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Mons. Josemaría Escrivá de Balaguer

Con el mismo corazón

Etiquetas: Padre, Corazón
Para don José Orlandis, Mons. Escrivá de Balaguer era “el más cordial, el más afectuoso, el más entrañable de los hombres: era, verdaderamente, el Padre. A nadie he conocido con mayor capacidad de amar, de amar a todos, teniendo para todos los brazos bien abiertos. Parece imposible que un mismo hombre pudiera ser a la vez tan de Dios y tan profundamente humano”.

“El secreto –explica Orlandis, repitiendo lo que había escuchado al propio Fundador del Opus Dei– estaba, sencillamente, en que amaba a Dios y a los hombres con el mismo corazón. Amaba al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo y a Santa María, con el mismo corazón de carne con que había amado a su madre y con que amaba a sus hijos”.

En 1974, en Sao Paulo, le preguntaron:
–Cómo hacer para que todas las personas quepan dentro de nuestro corazón y que nuestro temperamento no nos estorbe con su sensibilidad?
¿Qué te crees? ¿Que el corazón humano es pequeñito y cabe una familia, y no cabe más? Toda la familia nuestra –somos miles y miles de personas, de distintas razas, de distintas lenguas, de distintos continentes...–, todos caben. Ya verás qué fácil es. Si no te apartas del trato de Jesús, María y losé; si procuras tener vida interior; si eres hombre de oración; si trabajas, porque si no, no hay vida interior..., entonces el corazón se agranda.
Esa pregunta me la hacía a mí mismo al principio (...). Señor, y cuando seamos muchos, qué sucederás Porque ahora los quiero tanto: pero, cuando seamos una multitud? Ahora somos muchos, muchos, muchos, y el corazón se ha hecho grande, grande: a la medida del Corazón de Cristo, en el que cabe toda la humanidad y mil mundos que hubiera...


Mons. Johannes Pohlschneider, obispo de Aquisgrán, escribió en el Deutsche Tagespost que el día 27 de junio de 1975 recibió, por teléfono, la noticia de la muerte totalmente inesperada del Fundador y Presidente General del Opus Dei. Se quedó profundamente consternado, con la sensación como si, de repente, una estrella luminosísima se hubiese apagado en el cielo de la Iglesia: “Mucho más potentes aún que las fuerzas de su inteligencia eran los impulsos que su corazón irradiaba a su alrededor. Espontáneamente me viene a la cabeza lo que dice la Iglesia del gran apóstol de la juventud don Bosco, en el Introito de la Misa en la fiesta de este Santo: Dedit illi Deus sapientiam et prudentiam multam nimis, et latitudinem cordis quasi arenam quae est in littore maris. Esa latitudo cordis, en la que cabían todos y todo, pero muy especialmente el Amor de Dios y del prójimo, era la característica esencial de este sacerdote. Amaba, quería a los hombres en el sentido más verdadero de esta palabra, y se preocupaba y cuidaba de ellos”.


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Presentación
Capítulo Primero: Una Familia Cristiana
Capítulo Segundo: Vocación al sacerdocio
Capítulo Tercero: La fundación del Opus Dei
Capítulo Cuarto: Tiempo de amigos
Capítulo Quinto: Corazón Universal
Capítulo Sexto: El resello de la filiación divina
Capítulo Séptimo: Las Horas de la Esperanza
Capítulo Octavo: La libertad de los hijos de Dios
Capítulo Noveno: Padre de familia numerosa y pobre
Epílogo


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