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San Josemaría en Perú: hablemos de liberación

Etiquetas: Sacerdotes diocesanos, Perú, Josemaría Escrivá
El 9 de julio de 1974, san Josemaría llegó a Lima. Se cumplían, exactamente, veintiún años desde que, el 9 de julio de 1953, se comenzó la labor del Opus Dei en el Perú. El Padre, al igual que en los países visitados anteriormente, se alojó en la sede de la Comisión Regional, en “Los Andes”. No se concedió reposo. Nada más llegar tuvo la primera tertulia; y desde ese momento se aplicó a seguir puntualmente el programa señalado.

Durante una reunión con personas de la Universidad de Piura. San Josemaría enseña su rosario y anima a recitarlo con cariño
Durante una reunión con personas de la Universidad de Piura. San Josemaría enseña su rosario y anima a recitarlo con cariño
Con los sacerdotes de Yauyos
Especialmente emotiva fue la reunión en el Centro Cultural Tradiciones, el viernes 12 de julio. Todos los que allí se encontraban eran hijos suyos y, entre ellos, un buen grupo de sacerdotes de la Prelatura de Yauyos. Al entrar en la sala y verlos, exclamó: Yo no digo una palabra, si antes no me dan la bendición estos hijos míos sacerdotes. ¡Tengo hambre de vuestras bendiciones!
Yo no digo una palabra, si antes no me dan la bendición estos hijos míos sacerdotes. ¡Tengo hambre de vuestras bendiciones! Más de cincuenta sacerdotes le rodearon para impartirle su bendición, repitiendo las invocaciones a una sola voz.

Más de cincuenta sacerdotes le rodearon para impartirle su bendición, repitiendo las invocaciones a una sola voz. Y luego, de rodillas, fue besando, uno a uno, las manos de aquellos sacerdotes. Cuando don Javier le indicó que el acto iba a resultar un poco largo, el Padre, dispuesto a seguir hasta el fin, le contestó: "Pues tardo lo que sea, pero les beso las manos a todos, como he hecho siempre..." El Padre seguía besando manos y diciendo palabras de cariño a cada sacerdote. Al cabo de un rato, que se había hecho una eternidad, comentó antes de empezar la tertulia:
"No es una comedia. Estoy orgulloso de vosotros y me da mucha alegría besaros las manos. No lo hago sólo aquí; lo he hecho toda la vida... De modo que es una costumbre de familia. Sois muy buenos conmigo..."

Trabajo a la perfección y no “a la criolla”
El sábado 13 de julio fue jornada de gran actividad para el Padre. A las nueve y media de la mañana fue a visitar al Cardenal-Arzobispo de Lima; y de allí a San Vicente de Cañete, que estaba de fiesta, porque a mediodía tendría lugar una tertulia con el Padre en “Valle Grande”. Acudieron gentes de Lima y de las aldeas del contorno. Algunos se pusieron en camino antes del amanecer. En la sala, donde se apretaba más de medio millar de personas, se veían caras indias, mulatas, chinas; comerciantes, campesinos, empleados, profesores, camioneros...; y las mujeres que recibían enseñanza en Condoray, labor educativa que llevaban mujeres de la Obra.
Les habló el Padre del trabajo, que debe hacerse a la perfección, para que agrade a Dios, y no “a la criolla” (así dicen los indígenas cuando no se repara bien en las faenas).

Les habló el Padre del trabajo, que debe hacerse a la perfección, para que agrade a Dios, y no “a la criolla” (así dicen los indígenas cuando no se repara bien en las faenas). Les predicó sobre las prácticas de piedad y, antes que nada, les invitó a limpiarse por dentro con una buena confesión, abriendo el alma y salir después decididos a dejar el alcohol. La palabra del Padre, que, cuando era necesario, les pedía a gritos que mudasen de vida, distendía en veladas emociones los rostros impasibles de los indios.

El Padre visitó Condoray y después la Academia San José, donde viven y cursan sus estudios los seminaristas de la Prelatura de Yauyos. A las seis de la tarde estaba de regreso en Lima, pero venía con un resfriado, muy probablemente a causa del brusco cambio de temperatura al salir del salón de actos de “Valle Grande”.

