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Testimonios

Mi pasión por la música y san Josemaría

La música se había convertido en una droga para mí.

Canadá, 21 de marzo de 2011

Etiquetas: Familia y profesión, Orden, Responsabilidad, Visión sobrenatural
Se trata del primer violoncista de la orquesta sinfónica de Kitchener, en Canadá, y su trabajo le apasiona. Podría dedicarle todo su tiempo. El mensaje de san Josémaría le ha hecho descubrir cómo armonizar las distintas facetas de su vida.

Me llamo John, soy violoncelista. Toco el violoncelo desde que tengo once años. Soy primer violoncelista de la orquesta sinfónica de Kitchener-Waterloo. Un amigo músico me habló del Opus Dei. Por aquel entonces yo no era católico. Me había implicado en otras cosas.

Mi amigo me impresionaba en la orquesta. Una vez le escuché tocar el violón para Dios. Es un decir. Después, poco a poco, la música fue siendo menos droga para mí. Los libros, la pintura, la música son magníficos. Pero pueden llegar a constituir un fin en sí y que no vivamos más que para ellos, desbancando otras realidades más importantes. Y yo lo pude evitar cuando intenté ofrecer mi música a Dios.

Por lo demás, me casé y tengo una familia a la que también me dedico. Establecer prioridades le ha dado un giro a mi vida. Si no, me hubiera vuelto loco, totalmente embebido en mi música. Y uno no puede llevarse la música al más allá. Es un medio, un instrumento.

Los músicos tienen fama de excéntricos, sobre todo los compositores. Beethoven, por ejemplo, se deshizo con sus composiciones, llegó incluso a arrancarse los pelos. Sufrió mucho de verdad. Por su parte, a Mozart, parecía que todo le salía como por encanto. Poner por escrito la música y ya. Estupendo. Pero al ver sus vidas: ¡Qué desbarajuste! Mozart intérprete convulsivo y qué más...

De hecho, rebosaban de talento. Eran formidables. Unos maestros…
Tenían un gran don y se dedicaron a que diera fruto. Hicieron de todo. Pero yo siempre he pensado que eso no es lo que tiene que ser. La música no tiene por qué ser conflictiva con el resto.
Sujetarme a un plan regular para vivir mi fe durante el día me ayuda a poner siempre la música en su sitio. La música es algo maravilloso.