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San Josemaría me ha transmitido la certeza de que Dios es Padre

Etiquetas: 14 de febrero, Amar al mundo apasionadamente, Familia y profesión, Formación, Escuela, Mujer, miembros del Opus Dei
Presentamos un testimonio de Maddalena Vintini, de Verona (Italia). Abogado y casada con Gianluca, Maddalena tiene 3 hijos y pertenece a la prelatura del Opus Dei desde hace casi 30 años. En el 2011 abandonó su trabajo de abogado para dirigir el Centro Escolar Gavia.




Maddalena, ¿qué es lo que más le ha impresionado de las enseñanzas de San Josemaría?

Conocí el Opus Dei cuando era muy joven y, por lo tanto, empecé a leer los escritos de San Josemaría cuando era adolescente, Camino, sobre todo. La primera cosa que recuerdo, que me sorprendió en aquel momento y me sigue ayudando también ahora, después de casi 40 años, es el primer punto de Camino. A los 13-14 años la idea de hacer cosas "grandes", de dejar huella, es típica de la edad, pero intuía que esa grandeza, esa fecundidad, ese dejar huella era mucho más, alguien lo había metido en mi corazón.

Con el pasar del tiempo, el cambio de las circunstancias, las alegría y los dolores que la vida comporta, he entendido que San Josemaría me indicaba un camino de grandeza cotidiana. Este dejar huella, y no contentarse con una vida estéril, se concretaba en el amar, en el trabajar, en el vivir plenamente cada instante del día sintiéndome hija de Dios y amada por Él. Esa, para mí, es la enseñanza más preciada. San Josemaría me ha transmitido la certeza de que Dios es Padre y me ama, no de manera genérica, sino en concreto a mí, y, aunque puede parecer raro, me ama tal y como soy; me ayuda a levantarme cuando me caigo, se alegra conmigo, sufre y me sostiene con su gracia cuando algo doloroso me ocurre. No estoy nunca sola, el Señor está siempre junto a mí, allí donde se desarrolla mi actividad, antes en el Tribunal, ahora en el colegio, en mi familia mientras limpio, cocino o hablo con mi marido y nuestros hijos. Dios nunca es indiferente o lejano.


¿Las enseñanzas de San Josemaría le ayudan a conciliar el trabajo y la familia?
Maddalena con su marido y sus tres hijos
Maddalena con su marido y sus tres hijos

Sí, mucho, porque su vida misma es un ejemplo: él era un hombre que trabajaba mucho e intensamente, sin embargo todas la personas a las que he conocido y que han estado cerca de él, señalan con cuanto afecto se entregaba a sus hijos del Opus Dei, cómo recordaba las cartas que le escribían, cómo se preocupaba de las personas que vivían con él, no solo desde un punto de vista espiritual, sino también humano.

Cuando empecé a ser abogado tenía 27 años, un niño pequeño y estaba a la espera de otro: pensaba que nunca conseguiría armonizar la profesión y mi papel de esposa y madre. En cambio, con el estímulo de mi marido y el arma que siempre nos ha sugerido San Josemaría, o sea, la oración, el dialogo con el Señor, día a día he ido adelante. Sin planes a “largo plazo”, sino hablando con Dios todos los días y tratando de entender cuáles eran las prioridades en cada momento, no por sentido del deber sino para ser feliz. Me ha ayudado muchísimo una frase de San Josemaría que decía, “haz lo que debes y está en lo que haces”, una vez que decido en la oración el tiempo para trabajar y para estar con la familia, intento estar allí donde estoy al 100%. En el trabajo concentrada en lo que tengo que hacer, quizás ofreciéndolo por mi marido o por aquel hijo que tiene un examen en clase o un periodo difícil, y cuando regreso a casa, ya no pienso más en el trabajo y me dedico a la familia. Claro que no es algo automático, siempre tengo que luchar, porque en la adolescencia, los hijos tienen aún más necesidad de que estés allí. Además, el Señor nos ha dado el don de un hijo con un hándicap psíquico que tiene necesidad de nosotros de forma aún más delicada. San Josemaría me ha regalado el deseo de vivir con unidad de vida: sin fisuras, sin angustias, sin cruces imaginarias que creamos nosotros solos, sino llevando con alegría aquella pequeña cruz que nos hace estar con Jesús.


¿Qué la ha llevado a abandonar su trabajo profesional para dedicarse a la dirección de un colegio?

Más que "qué" tendría que decir "quién"; era abogado desde hace más de 20 años, asociada en un bufete muy bueno donde además de las profesionales, se habían creado fuertes relaciones de amistad. Me ocupaba de derecho de familia, como había siempre deseado; sin embargo, desde hacía tiempo advertía una inquietud y, como le decía a mi marido, pensaba que no moriría trabajando como abogado. En paralelo a mi trabajo profesional, siempre me había ocupado de las escuelas de nuestros hijos, dirigidas por la asociación Ed. Res., un grupo de padres que desean tomar un papel protagónista en la educación de sus hijos en la escuela, según el modelo de las escuelas españolas de Fomento. Estaba formando parte en el consejo de administración y luego en el consejo de dirección de una escuela femenina. El trabajo me apasionaba, porque me permitía participar en un proyecto educativo para cambiar y mejorar la sociedad desde adentro, partiendo de las familias y de los hijos.

Hace tres años, en agosto, mientras estaba siguiendo un curso de estudios cerca de Roma, recibí una llamada telefónica en la que preguntaban si estaría dispuesta a abandonar la abogacía para hacerme cargo de la dirección de la Gavia, una escuela femenina en Verona. Había poco tiempo para decidir, porque el año escolar estaba por empezar. Pedí algunos días para regresar a casa, hablar con mi marido y tomar una decisión. Recuerdo que he fui al oratorio, que gracias a Dios había en esa casa donde estaba, y le dije al Señor: “¡quizás esta es la respuesta a esta "bendita" inquietud!”.
Mi marido me ha apoyado en esa elección, que afectaba a toda la familia, también desde un punto de vista económico. Una semana más tarde, dejé a mis compañeros y la profesión que había amado durante muchos años. Me despedí de los clientes, cosa delicada considerando el sector del que me ocupaba, y me embarqué en esa nueva aventura.

Maddalena en la recepción del colegio
Maddalena en la recepción del colegio
Después de tres años estoy feliz con esa elección. Trabajo con los padres, los profesores y con personas que me ayudan en esta labor, de la que soy una "principiante", pero apasionada. Por otra parte, mi experiencia jurídica me ayuda en muchas situaciones. Al final, debo esta decisión a San Josemaría; tengo sobre mi mesa de trabajo una pata de plata para acordarme de que, como él decía, hay que echarse al agua para aprender a nadar: yo solo he cambiado de estilo, pero el mar es siempre el mismo, un mar sin orillas, el de la humanidad en el que Dios nos pide trabajar. La homilía de San Josemaría que más me gusta es la que pronunció en la Universidad de Navarra,"Amar al mundo apasionadamente", en la que dice que el cielo y la tierra no se encuentran en el horizonte, sino dentro del alma de cada uno cuando nos esforzamos en santificar nuestras normales actividades cotidianas. Esto me fascinaba cuando era pequeña y sigue fascinándome ahora también.