Vestir un traje cada vez más limpio
Una niña tomó la palabra, durante una reunión con mujeres del Perú
Una niña tomó la palabra, durante una reunión con mujeres del Perú
Al día siguiente se celebró la primera tertulia general en el jardín de Miralba, un Centro del Opus Dei. Era una mañana de domingo fría y gris, pero acudieron unas mil quinientas personas. Había familias enteras, con los abuelos y los nietos. El Padre empezó excusándose, porque su voz no estaba a la altura de las circunstancias:
"No sé si me podréis escuchar bien, porque tengo un catarro regular. Esta voz está medio afónica. Pero San Pablo, que no está afónico, ha escrito a los de Éfeso: in novitate vitae ambulemus. Y no sólo a los de Éfeso, sino a todos nosotros, nos dice que hemos de caminar con una nueva vida. Para que no haya duda, escribe a los Romanos: induimini Dominum nostrum Iesum Christum; revestíos de Nuestro Señor Jesucristo.

"La vida del cristiano es esto: vestirse y volverse a vestir un traje y otro, cada vez más limpio, cada vez más bello, cada vez más lleno de virtudes que agraden al Señor, lleno de vencimientos, de pequeños sacrificios, de amor. La vida del cristiano está hecha de renuncias y de afirmaciones. La vida del cristiano es comenzar y recomenzar."

Por la tarde, para que se distrajera, le sugirieron dar un paseo por Lima. Visitó la iglesia de San Francisco y la catedral. Pero volvió a casa muy cansado. Esa noche durmió mal. Por la mañana celebró misa y desayunó. A eso de las diez vino a verle el doctor Zavala, especialista en aparato respiratorio, que diagnosticó un proceso broncopulmonar en gestación. De manera que se suspendieron las tertulias señaladas para ese día.

¿Liberación? Llevar con alegría el dolor
Por indicación del médico hubo de guardar cama el resto de la semana. Le llegaban regalos: flores, dulces, cartas, con el afecto y las oraciones de todos sus hijos, para que se restableciera. En el diario de su estancia en Lima, en la entrada correspondiente al sábado, 20 de julio, se lee: «Hoy ha vuelto a levantarse un tiempo corto, pero por prescripción médica no ha celebrado la Santa Misa, todavía. Es un ejemplo para todos ver el dolor del Padre por no poder celebrar, pero como pone tanto esfuerzo, el cansancio de la Santa Misa no le iría bien y podría retrasar su recuperación».
Liberación es... ¡llevar con alegría la pobreza!, ¡llevar con alegría el dolor!, ¡llevar con alegría la enfermedad!, ¡llevar con una sonrisa el ahogo de la tos!

El domingo celebró misa en su despacho y, después de comer, estuvo de tertulia con algunos directores de la Comisión Regional y con Mons. Ignacio Orbegozo, que les entretuvo contando un montón de anécdotas de los comienzos en Yauyos y de sus andanzas por la sierra. Tres días más necesitó el Padre para reponerse, por lo que hubo que reajustar el programa para que todos pudieran escucharle. Porque no sólo el Padre había caído enfermo. La epidemia de gripe que azotó entonces a Lima había obligado a la mitad de la población a meterse en la cama. El día 24 tuvo una tertulia con hijas suyas, continuando hasta final de julio con un programa un tanto reducido. En realidad no se había repuesto del todo y el hablar en público le suponía un esfuerzo grande.

El 29, en el jardín de Larboleda, la casa de retiros en Chosica, cerca de Lima, había más de tres mil personas en el jardín, reunidas con el Padre. Se acercaba su partida y, por algún comentario hecho durante la tertulia, se adivinaba que aún no había superado la enfermedad. Sin hacer aspavientos ni dárselas de mártir, explicaba a toda aquella muchedumbre que el mundo sin el dolor sería una pena, sería como un cuadro sin sombras, que no es un cuadro; y que el dolor, llevado por Amor, es algo muy sabroso, estupendo: De modo que querer librarse del dolor, de la pobreza, de la miseria, es estupendo; pero eso no es liberación. Liberación es lo otro. Liberación es... ¡llevar con alegría la pobreza!, ¡llevar con alegría el dolor!, ¡llevar con alegría la enfermedad!, ¡llevar con una sonrisa el ahogo de la tos!

El 1 de agosto dejó el Perú. En Ecuador le esperaban impacientes, con el deseo de que se restableciera cuanto antes de su enfermedad.

Fuente: Vázquez de Prada, Andrés, El Fundador del Opus Dei (III), pp. 433 y ss .


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