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"Que ninguno se sienta solo"

9 de junio de 2004

Etiquetas: Sacerdocio
Mons. Joaquín Alonso durante su conferencia
Mons. Joaquín Alonso durante su conferencia
“La caridad de san Josemaría con los sacerdotes era constante, grandiosa, porque nacía de su profunda humildad, que, como dice san Agustín, procede de la caridad”.

Con estas palabras, Mons. Joaquín Alonso, Consultor Teólogo de la Congregación para las Causas de los Santos y durante 22 años directo colaborador de san Josemaría, inició un encuentro con decenas de sacerdotes y seminaristas en la Universidad Pontificia de la Santa Cruz, en Roma.

Con un estilo familiar, quiso compartir con quienes le escuchaban sus recuerdos sobre el amor que ha visto en la vida de san Josemaría hacia sus hermanos sacerdotes. Repasó una parte de la biografía del fundador del Opus Dei y se detuvo en narrar cómo a finales de los años 60, impulsó a varios sacerdotes del Opus Dei a poner en marcha iniciativas que fomentaran la fraternidad sacerdotal en Roma.

“Así nació el Centro Romano di Incontri Sacerdotali, CRIS”, recordó Mons. Alonso. “Organizábamos reuniones, conferencias, y también íbamos a visitar sacerdotes ancianos o enfermos. Porque, Roma –dijo- estaba y está llena de cardenales, obispos, párrocos, sacerdotes… de más de 80 años o enfermos, que tienen necesidad de una visita, de alguien que les escuche…”.

A san Josemaría le preocupaba especialmente remediar la soledad, quería que ningún sacerdote se pudiera encontrar solo. “Hoy –dijo Mons. Alonso-, estamos en una época en la que hay una soledad globalizada. Rodeados de cosas, pero solos”. Y señaló cómo había aprendido del fundador del Opus Dei que la caridad no es “hablar de cosas elevadas”, sino estar en los detalles pequeños, en saber cómo hacer para que los demás sonrían, para que se sientan en familia.

“San Josemaría también nos animó a organizar iniciativas de contenido cultural y doctrinal”, continuó. Durante los años 70, por aquellas actividades del CRIS pasaron intelectuales como Victor Frankl, Jérôme Lejeune, Joseph Pieper, Sergio Cotta, Antonio Millán Puelles, Peter Berglar, y varias decenas de obispos.

Karol Wojtyla y don Joaquín Alonso el 13/10/1974
Karol Wojtyla y don Joaquín Alonso el 13/10/1974

“Un día, llegó un cardenal joven, polaco, muy simpático”, relató Mons. Alonso. Era Karol Wojtyla. El futuro Papa estaba en Roma con motivo de un sínodo y manifestó su interés por ir al encuentro del CRIS, en el que hablaría el cardenal alemán Joseph Höffner. “Le hicimos una entrevista: le enviamos las preguntas en italiano, y nos respondió en polaco. Recuerdo que escribió con un bolígrafo algo deteriorado. No entendí nada, sólo una frase en latín, que encabezaba cada página. Era una línea de la secuencia Veni Sancti Spiritus”, recordó. “Luego imprimimos la entrevista y la difundimos. Dos años más tarde, el cardenal Wojtyla dio una conferencia en el CRIS”.

“Si no hay Eucaristía, el sacerdote no existe”, era una de las ideas centrales en la predicación de san Josemaría cuando se refería a la vida sacerdotal. “Esto nos llevó a organizar también iniciativas en las que se fomentara la devoción eucarística - ratos de adoración al Santísimo Sacramento, por ejemplo - entre sacerdotes diocesanos y seminaristas. Más adelante, extendimos las actividades a Alemania, y nos reuníamos allí en los veranos”.

Durante el encuentro, Mons. Alonso también dio algunas pinceladas sobre la personalidad de san Josemaría. Recordó que el día de Jueves Santo de 1975, “estábamos en el oratorio de Pentecostés, en la sede central del Opus Dei. De pronto, san Josemaría empezó a hacer su oración en voz alta: “A la vuelta de cincuenta años, estoy como un niño que balbucea: estoy comenzando y recomenzando””. Y que en otra ocasión le había oído decir: “¿El Padre? Un pecador que ama a Jesucristo, que no acaba de aprender las lecciones que Dios le da; un bobo muy grande: ¡esto es el Padre! Decidlo a los que os pregunten, que os preguntarán”.

Asistentes a la conferencia organizada en la Universidad Pontificia de la Santa Cruz
Asistentes a la conferencia organizada en la Universidad Pontificia de la Santa Cruz
Más adelante, dialogando con el público, Mons. Alonso señaló: “¿Qué he aprendido de san Josemaría Escrivá?, me preguntaréis. Y os contestaré: No lo sé. Lo sabré cuando llegue a la presencia de Dios. Sé lo que me ha enseñado, pero no sé lo que he aprendido. Me ha enseñando la alegría de ser cristiano. Subrayo lo de la alegría, porque es una característica propia de la vida cristiana. Todos los años, en las primeras páginas de la epacta que usaba (donde se señala la Misa que se celebra cada día), escribía: In laetitia nulla dies sine Cruce! (¡Con alegría, ningún día sin Cruz!)”.

Mons. Alonso hizo también referencia a la relación entre san Josemaría y la Santísima Virgen, que “no era solo una devoción, pues tenía un sentido mariano de toda su existencia”.