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Testimonios

Servir a la Iglesia como ella quiere ser servida

Angela Solferino, abogado del Tribunal Apostólico de la Rota Romana, Italia

6 de octubre de 2002

Etiquetas: Iglesia, Papa
“Conocí mejor el Opus Dei en 1988 después de haberme inscrito en la facultad de Derecho Canónico de la Universidad Pontificia de la Santa Cruz. Frecuentándola, me di cuenta de que de que cada curso se hacía referencia con mucha coherencia y respeto a todo lo que provenía de la doctrina y del Magisterio”

- En este estilo ¿ha encontrado la impronta de Josemaría Escrivá de Balaguer?
Una impronta clarísima. El fundador de la Obra soñaba con una universidad que permitiera a todos, tanto laicos como sacerdotes, absorber como una esponja las enseñanzas de la Iglesia y que se encontrara precisamente en Roma, la ciudad del Papa. Escrivá decía siempre que “cuanto más se conoce a la Iglesia más se la ama”, se es más coherente, y más consciente de nuestra función de cristianos en el mundo.

- ¿Hay algún episodio que testimonie el amor del fundador por la Iglesia?
Hay muchos, porque la vida entera de Josemaría Escrivá de Balaguer se puede considerar un testimonio de este amor. En particular, me impresionó un episodio que contó Álvaro del Portillo, primer sucesor de Josemaría Escrivá de Balaguer. El 23 de junio de 1946, Escrivá llegó a Italia, concretamente a Génova, desde España después de un agitado viaje en barco. Álvaro del Portillo fue a recogerlo para llevarlo a Roma en automóvil. Apenas vio Escrivá la cúpula de San Pedro, lo invitó a recitar con él el Credo, como signo de su plena fidelidad a la Iglesia Católica. Los dos, después, se trasladaron a un apartamento en las proximidades del Vaticano. Aquella noche Josemaría Escrivá de Balaguer permaneció despierto para rezar junto al balcón con la mirada dirigida hacia san Pedro. Estos simples gestos de devoción son la señal de su profunda unión con la Iglesia y con el Papa.

- ¿Cómo reaccionó Escrivá frente a ciertos obstáculos?
Con gran humildad. Se dirigía al Señor diciendo: “Si el Opus Dei no te sirve destrúyelo”. En estas palabras, dirigidas a Dios con la ternura de un hijo, se puede advertir su deseo de moverse en plena armonía con la Iglesia. Él no quería hacer una revolución ni pedir a la Curia Romana la aprobación de una cosa que no fuera útil para el Pueblo de Dios. Su voluntad fue siempre la de obrar con auténtico espíritu de servicio. No en balde, Escrivá decía: “para servir, servir”; es necesario servir a la Iglesia del modo en que Ella quiere ser servida.

- ¿Cuál era su relación con la figura del Papa?
Josemaría Escrivá de Balaguer repetía a menudo una frase muy bonita: “Todos con Pedro a Jesús por María”. De esta manera resumía los amores más grandes de su vida. Además de la idea de la filiación divina, subrayaba mucho la necesidad de estar siempre al lado del Papa, en cuanto Vicario de Cristo en la tierra. Por esta razón, invitaba siempre a recitar oraciones por el Santo Padre.

- Usted, como laica, ¿qué mensaje cree haber recibido de Josemaría Escrivá de Balaguer?
La plena conciencia de formar parte del cuerpo místico de Cristo. Un cuerpo vivo, en el que el corazón debe latir y la sangre debe circular. En “Camino”, su obra más conocida Escrivá nos invita a ‘dejar huella’ y a incendiar los caminos de la tierra con el fuego de Cristo que llevamos en el corazón. Éste es el sentido de nuestro “ser Iglesia”.