Testimonios

No hay motivo para la tristeza
Pierluigi Bartolomei, profesor y padre, Roma
6 de octubre de 2002
Josemaría Escrivá de Balaguer era un hombre alegre. Para darse cuenta de esto, basta ver las películas de sus encuentros con la gente, durante los que siempre estaba dispuesto a regalar una sonrisa y una esperanza. Pero, ¿cuál es el secreto de su constante buen humor? Lo desvela Pierluigi Bartolomei, profesor en la Escuela de Formación del Centro Elis de Roma.“El Opus Dei -explica Pierluigi- me ha ayudado a reforzar mi carácter alegre y creativo. Mi punto de partida fue comprender una idea importante que está en la base de las enseñanzas de Josemaría Escrivá de Balaguer: la filiación divina. En el momento en que cada uno comprende que es hijo de Dios, ya no tiene motivo para estar triste”.
- ¿Entonces el cristiano es fundamentalmente un optimista?
“Según mi experiencia personal puedo decir que sí. En mi vida ha habido momentos difíciles, tanto en el ámbito privado como en el profesional. Pero, gracias a la formación recibida en la Obra, y a la conciencia de ser hijo de Dios, he conseguido superar fácilmente la adversidad. El Señor siempre me ha dado toda la ayuda posible y nunca me ha dejado solo.”
- Una buena vida espiritual, ¿ayuda a estar alegre?
“Para responder a esta pregunta es necesario reflexionar sobre porqué nos sentimos a veces tristes. Uno se siente triste cuando está en desacuerdo con un amigo, un pariente, con un colega o con un vecino de casa. Lo mismo sucede con Dios. Si sentimos en nuestra conciencia que hemos hecho alguna cosa mal, perdemos la sonrisa. Interrumpimos la comunicación con el Señor. Hay una especie de black out, de vacío que oscurece nuestros corazones.”
- Y, ¿cómo se hace para volver a encender la luz y recuperar la alegría?
“Afortunadamente existe la Confesión, que nos ayuda a reconciliarnos plenamente con Dios. Josemaría Escrivá de Balaguer era una persona siempre alegre porque creía en esta relación de amistad constante y personal con el Señor. Decía que era un pecador que sabía que podía contar con la misericordia de Dios, Padre de todos los seres humanos. Invitaba siempre a comenzar y recomenzar, sin desanimarse nunca por las caídas. En mi opinión, es una gran enseñanza que nos puede ayudar a no perder el optimismo.”
- ¿Qué era la alegría para Josemaría Escrivá de Balaguer?
“Algo importante para transmitir a los otros. No en balde él animaba siempre a las personas que se encontraba y trataba de comunicar un gran amor por la vida. En la vocación al Opus Dei, que invita a no aislarse del mundo, la alegría desempeña un papel fundamental. Una persona sonriente tiene la posibilidad de acercar más fácilmente las personas a Dios. Es decir, la alegría es también un precioso instrumento de apostolado.”
- Pero, ¿es posible estar siempre alegre, a pesar de las adversidades de la vida?
“Naturalmente no me refiero a la alegría del ignorante. La verdadera alegría no está en la inconsciencia del que ríe siempre. Sabemos bien que la vida, a veces, puede traer momentos de dificultad, de incertidumbre, que nos someten a prueba. Lo que cuenta es mantener una serenidad interior. Una fuerza que, como ya he dicho, nace de la conciencia de la filiación divina – saberse y sentirse hijo de Dios.”
- Usted repite siempre este concepto. Pero, ¿qué significa concretamente ser hijos de Dios?
“Lo explicaré con un ejemplo. A veces, los niños tienen miedo. No conocen completamente la vida y puede ocurrir que estén temerosos ante una novedad o cualquier cosa que no consiguen entender. Cuando mi hija se asusta, la abrazo y le digo: ‘Aquí está papá que te defiende. Nadie podrá hacerte daño”. Así, mi hija se tranquiliza y no tiene miedo de nada. Lo mismo sucede con Dios, que nos acuna entre sus brazos amorosos. Si estamos en paz con Él, no tenemos nada que temer. La alegría está asegurada. Por esta razón Josemaría Escrivá de Balaguer estaba siempre feliz y comunicaba a los demás su alegría interior.”
- Usted ¿intenta transmitir este espíritu también a su familia?
“Es lo que procuro hacer, junto con mi mujer Manuela: transmitir ese espíritu, con un poco de creatividad. Intentamos reservar un espacio de tiempo para divertirnos con nuestros hijos. Por ejemplo, los domingos bailamos todos juntos música sudamericana. Por la tarde, después de comer, nos quedamos en el salón para conversar, jugar y bromear un poco. Esto ayuda a desdramatizar los problemas y las tensiones cotidianas. Si hay dificultades intentamos siempre vivirlas de modo positivo. Otro momento importante es el que llamamos “club de lectura”. Los miércoles por la tarde creamos un rinconcito simpático en casa con bebidas y patatas. Así, con alegría, intentamos estimular la lectura de un buen libro.”
- ¿Véis también la televisión?
“En mi opinión, la televisión si se usa de modo equivocado, no ayuda a mantener la alegría. Antes se hablaba más en familia. Uno se reunía para contar sucesos personales, para aconsejarse y escucharse recíprocamente. Hoy, desgraciadamente, la televisión ocupa a menudo el lugar de la comunicación familiar y mata las conversaciones. Nosotros, con nuestros hijos, tratamos de crear situaciones alternativas a la televisión. Además de las cosas que ya he enumerado, nos gusta mucho el teatro con marionetas. Son los mismos niños los que inventan sus historias para ponerlas en escena. De este modo, la diversión resulta activa y alegre.”
- Entonces, ¿no hace falta mucho para estar alegre?
“Verdaderamente hace falta poquísimo. Con algunos muñecos y un hilo se puede crear un pequeño teatro en casa e inventar infinitas historias. Todo esto está comprendido en el espíritu del Opus Dei y en las enseñanzas de su fundador, que invitaba a santificarse a través de los sucesos de la vida cotidiana. Con mucha sencillez, sin necesidad de hacer cosas extraordinarias. También la alegría se puede encontrar, como intentamos hacer nosotros, en las pequeñas cosas: un libro, una conversación en el salón, una fábula inventada, un baile sudamericano... Es la grandeza de la vida ordinaria que Josemaría Escrivá de Balaguer nos ha ayudado a descubrir.”

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