Documentación
Relatos biográficos
Con los brazos abiertos a todos
Pedro Casciaro
Era el 1 de mayo de 1970 cuando san Josemaría anunció su deseo de cruzar el Atlántico para postrarse a los pies de Santa María de Guadalupe. La estancia en México se prolongó desde el 15 de mayo hasta el 22 de junio.
En este artículo, Mons. Pedro Casciaro recuerda algunas reuniones con san Josemaría con personas venidas desde los más diversos confines del país: madres de familia, artesanos, agricultores, empleadas del hogar, empresarios, intelectuales, sacerdotes, inditas con sus vestidos multicolores...
Elegir el servicio
Mi asombro crecía de día en día. Porque ¡eran tan diferentes, tan distintos, los grupos humanos a los que hablaba de Dios! (...) Sabía hablar a cada uno en su propio lenguaje. Recuerdo, por ejemplo, que el 15 de junio alabó la labor apostólica con empleadas del hogar: “El trato entre patrona y empleada -dijo- ha sido, muchas veces, injusto por ambas partes; y hay que procurar que esa injusticia desaparezca y que, junto a la profesionalización, comprendan cuál es el sentido sobrenatural de ese trabajo: saber servir, ahora que ya nadie quiere hacerlo.
“Yo estoy contento de servir a Dios: no soy más que un servidor de Dios, y le pido que tenga cada día mayores deseos de servirle. Hay que hacer justicia cristiana: que no haya explotadores ni explotados. Una criatura de éstas, metida en una casa, puede ser un ángel de luz o un diablo... Fijaos si es importante”.
Yo también he barrido, aunque no tenía esa especialidad...
En esa ocasión le escuchaba un grupo numeroso de mujeres jóvenes del Opus Dei: algunas universitarias; otras, empleadas del hogar. Y aclaró: “No olvidéis que formamos una familia. Todos somos iguales en la Obra: no hay clases. Las que sois universitarias os habéis dedicado más a la ciencia porque habéis tenido más medios para estudiar. Otras hijas mías (...) poseen -por su vida interior- el don de la Sabiduría, que vale más que toda la ciencia.
Dijo algo entonces que me recordó aquellos viejos tiempos de Ferraz: “Yo también he barrido, y he procurado barrer bien: no dejaba rincones sin limpiar, porque lo hacía cara a Dios. Si no me salía mejor, es porque no tengo la especialidad de barrer..., aunque ya me gustaría tenerla. Cuando vosotras hagáis la limpieza, realizadla como si estuvieseis en la casa de Nazareth: para que Jesús, María y José estén contentos. Sois empleadas del hogar en casa de la Sagrada Familia, en Nazareth. Si trabajáis con esa rectitud de intención, con amor de Dios, os santificaréis.”
Alcaldesa o ama de casa: ¿qué más da?
Una mujer le preguntó si las mujeres debían trabajar fuera de casa:
-“¿Tú piensas que no trabajan? Las que están ocupadas en un oficio o en una profesión hacen muy bien. Otras tienen ya mucho trabajo con llevar el hogar, cuidar de los niños, preparar al marido una acogida cariñosa: ¿te parece poco? Para mí eso es un gran trabajo profesional... Y conste -puntualizó con gracia- que no soy contrario a que las mujeres sean alcaldesas y gobernadoras.
Matrimonios sin hijos: más capacidad de amar
Otra señora le preguntó por los matrimonios sin hijos:
-Si no tienen hijos, es que Dios quiere más de ellos... Agradeced también al Señor que no os dé hijos, porque os concederá mucho amor para derramarlo en los que os rodean. Si no sabéis qué hacer, me lo decís, que yo os daré trabajo. Y os debéis querer lo mismo, con toda el alma, ¿está claro? Marido y mujer que no tenéis descendencia: no sois unos desgraciados, unos defraudados; sois unas personas a las que el Señor, providencialmente, les ha negado esa compensación, pero les ha puesto tanta capacidad de amar...”
De los matrimonios sin hijos pasaba a hablar de la necesidad de la confesión sacramental, o recordaba la doctrina de la Iglesia sobre el bautismo de los niños, o sobre la ayuda a los más necesitados. Hay que intensificar las labores con obreros y campesinos, recordaba. Hemos de ayudarles, con calor humano y afecto sobrenatural, a que adquieran la cultura necesaria para que puedan sacar de su trabajo más fruto material y lleguen a mantener la familia con mayor desahogo y dignidad. Para eso no hay que hundir a los que están arriba; pero no es justo que haya familias que estén siempre abajo.
De los campesinos pasaba a los intelectuales; de los intelectuales a los empresarios; de los empresarios a las madres de familia; y luego a... Pero antes de proseguir me gustaría detenerme en la labor de la Obra en México con campesinos, que tiene varios nombres propios. Uno de ellos es Montefalco.
CASCIARO, Pedro, "Soñad y os quedaréis cortos", cap. 13, "El Padre en México"
En este artículo, Mons. Pedro Casciaro recuerda algunas reuniones con san Josemaría con personas venidas desde los más diversos confines del país: madres de familia, artesanos, agricultores, empleadas del hogar, empresarios, intelectuales, sacerdotes, inditas con sus vestidos multicolores...

