Libros
Mons. Josemaría Escrivá de Balaguer
El tesoro de la Iglesia

En Barcelona conversó con las monjas clarisas del Monasterio de Pedralbes (1972)
Son algunos retazos de la solicitud que el Fundador del Opus Dei tuvo por los religiosos, del cariño mutuo que surgía entre ellos, a pesar de la diversidad de vocaciones. Nunca dejó de rezar por todos y, siempre que pudo, les visitó, para responder a su afecto, a sus oraciones y también a las invitaciones que constantemente recibía para que estuviera un rato con ellos.
De esta manera, en 1972, durante los meses de octubre y noviembre, en que hizo una amplia labor por toda la Península Ibérica, no dejó de ir a algunos conventos de religiosas contemplativas. Estuvo en Navarra con las monjas cistercienses del Monasterio de San José en Alloz. En Madrid visitó una tarde a las agustinas recoletas de Santa Isabel, de cuyo Real Patronato fue Rector muchos años antes. Estuvo en el Carmelo de Coimbra. En Cádiz, con las monjas de una comunidad de carmelitas descalzas. Luego, en Valencia, con las carmelitas de Puzol. Por último, en Barcelona, casi al final de esos dos meses de actividad incesante, conversó con las monjas clarisas del Monasterio de Pedralbes. Para todas tuvo palabras de aliento sobrenatural y de agradecimiento.
–Sois el tesoro de la Iglesia, resumió muchas veces, también en Puzol, un convento de carmelitas rodeado de naranjales, que visitó durante su estancia en Valencia:
–La Iglesia se quedaría árida sin vosotras, y no podríamos decir: sacad con alegría las aguas de las fuentes del Salvador. Es aquí donde sacáis las aguas de Dios, para que nosotros podamos convertir la tierra seca en un huerto lleno de naranjos. Sin vuestra ayuda no haríamos nada; por eso vengo a daros las gracias. Estoy persuadido de que muchos sacerdotes que sufren y lloran ahora en el mundo, al escuchar vuestros cánticos –también los de la recreación– se llenarán de gozo. ¡Mil veces benditas seáis!
←página anterior == página siguiente →
Acceso directo a los capítulos
Presentación
Capítulo Primero: Una Familia Cristiana
Capítulo Segundo: Vocación al sacerdocio
Capítulo Tercero: La fundación del Opus Dei
Capítulo Cuarto: Tiempo de amigos
Capítulo Quinto: Corazón Universal
Capítulo Sexto: El resello de la filiación divina
Capítulo Séptimo: Las Horas de la Esperanza
Capítulo Octavo: La libertad de los hijos de Dios
Capítulo Noveno: Padre de familia numerosa y pobre
Epílogo
Gracias a la autorización expresa de Ediciones Rialp ha sido posible recoger esta publicación en formato electrónico en la presente página web.
Relación de contenidos
- Un sacerdote cien por cien
- Alma sacerdotal y mentalidad laical
- La Misa, centro y la raíz de la vida interior
- Amor a la Sagrada Eucaristía
- Una Misa en pleno monte
- Pues sé tú también muy loco, hijo mío
- Yo soy anticlerical porque amo al sacerdote
- Un sacerdote que sólo hablaba de Dios
- Tres amores: Cristo, María, el Papa
- Manifestaciones de cariño a la Virgen y a San José
- En los momentos decisivos de la historia del Opus Dei
- Padre cura, ésta no vale 'na' ¡la nuestra es la que vale!
- La Virgen y por fin, el Papa, el dulce Cristo en la tierra
- Diréis que el Padre amaba al Papa con toda su alma
- Un sacerdote español 'muy romano'
- Afán por todas las almas
- Solicitud sacerdotal
- Contagiar de entusiasmo sacerdotal a los sacerdotes
- Retiros que dejan huella
- Rezad por todos los sacerdotes
- Amor a los religiosos
- El tesoro de la Iglesia
- Muchas vocaciones
- Madrid, 2 de octubre de 1928
- Instrumento inepto y sordo
- Viejo como el Evangelio, y como el Evangelio nuevo
- Se escapaban las almas como las anguilas en el agua
- Una nueva visión del trabajo
- La característica más decisiva de su personalidad
- Y el Fundador del Opus Dei siguió trabajando
Español










Oración
RSS
FACEBOOK
TWITTER
YOUTUBE