Libros
Mons. Josemaría Escrivá de Balaguer

¿Virtud sin orden? –¡Rara virtud!

Etiquetas: Orden, Plan de Vida
Mons. Escrivá de Balaguer fue capaz de trabajar mucho –y duro– sin perder el sosiego, porque sabía dar importancia a lo verdaderamente importante, porque era extraordinariamente ordenado.

El 11 de junio de 1976, en el Colegio Mayor Aralar, de la Universidad de Navarra, el actual Presidente General del Opus Dei expuso a un numeroso grupo de estudiantes una anécdota expresiva. Cumpliendo un deber filial, procuró cuidar mucho al Fundador y, en concreto, siempre que pasaban por Pamplona, disponía las cosas para que le vieran los médicos. Una vez, dentro de una de esas revisiones generales, le hicieron un electroencefalograma y comentaron: “Es el trazado habitual de un hombre de empresa”.

“Y el Padre –agregaba don Álvaro del Portillo– perfeccionó su constitución física, somática, con una batalla larga e intensísima, para llegar al culmen en la virtud del orden. En un cuaderno que escribió hacia 1932, sobre su lucha y su vida interior, el Padre habla de la necesidad de ser más ordenado todavía... Por aquellos años, su trabajo estaba lleno de imprevistos: atención de moribundos en las barriadas extremas de Madrid, labor de catequesis por toda la ciudad, preparación de miles de niños para la Confesión y para la primera Comunión. Además, dedicaba muchas horas a hacer oración delante del Santísimo, rezaba las tres partes del Santo Rosario, leía el Breviario con pausa y atención. El Padre, que –insisto– era ordenado por naturaleza, y hasta por constitución cerebral, se obligó a una lucha titánica para mejorar su orden y poder llegar a más almas, sin perder un minuto de oración, de trato directo con su Padre Dios, imprescindible para vivir vida contemplativa a lo largo de todo su día de labor infatigable”.

De esta lucha se valdría el Espíritu Santo para imprimir en su alma dos consecuencias prácticas. Una la redactó entonces, en 1932, la recogió luego en Consideraciones Espirituales, y pasó al punto 79 de Camino: ¿Virtud sin orden? –¡Rara virtud! La segunda ayudaría mucho, con el tiempo, a hombres y mujeres que desempeñan profesiones desordenadas –como la de médico o periodista–, en las que es difícil programar, porque cada día surgen nuevos imprevistos. Sobre ese aparente desorden –les enseñó siempre el Fundador del Opus Dei–, cada uno tiene que aprender a construir su propio orden. Este consejo resumía una parte de su lucha –mientras fue Capellán en Santa Engracia– para ser cada día más ordenado por amor a Dios y a las almas, para llevar el orden natural a un plano sobrenatural y para mostrar con hechos que no se podía estar en lo grande sin estar en lo pequeño.


←página anterior == página siguiente →


Acceso directo a los capítulos
Presentación
Capítulo Primero: Una Familia Cristiana
Capítulo Segundo: Vocación al sacerdocio
Capítulo Tercero: La fundación del Opus Dei
Capítulo Cuarto: Tiempo de amigos
Capítulo Quinto: Corazón Universal
Capítulo Sexto: El resello de la filiación divina
Capítulo Séptimo: Las Horas de la Esperanza
Capítulo Octavo: La libertad de los hijos de Dios
Capítulo Noveno: Padre de familia numerosa y pobre
Epílogo


Gracias a la autorización expresa de Ediciones Rialp ha sido posible recoger esta publicación en formato electrónico en la presente página web.