Mi asombro crecía de día en día. Porque ¡eran tan diferentes, tan distintos, los grupos humanos a los que hablaba de Dios! (...) Sabía hablar a cada uno en su propio lenguaje. Recuerdo, por ejemplo, que el 15 de junio alabó la labor apostólica con empleadas del hogar: “El trato entre patrona y empleada -dijo- ha sido, muchas veces, injusto por ambas partes; y hay que procurar que esa injusticia desaparezca y que, junto a la profesionalización, comprendan cuál es el sentido sobrenatural de ese trabajo: saber servir, ahora que ya nadie quiere hacerlo.
“Yo estoy contento de servir a Dios: no soy más que un servidor de Dios, y le pido que tenga cada día mayores deseos de servirle. Hay que hacer justicia cristiana: que no haya explotadores ni explotados. Una criatura de éstas, metida en una casa, puede ser un ángel de luz o un diablo... Fijaos si es importante”.
Yo también he barrido, aunque no tenía esa especialidad...
En esa ocasión le escuchaba un grupo numeroso de mujeres jóvenes del Opus Dei: algunas universitarias; otras, empleadas del hogar. Y aclaró: “No olvidéis que formamos una familia. Todos somos iguales en la Obra: no hay clases. Las que sois universitarias os habéis dedicado más a la ciencia porque habéis tenido más medios para estudiar. Otras hijas mías (...) poseen -por su vida interior- el don de la Sabiduría, que vale más que toda la ciencia.
Dijo algo entonces que me recordó aquellos viejos tiempos de Ferraz: “Yo también he barrido, y he procurado barrer bien: no dejaba rincones sin limpiar, porque lo hacía cara a Dios. Si no me salía mejor, es porque no tengo la especialidad de barrer..., aunque ya me gustaría tenerla. Cuando vosotras hagáis la limpieza, realizadla como si estuvieseis en la casa de Nazareth: para que Jesús, María y José estén contentos. Sois empleadas del hogar en casa de la Sagrada Familia, en Nazareth. Si trabajáis con esa rectitud de intención, con amor de Dios, os santificaréis.”

Una campesina que se arrodilló ante el sacerdote: san Josemaría se hinca como manifestación de agradecimiento y de "igualdad" entre los hijos de Dios
Una mujer le preguntó si las mujeres debían trabajar fuera de casa:
-“¿Tú piensas que no trabajan? Las que están ocupadas en un oficio o en una profesión hacen muy bien. Otras tienen ya mucho trabajo con llevar el hogar, cuidar de los niños, preparar al marido una acogida cariñosa: ¿te parece poco? Para mí eso es un gran trabajo profesional... Y conste -puntualizó con gracia- que no soy contrario a que las mujeres sean alcaldesas y gobernadoras.
Matrimonios sin hijos: más capacidad de amar
Otra señora le preguntó por los matrimonios sin hijos:
-Si no tienen hijos, es que Dios quiere más de ellos... Agradeced también al Señor que no os dé hijos, porque os concederá mucho amor para derramarlo en los que os rodean. Si no sabéis qué hacer, me lo decís, que yo os daré trabajo. Y os debéis querer lo mismo, con toda el alma, ¿está claro? Marido y mujer que no tenéis descendencia: no sois unos desgraciados, unos defraudados; sois unas personas a las que el Señor, providencialmente, les ha negado esa compensación, pero les ha puesto tanta capacidad de amar...”

Pedro Casciaro escribe sus recuerdos sobre la estancia de san Josemaría en México
De los campesinos pasaba a los intelectuales; de los intelectuales a los empresarios; de los empresarios a las madres de familia; y luego a... Pero antes de proseguir me gustaría detenerme en la labor de la Obra en México con campesinos, que tiene varios nombres propios. Uno de ellos es Montefalco.
CASCIARO, Pedro, "Soñad y os quedaréis cortos", cap. 13, "El Padre en México"
Relación de contenidos
- Con los brazos abiertos a todos
- "Hablemos de los sacramentos"
- Por un hoy que construya el mañana
- Magnanimidad, fe, "locura"
- San Josemaría Escrivá en Madrid: la fundación del Opus Dei
- Los primeros pasos del Opus Dei
- ¡Dios es mi Padre!
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