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Mons. Josemaría Escrivá de Balaguer

¿Qué será de nosotros, Padre mío?

Etiquetas: Iglesia, Opus Dei, Confianza, Dios, Roma
Años más tarde, en 1961, Mons. Escrivá de Balaguer se refería a que había hecho el viaje a Roma con el alma puesta en mi Madre la Virgen Santísima y con una fe encendida en Dios Nuestro Señor, a quien confiadamente invocaba, diciéndole: ecce nos reliquimus omnia, et secuti sumus te: quid ergo erit nobis? (Mt., XIX, 27). ¿Qué será de nosotros, Padre mío?: habíamos dejado todo: la honra –con tanta calumnia encima–, la vida entera, haciendo cada uno en un sitio lo que el Señor pedía. Dios nos escucho, y escribió en estos años romanos, otra página maravillosa de la historia de la Obra.

Aquella mañana del 21 de junio de 1946, había celebrado la Santa Misa en el oratorio del Centro del Opus Dei de Barcelona donde había pasado la noche: un piso en la calle Muntaner, 444. Antes de la Misa, dirigió la meditación de los socios de la Obra que estaban presentes. Sus palabras, llenas de fe, se les quedaron grabadas para siempre. Tomó pie para su meditación en voz alta de aquel pasaje del Evangelio de San Mateo, donde Pedro dice a Jesús que han dejado todo para seguirle. Al calor de esas palabras de la Escritura surgía un profundo sentimiento de fe, que le impulsaba a encararse abiertamente con el Señor, y a decir, lleno de audacia filial:
¿¡Señor, Tú has podido permitir que yo de buena fe engañe a tantas almas!? ¡Si todo lo he hecho por tu gloria y sabiendo que es tu Voluntad! ¿Es posible que la Santa Sede diga que llegamos con un siglo de anticipación...? Ecce nos reliquimus omnia, et secuti sumus te (Mt., XIX, 27).

Concluyó la meditación con un acto de entrega, plenísima y confiada, en la Providencia amorosa de Dios, para quien son posibles todas las cosas, también aquellas que los hombres llaman imposibles.

Esa misma tarde embarcó en el buque que debía conducirle a Italia, el J. J. Sister, un pequeño vapor de la Compañía Transmediterránea, de unas 1.500 toneladas de desplazamiento y cincuenta años de vejez. Un furioso temporal, impropio del Mediterráneo y más aún en el mes de junio, zarandeó durante cerca de veinte interminables horas el barco. El Fundador del Opus Dei, enfermo como estaba, sufrió lo indecible en este su primer viaje por mar.

El sábado 22, cerca de la medianoche, con varias horas de retraso a causa del temporal, el J. J. Síster amarraba al puerto de Génova, donde esperaban don Álvaro del Portillo y don Salvador Canals. Al día siguiente, domingo 23, después de celebrar su primera Misa en tierra italiana, hizo en coche el camino de Génova a Roma.


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Presentación
Capítulo Primero: Una Familia Cristiana
Capítulo Segundo: Vocación al sacerdocio
Capítulo Tercero: La fundación del Opus Dei
Capítulo Cuarto: Tiempo de amigos
Capítulo Quinto: Corazón Universal
Capítulo Sexto: El resello de la filiación divina
Capítulo Séptimo: Las Horas de la Esperanza
Capítulo Octavo: La libertad de los hijos de Dios
Capítulo Noveno: Padre de familia numerosa y pobre
Epílogo


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