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Sí y síes

Beatriz Briceño Picón

Etiquetas: libros
Josemaría Escrivá dijo sí al viento de la gracia, y en sus manos de sacerdote de 26 años, Dios colocó una obra suya –Opus Dei- llamada a llevar la luz de Cristo a todos los rincones de la Tierra. Desde el 6 de octubre de 2002, La Iglesia lo tiene en el catálogo de los santos y su fiesta se celebra el 26 de junio de cada año.


San Josemaría a su llegada a Venezuela en 1975
San Josemaría a su llegada a Venezuela en 1975
Jesús Urteaga, sacerdote del Opus Dei, publicó hace unos meses un libro que lleva por título “Sí” que recoge sesenta síes estelares de la historia de la humanidad. En la presentación explica por qué lo tituló “Sí” y concluye con su propio sí: “Yo tenía 18 años cuando Dios me llamó para que me entregara a Él. Ante los pequeños titubeos que daban vuelta a mi alrededor, contesté con fuerza: He dicho que Sí y no me vuelvo atrás. Después, en Roma, el 6 de octubre del año 2002, la Iglesia canonizó al Fundador del Opus Dei, diciéndonos que ese camino que yo llevaba –llevo- y que puede ser el tuyo, termina en santidad. Y a mis 81 años volví a decir Sí cantando a pleno pulmón (...) Tu vida y la mía puede estar llena de SÍES magníficos, rumbosos, espléndidos, que impulsarán a otros a ser más generosos”.

El Sí de san Josemaría estaba lleno de un amor apasionado por el mundo que concretó en trabajo, oración, sacrificios, lealtad, servicio, generosidad... Sin duda que de aquel Sí, del 2 de octubre de 1928, dependen cientos de miles de síes que están en relación directa con el Sí de la doncella de Nazareth, con el Sí de Jesucristo en la Pasión, con el Sí de Abraham, nuestro padre en la fe, y con tantos otros compromisos nobles que se narran en el tiempo.

En el volumen III de “El Fundador del Opus Dei”, obra de Andrés Vázquez de Prada, que lleva como subtítulo Los caminos divinos de la tierra, se recogen, como en los otros dos volúmenes, pormenores impresionantes de la vida de san Josemaría y el Opus Dei. Es una historia llena de síes al soplo de la gracia de Dios con todo lo que conlleva de cruz el amor cristiano. La lectura de esas páginas descubren aspectos inéditos de esos tiempos de luces y sombras en los que la Prelatura del Opus Dei iba surgiendo dentro de las contradicciones e incompresiones propias del quehacer divino entre los hombres.

Hacia el final de ese tercer volumen se recogen aspectos de sus dos viajes a Venezuela los años 1974 y 1975. Su salud era precaria pero la fuerza de su amor por la Iglesia lo llevaba a crecerse ante las dificultades. “Evidentemente, dice Vázquez de Prada, estaba perdiendo a chorros su fuerza vital, pero no hacía cuenta del agotamiento. Se sacudía de encima el cansancio con razones sobrenaturales. De modo especial se notaba este fenómeno en las conversaciones con gente joven, en las que su espíritu arrastraba hacia los altos ideales. En cuanto al fuego y la vibración, tal vez fuese menor su fuerza física, pero no su facultad de entusiasmar a todos (...) La mirada del Fundador reaccionaba ante cuanto veía. A su llegada no tuvo ocasión de ver la capital, porque desde el aeropuerto fueron directamente a ver las laderas que llevan a Altoclaro (Centro de Encuentros cercano a Los Teques). No habían transcurrido veinte horas desde que aterrizó en Caracas, cuando les metía urgencia ampliando sus panoramas apostólicos: No he visto nada de Caracas, pero al subir hacia aquí, desde la carretera he visto esas chabolas miserables. En el Opus Dei caben todos. La vocación no es sólo para universitarios. Habéis de tratar sí, a los ricos y también a esa gente que tiene hambre y, sobre todo, hambre de Dios. La Obra es para todos. Y tenéis que llegar a los que tienen dinero y a los que no tienen nada”.

Sí, y es que las obras de Dios son para todos sin excepción. El Amor de Dios, la Caridad con mayúscula, es el gran regalo del cielo a los hombres. Sí y mil veces sí al Amor Eucaristía. Sí y mil veces sí a esa entrega de Jesús en la Pasión que permitió que se restableciera en la historia ese Amor que es más fuerte que la muerte y que ha de mover a los cristianos y a todos los hombres de buena voluntad a amar a los demás con el mismo Amor que Dios nos da. No habrá paz en el mundo mientras los hombres no descubramos a quienes construyen las leyes que no hay justicia verdadera si falta el Amor de Dios entre hombres y pueblos.

En el libro de Jesús Urteaga hay un “Sí descubridor de las ONG” en el que nos cuenta que la primera ONG la inventó Cristo recurriendo como ejemplo al buen hacer del samaritano en una preciosa parábola. Y nos recuerda que precisamente el Evangelio es la negación de la pasividad ante el sufrimiento. Hoy día, con el impulso de san Josemaría, crecen y se multiplican en el mundo miles de ONG que recogen la sobreabundancia de tantos hombres y mujeres cristianos que están decididos a poner a Cristo en la cumbre de todas las profesiones y actividades humanas. Miles de síes a favor de una sociedad donde se viva la justicia como fruto de la consideración de nuestra disgnidad de hijos de Dios. ¡Sí!, mil veces ¡Sí!


Beatriz Briceño Picón. Diario “El impulso”, Barquisimeto (Venezuela), 23 de junio de 2004