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Mons. Josemaría Escrivá de Balaguer

Privaciones Continuas

Etiquetas: Pobreza
Fueron continuas las privaciones del Fundador del Opus Dei y de los que le rodeaban. Iban andando a las Universidades y Ateneos, porque no había dinero ni para el filobus o la circolare, y como no podían comprar ni el tabaco italiano más corriente muchos dejaron de fumar... Algunos años después, cuando dentro de la incomodidad persistente, habían pasado los más graves apuros, Mons. Escrivá de Balaguer ponderaría:
Aceptad estas circunstancias extraordinarias como un sacrificio que podéis ofrecer a Nuestro Señor, y sabed que otras veces hemos estado mucho más incómodos de lo que podéis estar ahora vosotros. No tendréis de ningún modo las dificultades con que hemos vivido durante años (...). Al principio, hubo ocasiones en las que hacíamos una sola comida al día, y eso cuando era posible.
Y aquí, no había sitio para dormir: teníamos una sola cama, que era ocupada por el que se encontraba enfermo; los demás nos acostábamos donde podíamos, allá abajo, en aquella portería que ya ha desaparecido. Durante bastantes años, he estado subiendo por los andamios, para dormir en una habitación como se podía. Nunca hemos estado bien.


Una anécdota refleja aquella estrechez económica. En 1951 se compró una Lambretta, para realizar las diversas y numerosas gestiones relacionadas con la marcha de las obras. Se usaba tanto, que muy pronto se hizo necesario sustituirla. La madre de uno de los alumnos proporcionó el dinero, pero hubo que utilizarlo para pagar a los proveedores. La vieja Lambretta continuó corriendo por las calles de Roma cuatro años más.

A pesar de los agobios y de que en todas partes se necesitaban personas para llevar adelante los apostolados, estábamos siempre pensando –precisaba el Fundador de la Obra– en traer más gente al Colegio Romano, todos los posibles, porque convenía: para la gloria de Dios, para el servicio de la Iglesia, de las almas y de la Obra, para que ( ...) aprendáis a amar a otras naciones, y a ver las cosas buenas y los defectos que hay en otras tierras como los hay en la de cada uno. Convenía, además, para recibir una formación recia, unitaria, en el buen espíritu de la Obra.

Al mismo tiempo, los alumnos del Colegio Romano estudiaban en los Ateneos y Universidades pontificias para conseguir los títulos académicos que el Fundador había establecido. La primera tesis doctoral fue la de don Álvaro del Portillo. Con los años, serían centenares las tesis leídas por alumnos del Colegio Romano de la Santa Cruz: en teología, en derecho canónico, en filosofía.

Y con el trabajo intelectual, el manual. Los muros de aquellos edificios requerían una decoración adecuada. Entre las clases y la investigación, los alumnos del Colegio Romano dedicaron muchas horas a los botes de pintura, o a los sacos de cemento, alentados por Mons. Escrivá de Balaguer, que –como evoca uno de ellos– “corrige pequeños detalles, ve lo que nosotros muchas veces no vemos, nos habla y se nos van grabando sus palabras, que llevan además el vivo colorido del cariño y la oportunidad”.

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Presentación
Capítulo Primero: Una Familia Cristiana
Capítulo Segundo: Vocación al sacerdocio
Capítulo Tercero: La fundación del Opus Dei
Capítulo Cuarto: Tiempo de amigos
Capítulo Quinto: Corazón Universal
Capítulo Sexto: El resello de la filiación divina
Capítulo Séptimo: Las Horas de la Esperanza
Capítulo Octavo: La libertad de los hijos de Dios
Capítulo Noveno: Padre de familia numerosa y pobre
Epílogo


Gracias a la autorización expresa de Ediciones Rialp ha sido posible recoger esta publicación en formato electrónico en la presente página web.

Salvador Bernal, Apuntes sobre la vida del Fundador del Opus Dei, Rialp, Madrid, 1976.