Testimonios
Todos pertenecemos a la raza de los hijos de Dios
Willo Indakuli, empleada del hogar, Kenia
9 de abril de 2008
Willo Indakuli, pidió la admisión en el Opus Dei como Numeraria Auxiliar en Kenia, y conoció a San Josemaría en 1972 en Roma. Recogemos algunos de sus recuerdos sobre su encuentro con el fundador del Opus Dei. Afirma que las enseñanzas de San Josemaría son muy actuales hoy en día.¿Como descubrió usted el Opus Dei?
Conocí el Opus Dei cuando decidí hacer un curso de formación en hostelería, en el colegio que ahora se llama Kibondeni College. Una señora holandesa que se llamaba Ria, profesora en el colegio Mukumu Girls Secondary School donde yo estudiaba, me sugirió solicitar una plaza y me ayudó con la fórmula de solicitud. Eso fue en octubre de 1966. Durante el curso vivía con gente del Opus Dei. Mientras tanto, me di cuenta de que quizás Dios me llamaba a servirle en el Opus Dei y pedí la admisión en mayo de 1967.
¿Conoció usted a San Josemaría?
Conocí al Padre, en la administración de la sede central del Opus Dei, en Roma. Acababa de llegar con otras dos personas de Kenia. Era el día 1 de octubre de 1972. Una de las Kenianas se presentó y añadió: ‘Padre, soy Kikuyu’. La segunda dijo lo mismo. Yo también me presenté y añadí: “Padre, soy Luhya”. Entonces San Josemaría nos miró y dijo: “Hijas mías, todos pertenecemos a la raza de los hijos de Dios”.
¿Su encuentro con San Josemaría le cambió la vida de alguna manera?
Sí. Antes de ese encuentro, daba muchísima importancia a las tribus de las que procedían las personas. Pero después de esa conversación, le di vueltas y caí en la cuenta de que San Josemaría tenía razón: todos somos hijos de Dios.
En Roma, además, conocí a muchas personas que procedían de distintos países del mundo y las palabras del Fundador me ayudaron a trabajar y convivir con todas, sin hacer distinción de nacionalidades o tribus.
De él aprendí la unidad de la Obra. La unidad familiar era muy importante para San Josemaría. Se veía que el Padre quería de verdad a sus hijas de África y siempre nos buscaba con la mirada en las tertulias.
Esto marcó mi modo de pensar. Ahora, por ejemplo, durante el reciente conflicto étnico en Kenia, en mis conversaciones con la gente nunca pienso en su etnia de origen, y no tengo ningún problema en convivir con personas procedentes de otras tribus.
¿Y para terminar?
Agradezco mucho a Dios mi vocación al Opus Dei y el haber conocido personalmente a San Josemaría. No es común haber conocido en vida a un santo canonizado por la Iglesia.

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