Testimonios
Termina al menos uno de tus proyectos
William Keenan, escritor, periodista de investigación y crítico de televisión, Inglaterra
La primera vez que entré en contacto con el Opus Dei fue cuando un médico de mi parroquia empezó a organizar unos encuentros en su casa. Un día invitó a un sacerdote del Opus Dei a dar una charla y me pareció fascinante la idea de buscar la santidad en las ocupaciones normales de cada día.En aquella época trabajaba como periodista en el “Daily Express” de Manchester. Mi horario de trabajo era de cuatro o cinco de la tarde hasta las tres de la mañana. Si después me iba en directo a casa a dormir, me costaba conciliar el sueño; miraba el techo y seguía rediseñando páginas y escribiendo titulares en mi cabeza. Por eso, a veces, me iba al Club de Prensa en Albert Square para tomar un par de cervezas, no me iba a dormir hasta las cuatro de la mañana y al día siguiente me levantaba a la hora de comer. Después, trataba de escribir algo hasta que era la hora de volver a la oficina.
El doctor que había organizado aquel encuentro no era de la Obra, pero asistía a los retiros mensuales en Greygarth Hall, el centro del Opus Dei en Manchester. Me dijo que la próxima vez que fuera me llevaría con él, pero como no pudo hacerlo en los meses siguientes, empecé a asistir a los retiros por mi cuenta.
Esos “retiros” consistían en un par de meditaciones predicadas por un sacerdote y seguidas de la Bendición con el Santísimo Sacramento. Después tomábamos el té. Al finalizar la tarde, lo que más me había impresionado no era lo que se había dicho en las meditaciones, sino la alegría de las personas con las que había tenido ocasión de conversar durante el té. Esta fue la razón principal de que siguiera asistiendo a los retiros siguientes.
En esos encuentros conocí a un joven ingeniero con el que solía conversar. En alguna ocasión le hablé sobre uno de los libros de detectives que estaba escribiendo.
Cuando nos vimos otra vez, se interesó por mi trabajo pero le conté que había decidido dejar de escribir la novela porque me parecía que no era buena, que no funcionaba. Entonces me mostró el punto 42 de Camino: ¿Por qué esas variaciones de carácter? ¿Cuándo fijarás tu voluntad en algo? —Deja tu afición a las primeras piedras y pon la última en uno solo de tus proyectos. Realmente era perfecto para mí y dándole vueltas me di cuenta de que, de todos mis proyectos inacabados, la novela de detectives era la que tenía más completa, así que me senté y la terminé.
La envié a mi editor convencido de que no era suficientemente buena, sin embargo, la aceptó inmediatamente, así como otras dos novelas, una biografía y otras ocho obras para el Teatro de los sábados de la BBC. Muchas veces, cuando ya había escrito las tres cuartas partes de una obra se me ocurría empezar algo más y tenía que empeñarme en terminar cada proyecto.
Desde entonces, he conocido otros escritores en la misma situación que yo y les he repetido ese punto de Camino. A un buen amigo mío, por ejemplo, le encargaron una obra de teatro para televisión.
Un día me llamó y me dijo que no podía terminarla. Había algo que en su opinión no funcionaba y estaba a punto de devolver a la BBC el dinero que ya le habían pagado. Le invité a una cerveza y le convencí de guardarse el dinero y terminar la obra. Fue emitida sin necesidad de reescribir nada.
Así he comprobado que lo que enseña san Josemaría en este punto de Camino no sólo me ha ayudado a mí; también a muchos de mis amigos.

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