PortadaLibrosApuntes sobre la vida del fundador del Opus DeiLevadura, sal y luz en medio de este mundo


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Mons. Josemaría Escrivá de Balaguer
Levadura, sal y luz en medio de este mundo
Cuarenta años después, seguiría manteniendo esta idea central con palabras distintas:
No tengas miedo al mundo paganizado, porque el Señor nos busca justamente para que seamos levadura, sal y luz en medio de este mundo. No te preocupes, que el mundo no te hará daño, a no ser que a ti te dé la gana. Ningún enemigo de nuestra alma puede nada, si nosotros no queremos consentir. Y no consentiremos, con la gracia de Dios y la protección de Nuestra Madre del cielo.
Sed piadosos. Sed rezadores. Una vez, estaba yo preocupado por las circunstancias de una nación determinada, y decía: Dios mío, ¿qué pasará allí? Justamente porque el ambiente era muy malo. Y vino uno de los Directores y me dijo: Padre, esté tranquilo, porque somos muy rezadores. (...) Sed rezadores, y no tengáis miedo del mundo paganizado. Quitaremos el paganismo del mundo, con la oración.
Pero no hay que pensar sólo en los riesgos de un ambiente hostil. Muchas veces, lo que dificulta la vida cristiana no son los grandes enemigos de fuera, sino simplemente la premura de tiempo, el agobio que deriva del exceso de trabajo o del pluriempleo, el sentir como una incapacidad física para llegar a todas las cosas. Hay momentos en que uno puede dejarse llevar por el nerviosismo, y perder el punto de mira, el norte sobrenatural, que debe dirigir todo lo que se hace, también lo más humano.
Ese desasosiego roba la presencia de Dios y puede romper la perspectiva, de tal manera que se llegue a pensar que no tiene sentido dejar un trabajo muy urgente para dedicar en exclusiva unos minutos a la oración, a la vida de piedad... Se pierde entonces, no sólo la oportunidad de santificar el propio esfuerzo, sino que, en la práctica, y no es paradoja, disminuye la eficacia en el trabajo, el aprovechamiento del tiempo.
Por eso, el Fundador del Opus Dei, que tanto sabía de urgencias en su trabajo, no dejaba pasar una: si para los padres de familia su trabajo más importante tenía que ser la dedicación a sus propios hijos, enseñó a todos que para un hijo de Dios la vida de piedad, el trato con el Padre, era siempre el trabajo más urgente, el más importante, el único que no podía diferirse.
Quedaba muy claro en aquellas palabras que pronunció en una homilía bien conocida, la del 8 de octubre de 1967, en el campus de la Universidad de Navarra:
Os aseguro, hijos míos, que cuando un cristiano desempeña con amor lo más intrascendente de las acciones diarias, aquello rebosa de la trascendencia de Dios. Por eso os he repetido, con un repetido martilleo, que la vocación cristiana consiste en hacer endecasílabos de la prosa de cada día. En la línea del horizonte, hijos míos, parecen unirse el cielo y la tierra. Pero no, donde de verdad se juntan es en vuestros corazones, cuando vivís santamente la vida ordinaria...
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Acceso directo a los capítulos
Presentación
Capítulo Primero: Una Familia Cristiana
Capítulo Segundo: Vocación al sacerdocio
Capítulo Tercero: La fundación del Opus Dei
Capítulo Cuarto: Tiempo de amigos
Capítulo Quinto: Corazón Universal
Capítulo Sexto: El resello de la filiación divina
Capítulo Séptimo: Las Horas de la Esperanza
Capítulo Octavo: La libertad de los hijos de Dios
Capítulo Noveno: Padre de familia numerosa y pobre
Epílogo
Gracias a la autorización expresa de Ediciones Rialp ha sido posible recoger esta publicación en formato electrónico en la presente página web.
No tengas miedo al mundo paganizado, porque el Señor nos busca justamente para que seamos levadura, sal y luz en medio de este mundo. No te preocupes, que el mundo no te hará daño, a no ser que a ti te dé la gana. Ningún enemigo de nuestra alma puede nada, si nosotros no queremos consentir. Y no consentiremos, con la gracia de Dios y la protección de Nuestra Madre del cielo.
