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Mons. Josemaría Escrivá de Balaguer
Pobreza en detalles concretos

Yo sufro –confiaba en una ocasión a un grupo de socios de la Obra– cuando veo que pasan muchos delante de un cuadro torcido, y que ninguno es capaz de ponerlo horizontal; y sufro cuando veo que salen todos de una habitación, y al marcharse no saben dejar cada cosa en su sitio. Las cosas están para usarlas; y si así se gastan o se rompen, bien. Pero que no sea por no cuidarlas. Hay que cuidarlas con un cariño viril. Se trata de hacer las cosas como una persona que tiene amor.
Este modo –humano y divino– de vivir el desprendimiento de los bienes materiales, hasta en los más mínimos detalles, tenía un modelo inequívoco: el padre, la madre de familia numerosa y pobre. Muchos socios de la Obra le han oído que cuando tú, en cualquier circunstancia, vaciles y no tengas con quién consultar, no olvides el criterio claro que os he dado: nosotros somos padres de familia numerosa y pobre. Verás como aciertas.
Así concebido, el amor a la sobriedad se fundamenta y deriva de la vibración interior. No es regla, ni economía, ni espíritu cicatero. Por eso no cabe separarla –como estamos viendo en la vida de Mons. Escrivá de Balaguer– de la magnanimidad para afrontar sin recursos humanos las empresas apostólicas que Dios pide. La atención a lo pequeño no es empequeñecimiento de miras. Todo lo contrario: manifiesta grandeza de corazón que, en su mucho querer, se fija en lo que al desamorado pasa inadvertido.
Además, a la razón de amor se une un motivo de mentalidad laical. Una persona corriente –eso son los socios y asociadas del Opus Dei–, que vive como los demás y usa los mismos medios que los demás, tiene que excederse, y mucho, para hacer rendir su trabajo, en servicio de todos. Igual en lo grande –contribuir, con los frutos de su trabajo, a remediar la indigencia, poniendo en marcha iniciativas de relieve–, que en lo menudo –saber aprovechar unos restos de comida, o escribir en papel ya impreso por la otra cara–. En este sentido, advertía con humor Mons. Escrivá de Balaguer que, cuando muriera, los socios de la Obra comprobarían que sus papeles únicamente no estaban escritos por el canto. Sin embargo, no enviaba una carta que no estuviera perfectamente presentada, sin un error, sin una errata.
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Acceso directo a los capítulos
Presentación
Capítulo Primero: Una Familia Cristiana
Capítulo Segundo: Vocación al sacerdocio
Capítulo Tercero: La fundación del Opus Dei
Capítulo Cuarto: Tiempo de amigos
Capítulo Quinto: Corazón Universal
Capítulo Sexto: El resello de la filiación divina
Capítulo Séptimo: Las Horas de la Esperanza
Capítulo Octavo: La libertad de los hijos de Dios
Capítulo Noveno: Padre de familia numerosa y pobre
Epílogo
Gracias a la autorización expresa de Ediciones Rialp ha sido posible recoger esta publicación en formato electrónico en la presente página web.
Salvador Bernal, Apuntes sobre la vida del Fundador del Opus Dei, Rialp, Madrid, 1976.
Relación de contenidos
- Personas de las tendencias políticas más diferentes
- El Padre comprendía de sobra todo lo que yo hubiera querido decir
- Los pasos del Opus Dei por todo el mundo
- Vivir vida de fe, de esperanza y de amor
- ¿Sabéis por qué la Obra se ha desarrollado tanto?
- Dificultades económicas
- Privaciones Continuas
- Esos muros parecen de piedra y son de amor
- VillaTevere y el Colegio Romano de la Santa Cruz
- Imitar la vida de Cristo
- La limosna de la viuda pobre
- Medios humanos y sobrenaturales
- Pobre de solemnidad
- Desprendimiento y naturalidad
- Sin la generosidad no hubiera salido adelante el Opus Dei
- Visitas a los pobres
- Suplir la falta de dinero con buen gusto
- Desprendimiento de los bienes materiales
- Pobreza en los inicios: el ejemplo de Valencia
- Pobreza: elegir lo peor para uno mismo
- Consecuencias prácticas del desprendimiento de los bienes materiales
- Una taza de loza desportillada
- Pobreza en detalles concretos
- El desprendimiento que Dios quería para el Opus Dei
- Pobreza y señorío
- El 'limpio resplandor' de un corazón pobre
- El sacrificio de Abel
- Vivir la liturgia
- Para el culto de Dios, todo el lujo, la majestad y la belleza son poco
- Riqueza en el culto: el sacrificio de Abel
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