PortadaLibrosApuntes sobre la vida del fundador del Opus DeiTodos los sacerdotes del Opus Dei son hijos de mi oración


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Mons. Josemaría Escrivá de Balaguer
Todos los sacerdotes del Opus Dei son hijos de mi oración
Efectivamente, había surgido así en la vida de la Iglesia un nuevo fenómeno pastoral, pero también jurídico. Pues en el Opus Dei no cambia la llamada de Dios al cumplimiento perfecto de la vocación cristiana por el hecho de ser sacerdote. Aunque el sacerdocio es lo más grande que Dios puede dar a un alma, queda también claro en la mente del Fundador del Opus Dei que para nosotros el sacerdocio es una circunstancia, un accidente, porque –dentro de la Obra– la vocación de sacerdotes y de seglares es la misma.
En el Opus Dei todos somos iguales. Sólo hay una diferencia práctica: los sacerdotes tienen más obligación que los demás de poner su corazón en el suelo como una alfombra, para que sus hermanos pisen blando.
No es el momento de profundizar en la novedad y en la riqueza ascética y teológica de este fenómeno pastoral, ahora tan difundido. Lo resumió muy bien el Cardenal Frings, el 27 de agosto de 1972, con ocasión de la primera Misa solemne de un sacerdote del Opus Dei en Colonia: “Ha sido voluntad de Jesucristo, que fundó la Iglesia y le dio su régimen, que los santos sacramentos en su mayoría sólo puedan ser administrados por aquellos que han recibido la ordenación sacerdotal. Y por eso también esta Asociación necesita sacerdotes, los cuales, sin embargo, no ostentan en general cargos dentro de la Asociación; esto es cosa de los laicos. Pero cuando se trata de celebrar la Santa Misa o de administrar los sacramentos, especialmente de la Penitencia, del Altar, o de dar dirección espiritual personal a cada uno, el sacerdote no puede faltar. Es una actividad discreta, sin brillo, la que asume el sacerdote del Opus Dei. Por tanto, tiene que ser consciente, desde el primer momento, de que no le esperan honores, sino una tarea de servicio a los laicos que en la Iglesia de Cristo se esfuerzan por seguir su camino para alcanzar la santidad. Ésta es la tesis que Mons. Escrivá de Balaguer ha predicado desde hace tanto tiempo y que el Concilio Vaticano II ha hecho suya”.
Es de justicia observar que esto, que hoy parece normal a millares y millares de personas en todo el mundo –porque lo han visto hecho vida en cientos de sacerdotes del Opus Dei–, requirió del Fundador mucha oración y mucha penitencia. En un escrito de 1956, Mons. Escrivá de Balaguer hacía ver a los socios de la Obra que había rezado con confianza e ilusión, durante tantos años, por los primeros sacerdotes, y por los que más tarde seguirían su camino; y recé tanto, que puedo afirmar que todos los sacerdotes del Opus Dei son hijos de mi oración.
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Acceso directo a los capítulos
Presentación
Capítulo Primero: Una Familia Cristiana
Capítulo Segundo: Vocación al sacerdocio
Capítulo Tercero: La fundación del Opus Dei
Capítulo Cuarto: Tiempo de amigos
Capítulo Quinto: Corazón Universal
Capítulo Sexto: El resello de la filiación divina
Capítulo Séptimo: Las Horas de la Esperanza
Capítulo Octavo: La libertad de los hijos de Dios
Capítulo Noveno: Padre de familia numerosa y pobre
Epílogo
Gracias a la autorización expresa de Ediciones Rialp ha sido posible recoger esta publicación en formato electrónico en la presente página web.
En el Opus Dei todos somos iguales. Sólo hay una diferencia práctica: los sacerdotes tienen más obligación que los demás de poner su corazón en el suelo como una alfombra, para que sus hermanos pisen blando.
