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Mons. Josemaría Escrivá de Balaguer
Soy paternalista
Suelo decir con mucha alegría que yo soy paternalista. Miradme bien, que os pareceré antediluviano. Soy paternalista, porque tengo un recuerdo maravilloso de mi padre y de mi madre. No les vi reñir nunca. Se querían mucho..., luego reñían: es evidente.
Pero reñían cuando no estábamos los hijos delante. Y tampoco se hacían simplezas; algún beso. Tened pudor delante de los hijos (...).
Aprendió así una gran lección: la del cariño, profundamente humano y sobrenatural. Pero no fue, ni mucho menos, la única. Buena parte de las virtudes humanas, sin las cuales un camino de santidad en medio del mundo sería ininteligible, las vivió desde niño el Fundador del Opus Dei en el hogar de sus padres.
Ellos le ayudaron, por ejemplo, a administrar la libertad y a respetar la de los demás, con su comprensión ante los errores, que corregían cuando era necesario. Nunca me imponían su voluntad, elogió muchas veces. Supieron hacerse amigos de sus hijos, como explicaba a un grupo numeroso de matrimonios en Buenos Aires en junio de 1974:
Me da mucha alegría decir que no recuerdo que mi padre me pegara más que en una ocasión. Era muy pequeñín, muy pequeñín. Fue una de las pocas veces que me sentaba a la mesa con los mayores, en una de aquellas sillas altas. Debió de ser una tozudez mía. Yo soy muy tozudo, soy aragonés: y eso, llevado a lo sobrenatural, no tiene importancia; al contrario, es bueno, porque hay que insistir en la vida interior, ¿verdad? Total, que me dio un... ¿eh?
(Y hacía el gesto de dar un cachete).
No me volvió a tocar en la vida; nunca más: siempre me trató con dulzura, y me vino muy bien. Tengo un recuerdo encantador de mi padre, que se hizo amigo mío. Y por eso, yo aconsejo lo que he vivido: haceos amigos de vuestros hijos.
Otra manifestación práctica de cómo le enseñaron a administrar su libertad era tenerle corto de dinero, cortísimo, pero libre. En cambio, su padre se preocupaba mucho por el bienestar de las personas que trabajaban a sus órdenes, y tenía con todos los necesitados un recio sentido de la caridad. Era muy limosnero, resumía el Fundador del Opus Dei, para indicar su modo de vivir la pobreza y la caridad cristianas.
De él recibió también un continuo ejemplo de laboriosidad. Le vio gastarse día tras día, incansablemente, con una sempiterna sonrisa, primero en aquellos negocios de Barbastro, luego en Logroño, sin cesar en el empeño por el bien espiritual y material de su familia. Fue cumplidor, puntual. Nunca regateó esfuerzos en servicio de los demás y, al mismo tiempo, afrontó con temple y buen humor las contradicciones de la vida, también las grandes y difíciles de soportar. Siempre sereno, como quitando importancia a las cosas.
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Acceso directo a los capítulos
Presentación
Capítulo Primero: Una Familia Cristiana
Capítulo Segundo: Vocación al sacerdocio
Capítulo Tercero: La fundación del Opus Dei
Capítulo Cuarto: Tiempo de amigos
Capítulo Quinto: Corazón Universal
Capítulo Sexto: El resello de la filiación divina
Capítulo Séptimo: Las Horas de la Esperanza
Capítulo Octavo: La libertad de los hijos de Dios
Capítulo Noveno: Padre de familia numerosa y pobre
Epílogo
Gracias a la autorización expresa de Ediciones Rialp ha sido posible recoger esta publicación en formato electrónico en la presente página web.
Pero reñían cuando no estábamos los hijos delante. Y tampoco se hacían simplezas; algún beso. Tened pudor delante de los hijos (...).
Aprendió así una gran lección: la del cariño, profundamente humano y sobrenatural. Pero no fue, ni mucho menos, la única. Buena parte de las virtudes humanas, sin las cuales un camino de santidad en medio del mundo sería ininteligible, las vivió desde niño el Fundador del Opus Dei en el hogar de sus padres.
