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Testimonios desde Nueva Zelanda
Carolyn Moynihan

Ria Brosnahan es mujer de un granjero y madre de 10 hijos. Tiene una gran red de amigos en la comunidad de Bay of Plenty. Educa a sus dos hijos pequeños y es la ayudante principal de su marido en la granja. La pareja ha encontrado un desafío en su nuevo papel como padres, ahora que algunos de los hijos se han abierto camino en el mundo.
La pareja David y Willie Cooper son promotores de una constructora. Tienen una hija adolescente y dos niños que rondan los diez años. David, neozelandés, y Willie, filipina, se conocieron y casaron en California donde comenzaron a trabajar en una agencia inmobiliaria.
Fr. Aidan Mulholland, nacido y criado en Lower Hutt, es el párroco de Te Rapa. Está ocupadísimo, con gran cantidad de tareas propias de su ministerio; pero feliz en la comunidad de sacerdotes de la diócesis de Hamilton.
¿Qué tienen que ver unos con otros? En realidad, muy poco. Únicamente les une una ambición común : la santidad.
La idea captó el interés de Willie Cooper, desde que era niño y leía historias de santos. También fascinó a Fr. Mulholland: “Siempre me ha atraído la noción de santidad, aunque aún me encuentre muy lejos de ella”, puntualiza rápidamente.
Es un objetivo que a algunos puede parecer algo pretencioso o singularmente raro. Estos deberían conocer que ya el Vaticano II insistió en la “llamada universal a la santidad”, por no mencionar el mandato de Cristo en el Evangelio: “Sed perfectos, como mi Padre celestial es perfecto”.
Oír esta llamada en el fragor de la actividad diaria no es fácil. La pregunta es: ¿cómo lograrlo? ¿qué significa la santidad para un cristiano que cuenta con una intensa vida social, profesional y familiar?
Quienes protagonizan este artículo, hallaron la respuesta gracias al Opus Dei (Trabajo de Dios, en latín), una Prelatura personal de la Iglesia Católica presente en Nueva Zelanda desde 1989.
La llamada universal de todos los bautizados a la santidad a través del trabajo y las obligaciones diarias realizadas con perfección es el mensaje central del espíritu del Opus Dei, dice Bernardette Celio, una australiana de la Obra y directora de Fernhall Study Centre en Auckland.
En palabras del fundador: “la vida ordinaria puede ser dichosa, llena de Dios... Nuestro Señor nos llama a la santidad a través de las tareas de cada día, allí es donde el cristiano debe buscar la perfección”.
“Las tareas ordinarias” lo ocupan todo, desde la limpieza de la casa hasta la dirección de una empresa. David Cooper, converso al catolicismo, encuentra estimulantemente actual la idea de que uno puede ser feliz completamente inmerso en un mundo rutinario. “Esto me anima a salir al mundo con iniciativa y dar ejemplo”.
Willie Cooper, quien prefiere ayudar a David a construir casas antes que limpiar la suya, dice que Josemaría Escrivá (“¡Me encantan sus escritos! es como si él se dirigiera a ti y a nadie más”) le ha ayudado a poner más empeño en las tareas del hogar: “Cuando haces las cosas por Dios, intentas hacerlo de la mejor manera posible”.
Teresa Devine repite la misma idea: “Antes, no pensaba en ello, pero tiene mucho sentido”. Admite que es “perezosa por naturaleza” y, mientras estudiaba en Waikato University, era peligrosamente vaga, antes de trasladarse a Rimbrook, un centro de estudios para mujeres del Opus Dei situado en Hamilton: “Es la mejor cosa que me ha ocurrido jamás”.
Todas las personas entrevistadas para la realización de este artículo mostraron su satisfacción por la formación recibida en la Prelatura (estatus jurídico del Opus Dei en la Iglesia, que desde 1982 cuenta con su propio obispo o prelado).
Las personas que acuden a las clases doctrinales y las charlas de virtudes humanas y cristianas se agrupan según las edades. Para la gente joven, esas charlas van unidas normalmente a alguna actividad cultural.
“Me atrajo de manera especial la disponibilidad para actualizar la formación sobre cuestiones de la Iglesia, en especial sobre el Catecismo”, dice Ria Brosnahan, quien abrazó el catolicismo tras su matrimonio con John. “Mi compromiso se ha reforzado ahora que soy madre, pues puedo centrarme en vivir las virtudes en mi vida familiar”.
Incluso Fr. Mulholland piensa que la formación rellena un hueco de su vida espiritual y ministerial. Tras muchos años de amistad con sacerdotes del Opus Dei, ha aprendido de ellos “qué es ser un buen sacerdote”, por su manifiesta vida de oración, su sólida doctrina y su “enorme apostolado de la Confesión”, con la que “te animan continuamente a recomenzar en la vida interior”.
"Algunos pueden pensar que se trata de un catolicismo de confesión frecuente, disciplinada vida de oración y anticuado doctrinalmente", añade. “Es una lástima si piensan así. Para mí, ha resultado muy positivo. Lo encuentro enormemente enriquecedor”.
New Zeland Catholic, 10 de febrero de 2002
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