Sed piadosos. Sed rezadores. Una vez, estaba yo preocupado por las circunstancias de una nación determinada, y decía: Dios mío, ¿qué pasará allí? Justamente porque el ambiente era muy malo. Y vino uno de los Directores y me dijo: Padre, esté tranquilo, porque somos muy rezadores. (...) Sed rezadores, y no tengáis miedo del mundo paganizado. Quitaremos el paganismo del mundo, con la oración.
Pero no hay que pensar sólo en los riesgos de un ambiente hostil. Muchas veces, lo que dificulta la vida cristiana no son los grandes enemigos de fuera, sino simplemente la premura de tiempo, el agobio que deriva del exceso de trabajo o del pluriempleo, el sentir como una incapacidad física para llegar a todas las cosas. Hay momentos en que uno puede dejarse llevar por el nerviosismo, y perder el punto de mira, el norte sobrenatural, que debe dirigir todo lo que se hace, también lo más humano.
Ese desasosiego roba la presencia de Dios y puede romper la perspectiva, de tal manera que se llegue a pensar que no tiene sentido dejar un trabajo muy urgente para dedicar en exclusiva unos minutos a la oración, a la vida de piedad... Se pierde entonces, no sólo la oportunidad de santificar el propio esfuerzo, sino que, en la práctica, y no es paradoja, disminuye la eficacia en el trabajo, el aprovechamiento del tiempo.
Por eso, el Fundador del Opus Dei, que tanto sabía de urgencias en su trabajo, no dejaba pasar una: si para los padres de familia su trabajo más importante tenía que ser la dedicación a sus propios hijos, enseñó a todos que para un hijo de Dios la vida de piedad, el trato con el Padre, era siempre el trabajo más urgente, el más importante, el único que no podía diferirse.
Quedaba muy claro en aquellas palabras que pronunció en una homilía bien conocida, la del 8 de octubre de 1967, en el campus de la Universidad de Navarra:
Os aseguro, hijos míos, que cuando un cristiano desempeña con amor lo más intrascendente de las acciones diarias, aquello rebosa de la trascendencia de Dios. Por eso os he repetido, con un repetido martilleo, que la vocación cristiana consiste en hacer endecasílabos de la prosa de cada día. En la línea del horizonte, hijos míos, parecen unirse el cielo y la tierra. Pero no, donde de verdad se juntan es en vuestros corazones, cuando vivís santamente la vida ordinaria...
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Presentación
Capítulo Primero: Una Familia Cristiana
Capítulo Segundo: Vocación al sacerdocio
Capítulo Tercero: La fundación del Opus Dei
Capítulo Cuarto: Tiempo de amigos
Capítulo Quinto: Corazón Universal
Capítulo Sexto: El resello de la filiación divina
Capítulo Séptimo: Las Horas de la Esperanza
Capítulo Octavo: La libertad de los hijos de Dios
Capítulo Noveno: Padre de familia numerosa y pobre
Epílogo
Gracias a la autorización expresa de Ediciones Rialp ha sido posible recoger esta publicación en formato electrónico en la presente página web.
Relación de contenidos
- La Academia DYA: Dios y Audacia
- La Academia DYA y la formación de los jóvenes universitarios
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- Mientras más personas haya que sirvan a Dios, mejor
- Amplitud de miras
- Cada caminante siga su camino
- Ideas universales y concretas
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- Corazón Universal
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- Un crimen de la humanidad
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- ¿Va usted a decir Misa?
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- Sin miedo a la muerte
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- Abril de 1954: curación de la diabetes
- El Señor es Padre y muy Padre nuestro
- Una única vida, santa y llena de Dios
- La historia de Juan el lechero
- Una comedia humana con un espectador divino
- El saltador de pértiga
- La alegría de los hijos de Dios
- Levadura, sal y luz en medio de este mundo
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