PortadaDocumentaciónRelatos biográficosLa primera mujer del Opus Dei: "Los cimientos, ante todo; luego, vendrá lo demás"
Documentación
Relatos biográficos

La primera mujer del Opus Dei: "Los cimientos, ante todo; luego, vendrá lo demás"

Etiquetas: 14 de febrero, Mujer
Mª Ignacia García Escobar tuvo conciencia cierta de estar haciendo la Obra de Dios desde su cama en el hospital: <em>Hay que cimentarla bien. Para ello, procuremos que estos cimientos sean de piedra de granito, no nos ocurra lo que a aquel edificio de que habla el Evangelio, que fue edificado en la arena. Los cimientos, ante todo; luego, vendrá lo demás'</em>
Mª Ignacia García Escobar tuvo conciencia cierta de estar haciendo la Obra de Dios desde su cama en el hospital: Hay que cimentarla bien. Para ello, procuremos que estos cimientos sean de piedra de granito, no nos ocurra lo que a aquel edificio de que habla el Evangelio, que fue edificado en la arena. Los cimientos, ante todo; luego, vendrá lo demás'
Éste es el modo divino de hacer las cosas –escribiría lleno de agradecimiento en 1961–: una primero y otra después, guiando los pasos, utilizando causas segundas, mediaciones humanas. Mirad lo que nos cuentan los Hechos de los Apóstoles, al narrar la conversión de Saulo. Después de que el Señor lo ha herido con su gracia, él dice: Domine, quid me vis facere? Señor, ¿qué quieres que haga? Y oye la respuesta divina: surge et ingredere in civitatem et ibi dicetur tibi quid te oporteat facere (Act. IX, 6); levántate, entra en la ciudad, y allí te dirán lo que conviene que hagas. ¿Veis?, una gracia primero, un encargo después: con una divina selección de tiempos, de modos y de circunstancias. Así ha ido el Señor haciendo su Obra: primero una Sección, después otra, y después –nuevo don– los sacerdotes. Y en cada aspecto de nuestro camino, en cada frente que había que ganar en esta hermosa guerra de paz, el Señor me ha tratado siempre así: primero esto, después aquello. Por eso, os repito, agradeced conmigo esta continua providencia amorosa que nuestro Padre Dios ha manifestado.

Desde el 14 de febrero de 1930, Mons. Escrivá de Balaguer se puso a trabajar, para iniciar la Sección femenina del Opus Dei. Su labor fue más lenta, porque, por delicadeza y prudencia, no podía tener con las mujeres que se sintieron atraídas por el mensaje de la Obra, la relación constante y continua que tenía con los varones (y así sería siempre: en concreto, jamás vivió en un Centro de la Sección de mujeres).

De otra parte, en aquellos años, las chicas jóvenes –en las que más fácilmente podía prender este nuevo espíritu– tenían poquísima libertad. Se veían obligadas a dar a sus padres todo tipo de explicaciones: dónde iban, con quién, a qué, cuándo volverían... Y entonces, jurídicamente, la Obra no era nada: atravesaba los momentos delicados del comienzo de la gestación.

9 de abril de 1932
Sin embargo, atendió sacerdotalmente con un celo extraordinario a María Ignacia García Escobar, una de las primeras asociadas del Opus Dei, que falleció en el Hospital del Rey el 13 de septiembre de 1933, de una manera verdaderamente santa. Sufrió mucho, pues padecía tuberculosis intestinal y tuvieron que hacerle varias operaciones. Es emocionante leer los cuadernos que María Ignacia escribió en aquel hospital de incurables, con un estilo que recuerda la más clásica literatura espiritual española. Había pedido la admisión en la Obra el 9 de abril de 1932 –"una nueva era de Amor", anota en su cuaderno dos días más tarde–, pero antes de esa fecha venía ofreciendo por la intención de don Josemaría sus fiebres, sus múltiples molestias, sus intensos dolores que, por ejemplo, le impedían escribir durante semanas seguidas. María Escobar tuvo conciencia cierta de estar haciendo la Obra de Dios desde su cama en el hospital: "Hay que cimentarla bien. Para ello, procuremos que estos cimientos sean de piedra de granito, no nos ocurra lo que a aquel edificio de que habla el Evangelio, que fue edificado en la arena. Los cimientos, ante todo; luego, vendrá lo demás".

El dolor de los enfermos de aquel hospital fue cimiento inconmovible del Opus Dei. María Ignacia rezaba por la Obra desde que, en los últimos meses de 1931, don José María Somoano Berdasco le rogó:
María: hay que pedir mucho por una intención, que es para bien de todos. Esta petición no es de días: es un bien universal que necesita oraciones y sacrificios, ahora, mañana y siempre.

Don José María Somoano alentaba a muchos enfermos a ofrecer sus sufrimientos por aquella intención: y por ésta padecían sus molestias, ofrecían operaciones dolorosísimas, o comían cuando no tenían apetito. "De noche –anota María–, cuando los dolores no me dejan dormir, me entretengo en recordarle su intención repetidas veces a Nuestro Señor".