PortadaLibrosApuntes sobre la vida del fundador del Opus DeiVisitas diarias a Nuestra Señora del Pilar


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Mons. Josemaría Escrivá de Balaguer
Visitas diarias a Nuestra Señora del Pilar
Estos recuerdos de Carmen Noailles corresponden a los veranos de 1921 o de 1922. Quizá a ambos. Porque fue en el verano de 1923 cuando Josemaría comenzó a estudiar Derecho, para examinarse en septiembre de las primeras asignaturas. Era ya clérigo –por la simple tonsura– al matricularse en la Facultad para el curso 1922–23. En octubre de 1922 comenzó cuarta de Teología. El 17 de diciembre recibió las órdenes menores del ostiariado y lectorado, y el 21 –también en el Palacio Arzobispal– el exorcistado y el acolitado, de manos del Cardenal Soldevila, que moriría el 4 de junio de 1923, asesinado por un grupo anarquista.
Entretanto, Josemaría seguía sin vislumbrar esa otra cosa que atisbaba del amor de Dios. Estudiaba, rezaba, y se ponía en manos de la Virgen, en sus visitas diarias a Nuestra Señora del Pilar: La sigo tratando con amor filial –escribiría el 11 de octubre de 1970 en El Noticiero de Zaragoza–. Con la misma fe con que la invocaba por aquellos tiempos, en torno a los años veinte, cuando el Señor me hacía barruntar lo que esperaba de mí.
En sus manos ponía la solución de lo que se gestaba en su alma, sintiéndose –como aseguraba en otra ocasión– medio ciego, siempre esperando el porqué: ¿por qué me hago sacerdote? El Señor quiere algo, ¿qué es? Y en un latín de baja latinidad, cogiendo las palabras del ciego de Jericó, repetía: Domine, ut videam! Ut sit! Ut sit! Que sea eso que Tú quieres, y que yo ignoro.
Su oración de años se materializó en una imagen de la Virgen, que alguien encontró tiempo después:
Pasaron los años, muchos años, y una vez, estando ya en Roma, vino la Secretaria Central, y me dijo: Padre, ha llegado aquí una imagen de la Virgen del Pilar, que tenía usted en Zaragoza. Le respondí: no, no me acuerdo. Y ella: sí, mírela; hay una cosa escrita por usted. Era una imagen tan horrible, que no me pareció posible que hubiese sido mía. Me la mostró y, debajo de la imagen, con un clavo, estaba escrito sobre el yeso: Domina, ut sit!, con una admiración, como suelo poner siempre las jaculatorias que escribo en latín. ¡Señora, que sea! Y una fecha: 24–9–924.
En junio de 1924 había terminado el quinto curso de Teología. El día 14 de aquel mes recibió el subdiaconado en la Iglesia del Seminario de San Carlos, de manos de don Miguel de los Santos Díaz Gómara, que le apreciaba mucho. Don Miguel era Presidente del Seminario de San Carlos, y solía escoger a Josemaría para que le acompañara a actos que tenía que presidir, o a celebraciones litúrgicas con motivo de la administración de Sacramentos.
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Acceso directo a los capítulos
Presentación
Capítulo Primero: Una Familia Cristiana
Capítulo Segundo: Vocación al sacerdocio
Capítulo Tercero: La fundación del Opus Dei
Capítulo Cuarto: Tiempo de amigos
Capítulo Quinto: Corazón Universal
Capítulo Sexto: El resello de la filiación divina
Capítulo Séptimo: Las Horas de la Esperanza
Capítulo Octavo: La libertad de los hijos de Dios
Capítulo Noveno: Padre de familia numerosa y pobre
Epílogo
Gracias a la autorización expresa de Ediciones Rialp ha sido posible recoger esta publicación en formato electrónico en la presente página web.
