cuando damos marcha atrás y contemplamos en la oración nuestras acciones, podemos examinar nuestros motivos con la ayuda de Dios, que es la fuente del amor, es el Amor: “En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que Él nos amó ” (1 Jn 4,10).

Toda religión respeta la regla de oro de hacer a los otros lo que nos gustaría que hicieran con nosotros. De Dios hemos aprendido a amar. “Si nos amamos unos a otros, Dios permanece en nosotros, y su amor alcanza en nosotros su perfección” (1 Jn 4,12). El amor a uno mismo es la receta más segura contra la tristeza y seremos más felices cuando hagamos cosas por amor auténtico a los demás.

En el ámbito de la filantropía existe el riesgo de la hipocresía, de la incoherencia y una ruptura en el continuum de amor. Quizá, es más fácil dar dinero para aliviar nuestra conciencia, para imaginar que somos generosos con una anónima masa de necesitados, que ser paciente con los aburridos defectos de nuestro esposo. La filantropía suena sublime, importante y tremendamente valiosa. La amabilidad cotidiana en el hogar es agradable, pero no te inscribe en los libros de historia o en los periódicos. Pasa desapercibida.

En el siglo XX, Josemaría Escrivá que fue declarado santo el 6 de octubre de 2002, enseñó el valor de lo ordinario, del servicio escondido a los otros. Decía que el trabajo hecho con amor se convierte en trabajo de Dios. Aconsejaba vivir la “unidad de vida” que impide que los creyentes sean espiritualmente esquizofrénicos, es decir que digan con sus palabras una cosa y con sus acciones manifiesten algo totalmente diferente.

Poner nuestros talentos, nuestras energía y nuestros intereses al servicio de otros es autodonación real. Es el sueño que sacrificamos por un miembro de la familia que está enfermo, contener un comentario irritado cuando nos sentimos cansados de nosotros mismos, tratar de irradiar optimismo cuando todos protestan, sacar tiempo para preparar una cena para la familia, hacer algo bien incluso si es otro quién se lleva el mérito.

El interés humano es el real “amor al hombre” que los griegos entendían por “filantropía”. Puede también ser expresión de amor hacia Dios y hacia las criatruras que Él ha creado. Escrivá decía a menudo que Dios no se deja ganar en generosidad. Nosotros nos damos cuenta de que cuando nos damos a nosotros mismos, a pesar de “tener menos”, ganamos mucho más. Quién trabaja personalmente en obras de caridad ha experimentado los regalos inesperados que recibe a cambio.

“A quien siente el agobio de una situación difícil, yo le aconsejaría que procure también olvidarse un poco de sus propios problemas, para preocuparse de los problemas de los demás: haciendo esto, tendrá más paz y, sobre todo, se santificará”, decía Escrivá (Conversaciones con Monseñor Escrivá de Balaguer, 97)”.

La vida debería ser una contínua lucha por ser mejor “filántropo”. No necesitas tener abundancia de recursos para participar en la filantropía: empieza por darte a los más cercanos a ti en tu vida diaria y Dios te ayudará a querer más.


Revista Sampradaan, India, 2004,

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