PortadaDocumentaciónHomilías sobre el fundador del Opus DeiMons. Isaías Duarte, arzobispo de Cali (Colombia). 9 de enero de 2002


Documentación
Homilías
Mons. Isaías Duarte, arzobispo de Cali (Colombia). 9 de enero de 2002
Mons. Isaías Duarte

¿Quién era Josemaría Escrivá de Balaguer? ¿Cuáles fueron los rasgos más sobresalientes de su personalidad? Su más cercano y fiel colaborador, Mons. Álvaro del Portillo, afirmaba que habían sido dos las profundas convicciones que encuadraban la personalidad humana y sobrenatural del Beato Josemaría Escrivá de Balaguer: una renovada y verdadera humildad —la conciencia plena de que todo don viene de Dios— y, al mismo tiempo, una clara noticia de su vocación, de su llamada divina, que —comenzando a insinuarse en su alma a los quince o dieciséis años— se la hace patente el 2 de octubre de 1928, tras muchos años de responder al Señor: ecce ego quia vocasti me: aquí me tienes porque me has llamado. Fueron esta fe y esta humildad las que lo dispusieron para que Dios le llenara de abundantes gracias espirituales y le confiara llevar a cabo una misión específica en la Iglesia: el Opus Dei. Toda su vida trabajó con la convicción de ser sólo un instrumento en las manos de Dios —inepto y sordo, decía, en su humildad—, que se empeñaba por "seguir en todo las mociones divinas, movido por el amor a Dios y por una confianza filial". El alcance de su figura se entiende desde esa confesión de sus deseos sinceros de poder ser llamado simplemente "el que ama la voluntad de Dios"; así, como si fuera su nombre propio.
Un hombre de cualidades excepcionales, que habría podido desarrollar su vida de acuerdo a lo que los cánones humanos consideran exitoso (fortuna, realización profesional, ... puestos, cargos —también en la vida de la Iglesia—), pero se decidió por la Voluntad divina. Nos muestra con su ejemplo cómo ha de proceder un cristiano: buscar siempre y en todo lo que Dios quiere de él en su vida, en cada tarea que emprenda, estando convencido de que lo verdaderamente importante es que se haga el querer de Dios; Sus planes, no nuestros planes, que muchas veces van detrás de objetivos sólo terrenos. Cuando un hombre, una mujer plantea su vida sólo o fundamentalmente de cara a la consecución de una realización profesional y de un bienestar material acaba por tener una visión materialista de la realidad, que le lleva a dejar a un lado su fe y las exigencias morales que ésta comporta tanto en el ámbito personal como familiar, profesional y social.
Dios en su providencia dispone su gracia para cada uno. Que este centenario marque el despertar de muchos para que se sacudan el letargo de una vida cristiana mediocre y escuchen el llamado que el Señor nos hace a todos en la Iglesia a través de Pedro en este nuevo milenio: Duc in altum, mar adentro; echen las redes para pescar.
Recordemos a todos que nuestro país, tiene necesidad de hombres y mujeres santos, que sean capaces de trabajar en la defensa y promoción de la vida y de los valores cristianos, en el fortalecimiento de la familia, y en la búsqueda de la paz, la justicia, la solidaridad y los derechos humanos. Pienso que este día tan especial tiene que estar signado de una manera muy particular por el centenario que estamos viviendo, para nosotros los colombianos que miramos con incertidumbre el futuro. Nos acompaña la alegría de celebrar en este día el centenario del beato Josemaría y esto es un signo de consuelo y de fortaleza frente al futuro que nos espera. Hagamos eco a aquel punto de Camino: "Un secreto. —Un secreto a voces: estas crisis mundiales son crisis de santos. Dios quiere un puñado de hombres 'suyos' en cada actividad humana. —Después... pax Christi in regno Christi —la paz de Cristo en el reino de Cristo". Sí queridos hermanos, Colombia le dio la espalda a Dios y llega el momento de volver al Señor para que encontremos nuevamente el camino de la paz, de la justicia y del amor.
Quiénes pertenecen a la Prelatura y los que participan de los apostolados que la Prelatura realiza están llamados a responder con especial generosidad, trabajando para que "el anuncio de Cristo llegue a las personas, modele las comunidades e incida profundamente mediante el testimonio de los valores evangélicos en la sociedad y en la cultura" (Novo millennio ineunte).
Que la Santísima Virgen María, a quien el Beato señaló siempre como el camino más seguro —el 'atajo'— para ir a Jesús, interceda por todos para que sepamos recorrer el camino de la vida con afán de santidad, buscando a Cristo en medio del trabajo y de las circunstancias de la vida ordinaria.
La homilía fue pronunciada el 9 de enero de 2002. Pocos meses depués, el 17 de marzo de 2002, Monseñor Duarte fue asesinado por dos hombres armados que le dispararon cuando salía de una ceremonia religiosa en la Ciudad de Cali (www.isaiasduarte.org).
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