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Mons. Josemaría Escrivá de Balaguer

Todo tu corazón

Etiquetas: Cosas pequeñas, Matrimonio, Amor
Partía del amor humano, para hacer comprender la riqueza santificadora que se encierra en los mil detalles de la vida cotidiana, que el alma enamorada sabe descubrir. Nada de extraño tiene, pues, que al esclarecer el sentido del matrimonio acentúe aspectos aparentemente triviales. Tuvo lugar también en San Paulo una conversación que refleja con exactitud el tono con que Mons. Escrivá de Balaguer solía dirigirse a quienes debían hacer santa su vida conyugal. Fue un diálogo movido –es casi imposible reproducirlo por escrito–, y entrecortado por la emoción de la persona que preguntaba. La primera interrupción fue del Fundador del Opus Dei, cuando ella dijo que estaba casada desde hacía 23 años y que tenía cinco hijos...
Oye, tú no dices la verdad... ¡Veintitrés años! ¡Tan joven y tan guapa!

Le había preguntado cómo mantener y aumentar en su matrimonio el entusiasmo de los primeros tiempos.
Siéntate, hija mía, siéntate. Tú serás una... ¿Cómo se dice novia en portugués?
Namorada, apuntaron a Mons. Escrivá de Balaguer.
... una enamorada perenne, constante. Cada día debes ir a conquistar a tu marido, y él a ti.
(...) Lograrás esto, si miras a tu marido como lo que es: una gran parte de tu corazón, ¡todo tu corazón!; si sabes que él es tuyo y tú eres de él; si recuerdas que tienes la obligación de hacerlo feliz, de participar de sus dichas y de sus penas, de su salud y de su enfermedad...


Y Mons. Escrivá de Balaguer, como dirigiéndose a todas las esposas que estaban en el abarrotado salón del Palacio de las Convenciones en el Parque Anhembi, proseguía:
Sabéis más que nadie en el mundo, porque el amor es sapientísimo. Cuando viene el marido del trabajo, de su labor, de su tarea profesional, que no te encuentre a ti rabiando. Arréglate, ponte guapa, y cuando pasen los años, arregla un poquito más la fachada, como se hace con las casas. ¡El te lo agradece tanto! Muchas veces, en los momentos de contradicción que habrá tenido en la labor, ha pensado en Dios y ha pensado en ti, y ha dicho: voy a ir a casa y... ¡qué bien!; allí encontraré un remanso de paz, de alegría, de cariño y de belleza; porque, para él, no hay nada en el mundo más bello que tú. (...) El día que viene cansado –y tú lo sabes, tú lo prevés–, te acuerdas de aquel plato que le gusta: esto se lo hago yo. Y no se lo dices, para no hacérselo pesar; lo sorprendes, y él te mira con una mirada... ¡y ya está! ¡Ya está!


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Acceso directo a los capítulos
Presentación
Capítulo Primero: Una Familia Cristiana
Capítulo Segundo: Vocación al sacerdocio
Capítulo Tercero: La fundación del Opus Dei
Capítulo Cuarto: Tiempo de amigos
Capítulo Quinto: Corazón Universal
Capítulo Sexto: El resello de la filiación divina
Capítulo Séptimo: Las Horas de la Esperanza
Capítulo Octavo: La libertad de los hijos de Dios
Capítulo Noveno: Padre de familia numerosa y pobre
Epílogo

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