Entretanto, Josemaría seguía sin vislumbrar esa otra cosa que atisbaba del amor de Dios. Estudiaba, rezaba, y se ponía en manos de la Virgen, en sus visitas diarias a Nuestra Señora del Pilar: La sigo tratando con amor filial –escribiría el 11 de octubre de 1970 en El Noticiero de Zaragoza–. Con la misma fe con que la invocaba por aquellos tiempos, en torno a los años veinte, cuando el Señor me hacía barruntar lo que esperaba de mí.
En sus manos ponía la solución de lo que se gestaba en su alma, sintiéndose –como aseguraba en otra ocasión– medio ciego, siempre esperando el porqué: ¿por qué me hago sacerdote? El Señor quiere algo, ¿qué es? Y en un latín de baja latinidad, cogiendo las palabras del ciego de Jericó, repetía: Domine, ut videam! Ut sit! Ut sit! Que sea eso que Tú quieres, y que yo ignoro.
Su oración de años se materializó en una imagen de la Virgen, que alguien encontró tiempo después:
Pasaron los años, muchos años, y una vez, estando ya en Roma, vino la Secretaria Central, y me dijo: Padre, ha llegado aquí una imagen de la Virgen del Pilar, que tenía usted en Zaragoza. Le respondí: no, no me acuerdo. Y ella: sí, mírela; hay una cosa escrita por usted. Era una imagen tan horrible, que no me pareció posible que hubiese sido mía. Me la mostró y, debajo de la imagen, con un clavo, estaba escrito sobre el yeso: Domina, ut sit!, con una admiración, como suelo poner siempre las jaculatorias que escribo en latín. ¡Señora, que sea! Y una fecha: 24–9–924.
En junio de 1924 había terminado el quinto curso de Teología. El día 14 de aquel mes recibió el subdiaconado en la Iglesia del Seminario de San Carlos, de manos de don Miguel de los Santos Díaz Gómara, que le apreciaba mucho. Don Miguel era Presidente del Seminario de San Carlos, y solía escoger a Josemaría para que le acompañara a actos que tenía que presidir, o a celebraciones litúrgicas con motivo de la administración de Sacramentos.
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Presentación
Capítulo Primero: Una Familia Cristiana
Capítulo Segundo: Vocación al sacerdocio
Capítulo Tercero: La fundación del Opus Dei
Capítulo Cuarto: Tiempo de amigos
Capítulo Quinto: Corazón Universal
Capítulo Sexto: El resello de la filiación divina
Capítulo Séptimo: Las Horas de la Esperanza
Capítulo Octavo: La libertad de los hijos de Dios
Capítulo Noveno: Padre de familia numerosa y pobre
Epílogo
Gracias a la autorización expresa de Ediciones Rialp ha sido posible recoger esta publicación en formato electrónico en la presente página web.
Relación de contenidos
- El papel de Tía Carmen y la Abuela
- Ofrece tus molestias por esa labor
- La muerte de su hermana Carmen
- Calor de hogar
- La niña de sus ojos
- Intuía nuestras preocupaciones
- ¿Cuántos días hace que no escribes a tus padres?
- Con aire de intimidad
- Somos una familia
- La santidad del amor humano
- La sensualidad corta las alas del amor
- Tratar de cosas divinas a lo humano, y de cosas humanas a lo divino
- Todo tu corazón
- Un hogar luminoso y alegre
- Materializar el amor de Dios por todos sus hijos
- Circunstancias difíciles en el matrimonio
- El latín, para los curas
- Nunca pensé ser cura
- La única vez que le vi llorar
- El seminario de Logroño
- Los años de San Josemaría Escrivá en Zaragoza
- Mientras Josemaría esperaba conocer el plan de Dios
- El ambiente en el seminario
- Una pelea en el seminario
- Superior del Seminario
- Afán apostólico
- Visitas diarias a Nuestra Señora del Pilar
- Estudios civiles
- Licenciado en Derecho
- Me comería ¡cada plato de sopas con vino!...
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