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Un nuevo estilo de vida

3 de octubre de 2009

Etiquetas: Canonización
Pippo Corigliano, director de la oficina de prensa del Opus Dei en Italia
Pippo Corigliano, director de la oficina de prensa del Opus Dei en Italia
El 6 de octubre de 2009 se celebrará el 7º aniversario de la canonización de san Josemaría.

Giuseppe Corigliano, Pippo Corigliano, como se le conoce en el ambiente periodístico italiano, director de la oficina de prensa del Opus Dei en Italia, vivió como protagonista las jornadas de la canonización de Josemaría Escriva.

Usted participó muy activamente en la preparación de la canonización del fundador del Opus Dei, concretamente en la atención de los medios de comunicación:

¿Qué destacaría de esa experiencia?

Una frase. La de Juan Pablo II después de la santa Misa de acción de gracias del día siguiente: Gracias por lo que hacéis por la Iglesia. El Dulce Cristo en la tierra daba las gracias a san Josemaría, y a nosotros, que habíamos tenido la fortuna de seguirlo. Fue como una caricia del Señor para esta preciosa familia de la Obra.

¿Qué supuso para usted haber colaborado en este acontecimiento?

Al participar en la preparación de un evento, como el de la canonización, se corre el riesgo de no vivirlo con la profundidad que se merece. El esfuerzo en la organización había absorbido toda mi atención hasta el momento de la celebración de la santa Misa. Mientras intentaba concentrarme en la acción de gracias después de la Comunión, Giovanni Minoli, un prestigioso dirigente de la RAI que seguía a mi lado la ceremonia, me dijo en voz baja: ¡Pippo, mira! Alcé la cabeza y vi, desde lo alto del sagrato, la plaza invadida de paraguas blancos que acompañaban al Santísimo Sacramento para la Comunión. Era un espectáculo nunca visto, que inspiraba una profunda devoción. Me pareció que el amor de san Josemaría a la Eucaristía y el fuerte sufrimiento en sus últimos años de vida por la falta de fe y de respeto a este Sacramento, se estaban manifestando en aquella escena. Fue un signo de la Providencia que premiaba la fidelidad de san Josemaría a la Iglesia. Es este mi recuerdo más emotivo.

En la Plaza de San Pedro, en el momento de la Comunión
En la Plaza de San Pedro, en el momento de la Comunión

¿Cuál fue el eco internacional de la opinión pública acerca de la canonización del fundador del Opus Dei? ¿Cómo resumiría la reacción que tuvieron los medios de comunicación antes, durante y después del evento?

Es bien sabido que los medios de comunicación no siempre consiguen entender la sencillez evangélica del espíritu de la Obra. Con frecuencia prevalecen interpretaciones políticas en clave de poder. Pues bien, aquel día, de forma inesperada y en todo el mundo, todos guardaron silencio y transmitieron la crónica de la canonización con mucho respeto. La televisión italiana siguió el evento de la canonización con un director magistral y dió un espléndido espectáculo de fe. En concreto, el comentario de Vittorio Messori que destacó el absoluto silencio durante el momento de la Consagración y, luego hizo hincapié en el orden en que se desarrolló la celebración y la limpieza con la que se dejó la Plaza de San Pedro al terminar la ceremonia.

6 de octubre de 2002, día de la canonización de Josemaría Escrivá
6 de octubre de 2002, día de la canonización de Josemaría Escrivá
¿Qué titulares le alegraron? ¿Hubo noticias en torno al evento que le disgustaron?

Me gustó el título del Corriere della Sera: “Fiesta de Escrivá, santo de los jóvenes y de la clase media”; tanto que escogimos ese artículo como esqueleto de un elegante comunicado de prensa que hicimos inmediatamente después. La República publicó un artículo donde una periodista ironizaba sobre la cantidad de madres, “elegantes y con collar”, rodeadas de muchos hijos, que iban a confesarse. Hice notar al director del periódico que el tono estaba fuera de lugar. Al día siguiente publicó dos entrevistas muy buenas a políticos italianos que habían participado en la ceremonia.

Usted tuvo oportunidad de conocer personalmente a san Josemaría, ¿qué le llamó la atención? ¿Puede decir que dejó algún rastro en su vida?

Lo conocí en 1961 y lo vi la última vez el 31 de marzo de 1975. En aquella ocasión me dijo una frase que es como un resumen de lo que aprendí de él: “Lo peor que podría pasar en el Opus Dei es que no se notara que nos queremos”. Nuestro Padre me hizo entender que Jesucristo no es un catecismo, es amor hecho vida.

¿Cómo describiría la experiencia de haber conocido a un santo? ¿Se imaginaba que algún día podría verlo en los altares?

Nunca dudé de su santidad. Estaba dispuesto a hacer cualquier cosa por estar el mayor tiempo posible con él; no porque yo sea napolitano, sino porque estaba convencido de que era un santo, y que perder la oportunidad de escucharle y verle, sería una lástima. Verlo en los altares me parece lo justo; quisiera verlo más en mi corazón. Cuando veo alguna película suya, me siento movido a decir: “Pippo, debes recomenzar de nuevo”.

Según usted, ¿cuál es la aportación más significativa del fundador del Opus Dei a la vida de la Iglesia y al mundo en general?

En primer lugar, una renovación de la santidad de la Iglesia entera: un nuevo soplo del Espíritu Santo. Después, el encuadre originario y adecuado del papel del laico, indispensable en este momento de la historia de la Iglesia. Por último, haber recordado que vivir la fe es estar en familia con Dios Padre, Dios Hijo y Dios Espíritu Santo, en familia con María y José, y en familia con Jesús y los Apóstoles. La Iglesia es familia; la familia de Dios no es un convento ni un cuartel, ni un monasterio o un colegio. He hecho un escueto resumen. Se podrían escribir bibliotecas enteras sobre el tema y, de hecho, se están escribiendo.

¿Y con respecto a la función periodística o de los medios de comunicación en la sociedad?

Creo que en esto debemos mejorar. Nuestro Padre ha sido -se podría decir- un gran evento cultural. Un nuevo estilo de vida. Nosotros, los fieles de la Obra, hemos de comprenderlo cada vez mejor. Profesionalidad en los medios de comunicación no es sólo cuestión de técnica, significa ser cultos, conocer todo sobre el hombre, su intimidad, sus aspiraciones. Tener experiencia de la vida y conocimiento de la literatura, la historia, la filosofía de que la humanidad ha producido. Profesionalidad no es sólo ser especialistas sino ser personas completas.