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Mons. Josemaría Escrivá de Balaguer

Quien critica al Opus Dei critica al Patriarca

Etiquetas: Álvaro del Portillo, Opus Dei, perdón
Para más de uno, la actitud del Patriarca no acababa de tener explicación. Lo consideraban un obispo de corte tradicional, proclive a la estima de un “clero serrano, escalafonado, rural”, que “amparaba decisivamente una experiencia como la del Opus Dei, de signo contrario”. Así lo esboza el P. Federico Sopeña en su libro Defensa de una generación. El P. Sopeña cita también una anécdota que debió tener amplia difusión por los años cuarenta: el Patriarca, antes de dar la comunión a un conocido seglar, le dijo con decisión: “quien critica al Opus Dei, critica al Patriarca”.

El 25 de junio de 1944 don Leopoldo Eijo y Garay confirió el sacramento del Orden a los tres primeros sacerdotes del Opus Dei. Ese día fue a almorzar a Diego de León, 14, y después estuvo charlando con un buen grupo de socios de la Obra que habían venido de otras ciudades a la ordenación. Les confió que, en algún momento, había temido que reaccionaran con violencia o con faltas de caridad, pero se quedó muy tranquilo un día, cuando don Álvaro del Portillo le dijo, mirando el crucifijo: –¡No! Les perdonamos y además les agradecemos todo. Por qué se ha de enfadar el enfermo con el bisturí, y más si el bisturí es de platino?
El 25 de junio de 1944 don Leopoldo Eijo y Garay confirió el sacramento del Orden a los tres primeros sacerdotes del Opus Dei
El 25 de junio de 1944 don Leopoldo Eijo y Garay confirió el sacramento del Orden a los tres primeros sacerdotes del Opus Dei

Don Álvaro del Portillo había aprendido del Fundador a perdonar, a contemplar en todo aquello la mano de Dios, que quería purificarle a él y al Opus Dei. "¡Cuánto debe a sus perseguidores!", exclama don Antonio Rodilla: le empujaban a la oración, a la humildad, a la mortificación, a la más heroica caridad, a la formación sobrenatural de los socios del Opus Dei.

Les enseñó –con su ejemplo y su palabra– a perdonar desde el primer momento a los obcecados detractores. Cuando alguien le daba noticia de una nueva falsedad –y eso ocurría a menudo varias veces al día– lo primero que hacía era invitarle a rezar un Padrenuestro o un Avemaría por quien le había calumniado. Para referirse a ellos, y a su conducta, empleaba siempre una expresión significativa, que compendiaba su reacción sobrenatural: era la contradicción de los buenos, que obraban putantes obsequium se praestare Deo, creyendo que prestaban un servicio a Dios.

“Jamás le vi una reacción de rencor –confirma por su parte el dominico P. Sancho–. No era él hombre para eso, sino para comprender, perdonar y olvidar. Reaccionaba siempre sobrenaturalmente y con mucha mansedumbre”.
Fray José López Ortiz marca la misma idea: “Sufría mucho, porque él tenía un espíritu muy grande y abierto, un corazón magnánimo”.


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Acceso directo a los capítulos
Presentación
Capítulo Primero: Una Familia Cristiana
Capítulo Segundo: Vocación al sacerdocio
Capítulo Tercero: La fundación del Opus Dei
Capítulo Cuarto: Tiempo de amigos
Capítulo Quinto: Corazón Universal
Capítulo Sexto: El resello de la filiación divina
Capítulo Séptimo: Las Horas de la Esperanza
Capítulo Octavo: La libertad de los hijos de Dios
Capítulo Noveno: Padre de familia numerosa y pobre
Epílogo


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Conoció a san Josemaría en 1944 y al poco tiempo solicitó la admisión al Opus Dei: "Le daría un diez especialmente al director, porque lo que ha dicho es verdad. Ha cogido quien era él, la capacidad de perdonar, la capacidad de olvidar, de animarte". (El sonido no es bueno, pero ha prevalecido el valor del testimonio).

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