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Testimonios

Soy marido y padre. También tengo una vocación

Joe Keefler, ingeniero informático, padre de familia, Stowe, Massachussets, USA

Etiquetas: Apostolado, Oración, Vida ordinaria, Visión sobrenatural, Vocación cristiana
Joe Keefler juega a fútbol para ganar. No porque él sea especialmente bueno en el fútbol ni porque le paguen por ello, sino porque así es como él vive su vida: poniendo todo su esfuerzo en sus actividades para ofrecérselas a Dios.

Joe es un ingeniero informático feliz, con un gran sentido de humor. Aprecia las enseñanzas de San Josemaría sobre cómo convertir las actividades ordinarias en oración haciéndolas bien.

Buscaba una manera de ser santo y católico, sin hacerme sacerdote o ingresar en una orden religiosa. San Josemaría pareció ser el único que me habló. Él me ofreció una espiritualidad secular que me mantenía en la sociedad, sin la presión de tener que dejar mi trabajo y mudarme a Zimbabwe. La gente siempre hablaba de “vocaciones” que eran sólo vocaciones sacerdotales o religiosas. Este modo de hablar me excluía (así como al 95 % de los cristianos). No puedo ser sacerdote o monje. Soy marido y padre. Tengo una vocación, también.

Las enseñanzas de san Josemaría fueron una guía para mí y me proporcionaron un mayor celo apostólico. También tengo ahora una opinión mucho más amplia de la Iglesia católica y del cristianismo en general. Puedo dialogar con los no católicos con más eficacia porque puedo ver muchos elementos de la Verdad en otras teologías sin verme amenazado por ellas.

Mi esposa y yo perdimos a uno de nuestros seis hijos. No hay palabras para expresar lo difícil que fue. Nadie debería enterrar a su propio hijo. Pero nuestra fe en Dios nunca vaciló. De algún modo, abrazando esta cruz tan dura, nos acercamos más a Dios, nos acercamos más uno a otro y relativizamos lo demás como menos importante. Esto nos ayudó a ver la vida con más perspectiva.

No hay duda de que soy más feliz después de conocer la Obra y a San Josemaría. Estoy menos atado a las cosas que en realidad no importan tanto. Sé en qué gastar mi tiempo y mi energía: en mi familia, en mi relación con Dios y en ganar almas para Cristo a través de la amistad personal. Mi profesión es muy importante, pero no es un fin en sí misma: sólo es un medio para un fin. No importa donde trabaje o lo que haga mientras me esfuerce en hacerlo bien y lo ofrezca en la Misa.