No es el momento de profundizar en la novedad y en la riqueza ascética y teológica de este fenómeno pastoral, ahora tan difundido. Lo resumió muy bien el Cardenal Frings, el 27 de agosto de 1972, con ocasión de la primera Misa solemne de un sacerdote del Opus Dei en Colonia: “Ha sido voluntad de Jesucristo, que fundó la Iglesia y le dio su régimen, que los santos sacramentos en su mayoría sólo puedan ser administrados por aquellos que han recibido la ordenación sacerdotal. Y por eso también esta Asociación necesita sacerdotes, los cuales, sin embargo, no ostentan en general cargos dentro de la Asociación; esto es cosa de los laicos. Pero cuando se trata de celebrar la Santa Misa o de administrar los sacramentos, especialmente de la Penitencia, del Altar, o de dar dirección espiritual personal a cada uno, el sacerdote no puede faltar. Es una actividad discreta, sin brillo, la que asume el sacerdote del Opus Dei. Por tanto, tiene que ser consciente, desde el primer momento, de que no le esperan honores, sino una tarea de servicio a los laicos que en la Iglesia de Cristo se esfuerzan por seguir su camino para alcanzar la santidad. Ésta es la tesis que Mons. Escrivá de Balaguer ha predicado desde hace tanto tiempo y que el Concilio Vaticano II ha hecho suya”.
Es de justicia observar que esto, que hoy parece normal a millares y millares de personas en todo el mundo –porque lo han visto hecho vida en cientos de sacerdotes del Opus Dei–, requirió del Fundador mucha oración y mucha penitencia. En un escrito de 1956, Mons. Escrivá de Balaguer hacía ver a los socios de la Obra que había rezado con confianza e ilusión, durante tantos años, por los primeros sacerdotes, y por los que más tarde seguirían su camino; y recé tanto, que puedo afirmar que todos los sacerdotes del Opus Dei son hijos de mi oración.
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Presentación
Capítulo Primero: Una Familia Cristiana
Capítulo Segundo: Vocación al sacerdocio
Capítulo Tercero: La fundación del Opus Dei
Capítulo Cuarto: Tiempo de amigos
Capítulo Quinto: Corazón Universal
Capítulo Sexto: El resello de la filiación divina
Capítulo Séptimo: Las Horas de la Esperanza
Capítulo Octavo: La libertad de los hijos de Dios
Capítulo Noveno: Padre de familia numerosa y pobre
Epílogo
Gracias a la autorización expresa de Ediciones Rialp ha sido posible recoger esta publicación en formato electrónico en la presente página web.
Relación de contenidos
- Clases en la Academia Cicuéndez
- Capellán de las las Damas Apostólicas
- Millares de horas confesando niños
- Capellán de las Agustinas Recoletas del Monasterio de Santa Isabel
- Los enfermos más desamparados
- Don José María Somoano
- Todo lo tenía que hacer el Padre
- Trabajar con una sonrisa
- ¿Virtud sin orden? –¡Rara virtud!
- Las pupilas que ha dilatado el amor
- Dios creó al hombre para trabajar
- El trabajo es enfermedad incurable para los del Opus Dei
- La santificación del trabajo
- Amar el propio trabajo profesional
- El ejemplo de Jesús en Nazareth
- La santidad no es cosa para privilegiados
- Como los primeros Cristianos
- Una verdadera mentalidad laical
- La materia prima
- Mujeres del Opus Dei
- 14 de febrero de 1930
- Dos borriquillos que tiran del mismo carro
- El inicio de la Sección femenina del Opus Dei
- María Ignacia García Escobar, la primera mujer del Opus Dei
- El cimiento del Opus Dei
- En la calle de Jorge Manrique
- La fundación del Opus Dei: hombres y mujeres
- La fundación del Opus Dei: La sociedad sacerdotal de la Santa Cruz
- Todos los sacerdotes del Opus Dei son hijos de mi oración
- El 14 de febrero de 1943
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