Libros
Mons. Josemaría Escrivá de Balaguer

Nunca pensé ser cura

Etiquetas: Generosidad, Huellas en la nieve, Sacerdocio, Vocación
El 1 de julio de 1974, en Santiago de Chile, el Fundador del Opus Dei alentaba a un grupo numeroso de personas a luchar por Jesucristo y a llevar a Dios muchas almas. Y, para que supieran vencer posibles cobardías, o falsos respetos a la libertad ajena, concluía: A mí, Jesucristo no me pidió permiso para meterse en mi vida. Si a mí me dicen, en ciertos tiempos, que iba a ser cura... ¡Y aquí estoy!

Muchas veces reiteró esta idea: Nunca pensé en dedicarme a Dios. No se me había presentado el problema, porque pensaba que eso no era para mí. Pero el Señor iba preparando las cesas, me iba dando una gracia tras otra, pasando por alto mis defectos, mis errores de niño y mis errores de adolescente...

Un día de fuerte helada, en pleno invierno de Logroño, Josemaría –aún adolescente– vio las huellas de los pies descalzos de un Carmelita sobre la nieve. Estas huellas removieron su corazón, que se encendió en deseos de un amor grande. Ante el sacrificio, por amor de Dios, de aquel fraile, Josemaría se preguntaba qué hacía él por su Dios.

Sintió Josemaría estos barruntos del Amor cuando tenía quince o dieciséis años. A la vez, se daba perfectamente cuenta de que el Señor quería algo de él, pero no sabía qué era. En aquellos días de invierno, en los primeros meses de 1918, fui a charlar en varias ocasiones con el P. José Miguel, uno de los frailes que vivían al lado del Convento de las Carmelitas descalza, y atendían su iglesia.

Después, Josemaría pensó ser sacerdote. Por qué me hice sacerdote?, se preguntaría años más tarde: Porque creí que así sería más fácil cumplir una voluntad de Dios, que no conocía. Desde unos ocho años antes de mi ordenación la barruntaba, pero no sabía qué era, y no lo supe hasta 1928. Por eso me hice sacerdote.

Fue constante desde entonces su oración por aquello que aún ignoraba. En su alma cuajaría con los años un clamor hecho de jaculatorias: Domine, ut sit! Domina, ut sit! (Señor, Señora, ¡que sea!). Y exclamaría, como cantando, aquellas palabras del Señor: Ignem veni mittere in terram, et quid volo nisi ut accendatur? (“Fuego he venido a traer a la tierra, ¿y qué quiero sino que se encienda?”). La respuesta se imponía inequívoca: Ecce ego, quia vocasti me! (“Aquí estoy, porque me has llamado”).


←página anterior == página siguiente →


Acceso directo a los capítulos
Presentación
Capítulo Primero: Una Familia Cristiana
Capítulo Segundo: Vocación al sacerdocio
Capítulo Tercero: La fundación del Opus Dei
Capítulo Cuarto: Tiempo de amigos
Capítulo Quinto: Corazón Universal
Capítulo Sexto: El resello de la filiación divina
Capítulo Séptimo: Las Horas de la Esperanza
Capítulo Octavo: La libertad de los hijos de Dios
Capítulo Noveno: Padre de familia numerosa y pobre
Epílogo


Gracias a la autorización expresa de Ediciones Rialp ha sido posible recoger esta publicación en formato electrónico en la presente página web.

Documentos relacionados

Vídeo

La historia de la vocación de Joseph Ratzinger: 60 aniversario de su ordenación sacerdotal

Romereports.com. En su autobiografía, el entonces cardenal Ratzinger dice que el momento más importante de su vida fue su ordenación sacerdotal. Fue el 29 de junio de 1951.

Vídeo

Huellas en la nieve

Un día de invierno, Josemaría salió temprano y vió unas huellas en la nieve: eran de un fraile que caminaba descalzo, para ofrecer al Señor un sacrificio.

Documentos

Testimonios