Ellos le ayudaron, por ejemplo, a administrar la libertad y a respetar la de los demás, con su comprensión ante los errores, que corregían cuando era necesario. Nunca me imponían su voluntad, elogió muchas veces. Supieron hacerse amigos de sus hijos, como explicaba a un grupo numeroso de matrimonios en Buenos Aires en junio de 1974:
Me da mucha alegría decir que no recuerdo que mi padre me pegara más que en una ocasión. Era muy pequeñín, muy pequeñín. Fue una de las pocas veces que me sentaba a la mesa con los mayores, en una de aquellas sillas altas. Debió de ser una tozudez mía. Yo soy muy tozudo, soy aragonés: y eso, llevado a lo sobrenatural, no tiene importancia; al contrario, es bueno, porque hay que insistir en la vida interior, ¿verdad? Total, que me dio un... ¿eh?
(Y hacía el gesto de dar un cachete).
No me volvió a tocar en la vida; nunca más: siempre me trató con dulzura, y me vino muy bien. Tengo un recuerdo encantador de mi padre, que se hizo amigo mío. Y por eso, yo aconsejo lo que he vivido: haceos amigos de vuestros hijos.
Otra manifestación práctica de cómo le enseñaron a administrar su libertad era tenerle corto de dinero, cortísimo, pero libre. En cambio, su padre se preocupaba mucho por el bienestar de las personas que trabajaban a sus órdenes, y tenía con todos los necesitados un recio sentido de la caridad. Era muy limosnero, resumía el Fundador del Opus Dei, para indicar su modo de vivir la pobreza y la caridad cristianas.
De él recibió también un continuo ejemplo de laboriosidad. Le vio gastarse día tras día, incansablemente, con una sempiterna sonrisa, primero en aquellos negocios de Barbastro, luego en Logroño, sin cesar en el empeño por el bien espiritual y material de su familia. Fue cumplidor, puntual. Nunca regateó esfuerzos en servicio de los demás y, al mismo tiempo, afrontó con temple y buen humor las contradicciones de la vida, también las grandes y difíciles de soportar. Siempre sereno, como quitando importancia a las cosas.
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Acceso directo a los capítulos
Presentación
Capítulo Primero: Una Familia Cristiana
Capítulo Segundo: Vocación al sacerdocio
Capítulo Tercero: La fundación del Opus Dei
Capítulo Cuarto: Tiempo de amigos
Capítulo Quinto: Corazón Universal
Capítulo Sexto: El resello de la filiación divina
Capítulo Séptimo: Las Horas de la Esperanza
Capítulo Octavo: La libertad de los hijos de Dios
Capítulo Noveno: Padre de familia numerosa y pobre
Epílogo
Gracias a la autorización expresa de Ediciones Rialp ha sido posible recoger esta publicación en formato electrónico en la presente página web.
Relación de contenidos
- Presentación
- I. Una familia Cristiana
- II. Vocación al sacerdocio: los barruntos de una especial llamada divina
- III. La fundación del Opus Dei
- IV. Tiempo de amigos
- V. Corazón Universal
- VI. El resello de la filiación divina
- VII. Las Horas de la Esperanza
- VIII. La libertad de los hijos de Dios
- IX. Padre de familia numerosa y pobre
- Epílogo. Como un niño que balbucea
- De Barbastro a Logroño
- Josemaría: la vergüenza, para pecar
- Menos mi gazapito
- Cuéntanos el cuento
- Primeras Oraciones
- Premio en "Nociones de Aritmética y Geometría"
- No llores. ¿No ves que Chon está ya en el Cielo?
- Un castillo de naipes
- Doña Dolores
- Así preparó el Señor mi alma
- Se parecía mucho a su padre
- Bah, tonterías..
- En cuestión de horas
- El ejemplo de un hogar cristiano
- Soy paternalista
- Una en el clavo y ciento en la herradura
- Un ejemplo de laboriosidad
- El aire de familia del Opus Dei
- Vida de familia
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