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Mons. Josemaría Escrivá de Balaguer

Como los primeros Cristianos

Etiquetas: Primeros cristianos, Sociedad, Mentalidad laical
Mons. Escrivá de Balaguer ha enseñado siempre que los laicos han de seguir el ejemplo de los primeros cristianos: en aquella época los fieles se esforzaban por vivir el Evangelio quedándose en el mundo, y participando plenamente en todas las actividades honestas de la sociedad. Y así como los primeros cristianos –hombres y mujeres, jóvenes y viejos, patricios, plebeyos y esclavos– se santificaron en su vida cotidiana y convirtieron el mundo pagano, igualmente los cristianos de hoy, si no tienen una vocación al estado religioso, están llamados a santificar el mundo desde dentro.

¿Tendré que volver a afirmar –aseguraba en 1967– que los hombres y las mujeres, que quieren servir a Jesucristo en la Obra de Dios, son sencillamente ciudadanos iguales a los demás, que se esfuerzan por vivir con seria responsabilidad –hasta las últimas conclusiones– su vocación cristiana? Nada distingue a mis hijos de sus conciudadanos.

No escapaban a Mons. Escrivá de Balaguer las consecuencias prácticas de una espiritualidad verdaderamente laical:
Son muchos los aspectos del ambiente secular, en el que os movéis, que se iluminan a partir de estas verdades. Pensad, por ejemplo, en vuestra actuación como ciudadanos en la vida civil. Un hombre sabedor de que el mundo –y no sólo el templo– es el lugar de su encuentro con Cristo, ama ese mundo, procura adquirir una buena preparación intelectual y profesional, va formando –con plena libertad– sus propios criterios sobre los problemas del medio en que se desenvuelve; y toma, en consecuencia, sus propias decisiones que, por ser decisiones de un cristiano, proceden además de una reflexión personal, que intenta humildemente captar la voluntad de Dios en esos detalles pequeños y grandes de la vida.

Y he aquí, en este punto, su acusada aversión a todo tipo de clericalismo: Pero a ese cristiano jamás se le ocurre creer o decir que él baja del templo al mundo para representar a la Iglesia, y que sus soluciones son las soluciones católicas a aquellos problemas. ¡Esto no puede ser, hijos míos! Esto seria clericalismo, catolicismo oficial o como queráis llamarlo. En cualquier caso, es hacer violencia a la naturaleza de las cosas.


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Acceso directo a los capítulos
Presentación
Capítulo Primero: Una Familia Cristiana
Capítulo Segundo: Vocación al sacerdocio
Capítulo Tercero: La fundación del Opus Dei
Capítulo Cuarto: Tiempo de amigos
Capítulo Quinto: Corazón Universal
Capítulo Sexto: El resello de la filiación divina
Capítulo Séptimo: Las Horas de la Esperanza
Capítulo Octavo: La libertad de los hijos de Dios
Capítulo Noveno: Padre de familia numerosa y pobre
Epílogo


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